lunes, 3 de julio de 2017

Espejismos, belleza, naturaleza, verdad, cua cuas...


Aún quedan rincones por descubrir y vivir, y quizá, sólo quizá, sólo por eso, vale la pena vivir. Mis mejores amistades insisten en decirme; haz fotos, escribe, publica... ¿Dónde? Internet, las venenosas redes virtuales que tanto detesto porque nos alejan de la realidad natural... la de los cua cuas...

La belleza de la naturaleza... Sí, aún quedan rincones por vivir y descubrir, los humanos, como los animales, venimos y nos vamos, pero la belleza de la naturaleza, la vida en este planeta, sigue ahí, y no nos damos cuenta, con las malditas tecnologías nos vamos alejando de la belleza natural, del silencio universal... la luz, los colores... Me saltaban lágrimas de emoción al ver hoy a estas preciosas criaturas, a mis cua cuas, como les llamaba de niña. Sí, aún existen, aún están ahí, viven y sobreviven día a día como yo, como la humanidad, como el reino animal, flora y fauna, símbolos que representan el misterio y belleza en este planeta llamado Tierra, que, insisto, deberíamos recuperar y llamar planeta Agua, como en la antigüedad.

Y ese amor, esa comunicación, ese acercamiento simple y natural, sensible y armónico, rítmico, mis cua cuas mirándose y acercándoese entre luces y sombras, sístole diástole, como el latido universal. Y éstas criaturas enamoradas me han enamorado mirándolas en su baile sobre el agua.

Y mientras las contemplaba veo esa silueta en el agua con un timonero precioso de pico rojo que venía corriendo al ver que estábamos de fiesta, bailando, cantando y haciendo fotos, y ha querido unirse a nosotros/as... ¿Quiénes éramos? Criaturas terrenales y celestes, que de pronto se encontraban en un día de julio bajo un precioso e inmenso cielo azul y unas aguas a trozos limpias y transparentes donde sobrevolaban libélulas rojas...


y azules... Y nosotras, dos mujeres enamoradas del día, de lo que veíamos, respirábamos, nos sorprendía y sonreíamos, incluso con nuestras sombras.


Cuando el universo es uno y un todo... y nos perdemos, y sólo podemos enamorarnos ante sus regalos... Qué belleza, qué belleza nos regala la naturaleza... ¿Cómo podemos perdernos? Mis cua cuas, desde niña que están ahí, aquí, y me hacen sonreír y sentir viva, como ellos, y ¿somos otros o somos los mismos? Somos células transmutables. Somos siempre belleza, la vida es belleza.


Espejismos, colores, luces, sombras..


Esta es mi red real y virtual, la belleza irisada entre luces y sombras, la amistad, la palmera, el cielo azul y la verde selva... ese aire puro y universal, ese que te dice que sigues viva, y que, vayas hacia donde vayas, siempre te lo llevarás, siempre irá contigo, siempre irás con ella. Es la única verdad... Y mis cua cuas.

Texto y fotos

© EVA HUARTE 2017

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