miércoles, 26 de octubre de 2016

La larga agonía de los peces fuera del agua...


Cuando veo esto, que suele ser cada año en estas fechas, mi cerebro repite automáticamente la frase del título de una antigua película: "La larga agonía de los peces fuera del agua". Son los tres últimos días y noches de Luna menguante, el domingo, por fortuna, será nueva Luna y el tiempo cambiará, la mar, las personas cambiarán, todos los líquidos y formas que mueve y remueve la Luna, maestra del planeta casi en clandestinidad, y sólo nos acordamos de Ella cuando luce sus mejores vestimentas.


Los pescadores de caña que había en la playa no sabían seguro si eran boquerones, unos llegaban sin vida, formando una preciosa estela diagonal en la orilla como una estela de plata o estrellas caídas de noche cuando nadie las miraba, y cuando las olas acariciaban la arena, dejaban como un regalo un rastro de pececillos que aún coleaban en la orilla, intentando agarrarse a la vida... A una vida ya casi desconocida, a un viejo mundo pensando si ya iban a otro mundo... Esos largos instantes entre muerte y vida.


 He entristecido como cuando era niña paseando por la playa de otoño... Soy tan niña que me ponía en su lugar, para que ningún pececillo se sintiera solo, que supieran que estaban en vida, que todo es vida, que no existe esa "larga agonía..."


He sentido lo mismo que sentía en mi infancia también hablando con pescadores de barca o caña, de los que tanto aprendí sin saber ellos ni leer ni escribir, por mucho que digan que la lectura te hace sabia. No sabemos nada, no sabía nada... sólo de poemas de Luna mar y playa, de peces pescados mar adentro en alta mar en verano, y estos pececillos que aparecen así en la orilla formando esa bella línea plateada, como el Sol chispeando de diamantes la mar, como esas lágrimas que estaban a punto de saltar y reprimía porque ya soy mayor, me decía, he de ser fuerte, no puedo seguir siendo niña...


 Y he seguido caminando recordando esa infancia, esos otoños infantiles, esa escena en que encontré, cara a cara, al poeta y cantante Joan Manuel Serrat cuando rodaba en la Plaça del Rei, en el Barri Gòtic de Barcelona, algunas escenas de la película "La larga agonía de los peces fuera del agua", basada en la novela "Vent de grop" de una magnífica mujer y escritora, música, que formó la primera orquesta femenina de jazz , ganándose la vida actuando en pequeños locales nocturnos de Girona y Suiza. Ella es mi admirada Aurora Bertrana, autora de magníficos libros, que surcó los mares hasta Tahití inspirada tras la lectura de la novela de Pierre Loti "Le mariage de Loti", en tiempos de marginación social e intelectual a las mujeres a principios del pasado siglo, rompiendo normas, siendo valiente, siguiendo su espíritu y su corazón, la llamada de su alma. 

Aún guardo la libreta que entregué a Joan Manuel Serrat donde dibujé una rosa y él firmó. Sí, aún guardo aquella libreta y aquel poema, aquella rosa, aquella firma del cantante poeta... mientras rodaba escenas de La larga agonía de los peces fuera del agua... Y nosotros seguimos vivos, contemplando agonías y escuchando músicas y alegrías. Esa mezcla que siempre nos hace ver la vida reluciendo en la orilla.

(Texto y fotos Eva Huarte)