lunes, 5 de septiembre de 2016

September morn


September morn... Como la canción. Quizá mañana, pasado, sea el septiembre de siempre, callado, resacoso de agosto, preparando libretas para la escuela, atardeceres con rebeca hitchckoniana o sencillita de lana o algodón. Ni los veranos son mis antiguos veranos ni los septiembres son mis antiguos septiembres. Pero a todos los adoro. Afortunadamente los años te dan una nueva y privilegiada visión. Hoy tenía que decidir entre dos vías y ninguna me gustaba ni veía buena. Antes de seguir adelante, he subido a mi colina preferida para respirar los pinos y el mar, mirar el verde y azul... Eso es la verdad, nunca te engañarán, nunca te decepcionarán. Y no he tomado ningún camino. Ahí me he quedado, respirando los pinos mediterráneos, el azul mediterráneo, y esos cactus disecados, sin agua, esos pinos grises como salvados de un incendio. Esa tristeza interior me ha dado fuerza sintiendo que sigo viva, que aún puedo contemplar lo que me rodea, arriba y abajo, espléndido o putrefacto... La naturaleza se muere como yo. El planeta utiliza a los seres humanos para construir y destruir. Y somos tan patéticamente vanidosos que creemos que somos nosotros. Ahí me he quedado, con esa natural lección de humildad. No hace falta sufrir ni luchar por elegir ningún camino, a veces sólo tienes que sentarte y mirar los pinos y el mar, siendo uno, una más.


El mirador de enamorados y visionarios cubierta por bolsas de papel y plástico... No saben llevarse su basura a casa, dejan sus huellas para sentirse enamorados o iluminados. Sólo es mala educación.



En primavera, una amiga, me hizo aquí una fotografía, con este mismo cactus regordete y floreciente, que, por cierto, me pinchó, o me pinché. Ahora es un cactus patético, viejo, arrugado y seco.. como todos en la colina. 


No llueve, falta aire, agua... ¿Qué estamos haciendo? El planeta utiliza a los pobres humanos para construir y destruir. Al planeta le falta aire, agua, como a sus habitantes... Nos falta amor. ¿Estamos realmente como vaticinaron tantos filósofos y poetas al final de una civilización? Han desaparecido tanta civilizaciones, vaticinios, iluminaciones...

Y tampoco pasa nada. Somos células transmutables. La naturaleza tiene la última palabra.




© EVA HUARTE 2016
  Texto y fotos

2 comentarios:

  1. Querida Eva. Vivo ahora en Santiago de Chile y veo las estrellas en la noche y me acuerdo de ti. Que seguro sabrías sus nombres.abrazo

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    1. Me alegra mucho lo que dices, Hortensia, aunque ya sabes que sólo conozco algunos nombres de estrellas. Gracias por tu comentario. Un abrazo.

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