domingo, 25 de septiembre de 2016

Libertad al final del verano


Esperábamos esas tormentas de verano que ya casi no existen como casi no existen los equinocios, pasamos del frío al calor y del calor al frío sin usar apenas aquellos trajes chaqueta, aquellas rebecas, aquellos modelitos femeninos de entre tiempo que tanto nos gustaban a las mujeres de otras épocas. Otras épocas, distintas a la de ahora, donde el calentamiento global parece mantener los termómetros unos grados más, sea el tiempo que sea. Las máquinas no se desconectan y hacen que se mantengan las temperaturas atmosféricas más altas. Creo que hemos creado una capa alrededor del planeta que no deja pasar los rayos del Sol como antes, más limpios, que no deja pasar las lluvias como antes, más limpias, que no deja pasar nada. Quedándonos así más aislados del espacio interestelar, más encarcelados en nosotros mismos, en esa cárcel planetaria que nosotros mismos hemos creado.


Sucedió la pasada noche del 23 al 24 de este mes de septiembre de 2016, inaugurando las fiestas de la patrona de Barcelona, una de sus patronas, La Mare de Déu de la Mercè, patrona de los prisioneros, por lo que, antiguamente, ese día de su festividad se tenía por costumbre liberar a un preso. Ahora, en cambio, no se libera a nadie, al contrario, creo que todos somos prisioneros incluso en la fiesta de la santa patrona de la libertad. Sucedió que el cielo estalló en rayos, truenos y relámpagos. ¡Al fin la libertad! Y salí a la terraza con esa añorada y agradable sensación de libertad y liberación para fotografiar el cielo estallando y descargando lo que no puede cargar más. Como al final de cada verano.


Y sucedió a la mañana siguiente, ayer sábado 24 de septiembre, fui a la playa abrigada, el día estaba nublado, la arena húmeda y el viento de Poniente soplaba fuerte. Las gaviotas recuperaban la confianza en la playa casi desierta y algunas se balanceaban entre las olas limpias y onduladas suavemente. Lo primero que vi fue esta imagen de un hombre de piel oscura en contraste con algunos rayos de Sol que se filtraban entre las nubes cayendo como una lluvia de diamantes sobre el mar.


Me hizo pensar en muchas cosas, me hizo imaginar muchas cosas, muchas vidas, muchas batallas, pensé en la libertad y en la esclavitud, en la cárcel que encontramos y en la que nosotros mismos nos creamos.  Pensé de nuevo en la libertad, en la antigua tradición de liberar a un prisionero... ¿Sería él?


Me hizo pensar en su historia y libertad, si habría llegado en barco, si habría perdido otro barco, si quería estar en una playa tranquila y medio desierta al final del verano, mientras en la ciudad celebraban las fiestas de la patrona de los prisioneros, unos alzaban en un pedestal a un pregonero y otros añoraban la alegría que no daba el pregonero oficial hablando con voz baja y añoranza de sus tiempos de infancia y juventud, acomodados en universidades y tebeos entre dos aguas contaminadas, la pobreza y la riqueza, la lucha y la derrota, la fiesta y la tristeza. La falsa pobreza entra por la falsa puerta de la riqueza y piden unidad, como si se pudiera juntar la alegría y la tristeza que no entra ni compensa en una botella de cerveza. Pero está de moda ser rico y poderoso y seguir hablando de tristeza y pobreza, es otro AS en la manga del sistema, los pobres al poder, así todos callan y se acercan más sin dejar de criticar el lugar donde estuvieron y están. ¿Quería ese hombre esa playa?


¿Quería ese hombre aquel barquito? ¿Quería este destino? ¿Era este su destino o sólo es un camino?


Al otro lado de la playa, en el lado Este, a la izquierda, los turistas de siempre en septiembre, parejas de ingleses acompañados con sus sillas plegables para sentarse, respirar y mirar el mar, como el título de la canción de la película Del rosa al amarillo, dos historias, la rosa, una pareja enamorada, un niño y una niña que al final le da calabaza al niño por encontrar a un chico más mayor en su verano. Y el amarillo, una pareja de ancianos en un asilo, un hombre anciano con barba blanca que mira y escribe notas a una anciana platónicamente enamorada. El rosa tiene un ambiente alegre de infancia y juventud, pero un final triste. El amarillo tiene un ambiente lúgubre pero un final feliz, siguiendo enamorados platónicamente escribiendo sus versos en papeles arrugados pasados clandestinamente. Es esa segunda o tercera juventud, esa tercera edad que he visto disfrutar año tras año, septiembre tras septiembre, desde mi infancia en la playa. Esas parejas de ingleses que aparecen en las playas casi desiertas al final del verano, como las tormentas que estallan, buscando tras la tormenta la calma .


Y esta sigue siendo mi liberación, vivir junto al mar, mirar la naturaleza y el mar, donde de niña soñé que de mayor iría con mi pareja a la playa casi desierta. Y casi se ha cumplido lo que imaginaba, vivo y contemplo el paisaje marinero, aunque sola, solitaria, encontrando la alegría en las olas que me mecen como a las gaviotas, sintiendo esa libertad al final del verano, donde todo ruge y todo calla. Donde sigo sintiendo y viviendo los mensajes cifrados o descarados de cielo tierra y mar, donde sigo encontrando la libertad natural, deseando que todos nos liberemos de nuestra propia cárcel, como las tormentas al final del verano.

Texto y fotos

© EVA HUARTE 2016

4 comentarios:



  1. Libertad, palabra que por sí sola llena el alma y la eleva. Preciosa alegoría al mar, a la libertad y al sufrimiento. Nadie como tu sabe plasmar estos sentimientos y momentos con palabras, acompañadas de unas bellas imágenes que por sí solas lo dicen todo. Magnífica como siempre, Eva. Me encanta.

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    1. Gracias, Carmen, me alegra que te gusten. Dices bien, las imágenes hablan por sí solas, hacen pensar en los contrastes que vivimos... y en tantas cosas.
      Un abrazo

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  2. A mi el final del verano me desespera, siempre ha sido así y sigue siéndolo, pero textos y fotografías como estos me reconcilian un poco con el momento presente.
    ¡Gracias Eva!

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    1. Me alegra que te provoquen esa reconciliación, Carmen Babiera, el final del verano tiene algo de nostálgico para la mayoría, pero los colores y luces de otoño nos levantan el ánimo, la naturaleza es sabia.
      Gracias, Carmen

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