domingo, 24 de enero de 2016

Las menguas de enero y el cormorán


Hoy domingo 24 de enero de 2016 ha sido un día de plata, con nubes y nieblas que nos acompañan hace días y noches, mucha humedad y altas temperaturas para esta época que nos dejan a todos un poco apagados. La naturaleza descansa, sigue durmiendo su ciclo de invierno a pesar del ambiente cálido, la mar duerme también, se repliega en sí misma y parece que al dormir encoge, baja de nivel y se aleja de la orilla apareciendo de nuevo las rocas que hasta hace pocos días no se veían cubiertas por las aguas. Era una preciosa estampa, los rayos del Sol filtrándose entre nubes, el gran escalón de arena hasta el mar, las rocas a flote y de nuevo un cormorán contemplando el paisaje con veleros.


Son las menguas de enero, ses minves de gener, como dicen en Cadaqués y me enseñó un viejo pescador, el mar baja de nivel y se aleja de la orilla quedando como una balsa callada. Hoy estaba un poco rizada quizá por la Luna llena que ha empezado esta madrugada, pero era una bandeja de plata deslumbrante de diamantes y el precioso contraste de la roca y el cormorán, en este rincón donde tantas veces me baño con ellos sin inmutarse, como si perteneciera a su especie o no vieran mi presencia. He tenido la tentación de entrar en el mar pero he querido ser prudente por la humedad, y he ido caminando por la orilla pensando en el silencio y los encantos que tiene el mes de enero, cuando la mar duerme y despiertan los almendros.

Sí, una vez más prefiero hablar del tiempo y del paso de las estaciones, del mar, del Sol, las rocas y el cormorán, esas pequeñas cosas que nos hacen vivir y vibrar, pensando en qué pensará el cormorán, si sentirá lo mismo que siento yo mirando el mar. ¿Sabrá que son las menguas de enero? ¿Sabrá de los reflejos? ¿Sabrá de su esbelta y bella figura sobre la roca mirando el mar? Él no tiene el privilegio de contemplarse como lo contemplo yo, pero, por un momento, me habría gustado estar a su lado, en silencio, viendo lo que veía él, quizá algo más, quizá mucho más de lo que vemos los humanos. Y quizá no sabrá la belleza que me ha regalado, en este domingo callado de las menguas de enero.



© EVA HUARTE 2016 texto y fotos

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