miércoles, 18 de noviembre de 2015

Un nuevo despertar: "Amar al destino sin condiciones"


Ya no podemos decir nada, ya no nos atrevemos a decir nada, ya no sabemos por dónde viene o va el mundo, el mismo mundo que nosotros mismos hemos creado, más que la vida por sí misma.


Sabemos que la vida viene y va, que tiene el día y la noche, el despertar y el adormecer, Sol, Luna, estrellas, planetas... Observamos, miramos extasiados su belleza con una inevitable sonrisa de alegría, agradecimiento y siempre sorpresa. Como este despertar, con los planetas aún brillantes en el cielo azul noche clareando y acercándonos a los reflejos del Sol sobre el horizonte mar.


Van cambiando luces y colores y entonces aparece la mano del hombre; unas estelas de aviones, esos pájaros de acero inventados por el hombre, acero, hierro, la imposición de la materia, las máquinas, máquinas que son armas...


Estelas cruzadas, esta que va bajando rápidamente apareciendo espontáneamente en el cielo.


Y de pronto se detiene, ahí se queda, como si encontrara un muro que la detuviera, no se ve ninguna máquina, ningún avión, sólo la estela brillante con los primeros reflejos del Sol cambiando las nubes de color. La barca que lentamente va hacia el Este se acerca hacia el final de la estela estática, en el mismo punto donde se adivina que está a punto de aparecer el Sol.


Colores, luces y formas que enamoran, unas naturales y otras artificiales... Si el hombre, y digo hombre, forma parte de la naturaleza, si crea todos esos inventos, esas máquinas, ¿no serán naturales las máquinas también? ¿No será natural la destrucción o autodestrucción? Como cualquier cuerpo extraño en el organismo se crean defensas, cualquier enfermedad extraña o nueva en la naturaleza crea y nacen nuevas plantas como defensa, curativas o destructivas. El bien es vida, el mal es lo contrario de dar vida. ¿Es necesario destruir para crear..? Mi eterna pregunta en el aire. ¿Será el hombre un cuerpo extraño para sí mismo? Y no quiero pensar más, no quiero hacerme mal, quiero vivir un nuevo amanecer, un nuevo despertar natural.


El primer instante de la aparición del Sol de este día, tras varios días sin verlo aparecer, sin sentir emoción al mirar el cielo y sus movimientos. El primer depertar dispuesta a amar de nuevo la vida tras días de silencio y oscuridad, de no querer mirar, ni oír, ni hablar. Casi apartada del mundo por no entender el mundo, por no querer entender qué hay detrás de esas máquinas, esas armas.


La belleza, el despertar de la vida, ese Sol asomándose sobre el mar dorando cielo y mar, esa barca de madera cruzando el disco solar. Eso, esto, para mí, es la vida, la vida por encima de todo. Y que te llamen excéntrica, que te llamen rara, que te llamen loca, que te llamen como quieran, no hay nada por lo que valga la pena perder la vida. Que el Sol decida, que decida la Luna y decidan las estrellas. Pero es inútil intentar imponerse a la vida.


El Sol no se impone, tiene su horario, tiene su ritmo. Imponerse sería querer salir de noche o a cualquier hora. El Sol obedece a un sistema natural universal, como obedece la Tierra, el viento, el mar, la Luna y las estrellas.


A nosotros sólo nos queda alimentar la belleza, amarla, respetarla, como a la misma vida que nos ha sido dada, como la luz que existe por sí misma, como el respeto al orden natural. Del caos nació el Universo y nació el orden, el verbo, el orden del pensamiento, el sentimiento puro y digno de elevar, reverenciar a la vida, que no conocemos, no sabemos, sabiendo que todo tiene un destino, un ritmo, sístole diástole, día y noche... Y no sabemos mucho más.


Estos días y noches he paseado casi en silencio por la playa, acercándome dez vez en cuando al escenario donde terminan de rodar escenas de la película Laia, en ese escenario sucedían cosas tristes, la danza de la muerte, un cementerio, y cosas bellas, Laia bañándose en el mar entre aguas calmas y cristalinas junto a la barca. La misma noche que hacían la Dansa de la mort, la Danza de la muerte, en el escenario hice fotos, pero no quiero publicarlas, volví a casa, de tanta tristeza que sentía que aún arrastro en el fondo de mi alma, intentando superarla. Y al llegar a casa supe que al mismo tiempo había otra danza con víctimas reales... Me quedé callada, dejando que pasara la locura real y virtual, las absurdas discusiones intentando juzgar y analizar, las confusiones humanas mezclando dolor y confusión. Las absurdas provocaciones con las armas, absurdas matanzas a un lado y otro del planeta Tierra, absurdos ataques para tomarse el derecho de absurdas venganzas... Y todo son armas.

Sin poder leer, ni ver ni oír nada, sin poder decir nada, me refugié en los libros buscando palabras sabias que me ayudaran a entender, a aceptar, me refugié de nuevo en Isak Dinesen y su biografía Lejos de África, donde supo vivir el amor y toda la belleza de la naturaleza y la vida en tiempos también de guerras y conflictos, de inútiles y soberbias armas que el hombre parece necesitar para certificar su existencia. ¿Cómo entendemos el mundo? ¿Cómo entendemos la vida? ¿Acaso todo está escrito, decidido? ¿Acaso es todo obra del destino y el ser humano no hace más que obedecer a una ley natural de principio y final? ¿Dónde queda el amor y la bondad? ¿Acaso no es la salvación? ¿Acaso queda burlada por la destrucción? Me sumergí en las palabras de Isak Dinesen: 

He leído la verdadera piedad definida como: "Amar al destino sin condiciones". Y hay algo en ella. Es decir: Creo que de alguna manera este tipo de "religiosidad" es la condición para la verdadera felicidad. 

Amar al destino sin condiciones... pensando siempre en un nuevo despertar, en un nuevo amanecer, sólo así se puede aceptar y sobrellevar. Sólo así se puede amar...
Amar al destino sin condiciones.


© EVA HUARTE 2015 texto y fotos


3 comentarios:

  1. Querida Eva:
    Maravillosas reflexiones acompañadas de fotografías divinas. Gracias por el regalo de poder leerte.

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    1. Gracias, Francisca.
      Ya ves que este post es de noviembre de 2015, y hoy es viernes 17 de marzo de 2017, por eso los comentarios pasan primero por "autorización" antes de salir publicados.
      He vuelto a compartirlo en Facebook porque (tal como he comentado) esta mañana he leído en mi correo un mensaje que dice:

      "Son las 23:23 y he terminado de leer, justo en este instante, uno de tus artículos"Amar al destino sin condiciones".Ha sido un instante muy agradable en el tiempo haber podido sumergirme en tu reflexión.

      Un saludo de un lector anónimo y agradecido".

      He pensado que está bien releerlo agradeciendo así también las palabras del "lector anónimo y agradecido". Es agradable pensar que a veces nuestros escritos sirven de algo a alguien ¿verdad? Un abrazo, querida amiga :)

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    2. Por supuesto que sirven los escritos y sabes que te lo digo de todo corazón. Por favor, sigue escribiendo y fotografiando esos maravillosos amaneceres. Un abrazo.

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