sábado, 7 de noviembre de 2015

Mar de nieblas, mujeres entre nieblas


Así estaba el mar hace sólo siete días, las olas de tres metros rompían con fuerza hasta media playa comiendo la arena, dejando rastros de salvaje civilización y marcando un profundo desnivel entre la arena y el mar.


Hoy estaba así, la niebla comía el aire, el cielo, el mar y la tierra, convirtiéndolo todo en invisible.


He visto cosas más allá de la nieblas. Una mujer solitaria estirada sobre la arena tapada con sus ropas. Metros más allá un hombre se bañaba en el mar dormido y cansado de largas y pasadas tempestades. El día no ha querido despertar, la mar no ha querido despertar. Hoy todo dormía sin querer despertar.


Silencio, un repentino sonido en el mar dormido. Gaviotas y cormoranes volando a ras del agua con círculos que indicaban donde los peces bailaban. Nada se veía y se veía lo invisible. Nada se oía y se oía lo imprescindible. Las cañas solitarias lo sabían erguidas queriendo atrapar al Sol salpicando las ondas en platino como sueños de la mar.


Pensaba en las mareas de mujeres en las calles de las grandes ciudades hoy en España, bañadas con colores violetas, flores moribundas, las flores de otoño, las flores en ofrenda a mujeres invisibles, a las que están y a las que no están, que todas están y no están. Pensaba en qué dirían, en qué harían todas las mujeres invisibles, las que ya no están, las que perdieron la vida violentamente en manos amadas o no amadas, en manos sucias siempre, manos invisibles sin nombre violentando y matando tantos cuerpos y almas de mujeres. Pensaba en tanta hipocresía en reuniones políticas y en las calles con letreros de NO A LA VIOLENCIA MACHISTA. Y no tienen nombre, siguen sin nombre ellos y ellas, no tiene nombre la violencia y crimen a la mujer, no se incluye en crímenes a la humanidad, no se incluye en la Organización Mundial de Salud, ni en Derechos Humanos.. No, no se incluye en ninguna parte, sigue siendo una intimidad, algo personal que no casa con nada más que lo que quiera la mujer, sigue siendo algo invisible. La mujer no pinta, no escribe, sólo grita. Al hombre le molesta, le va bien que se manifieste como si algo sucediera. Saben que sigue ganando la guerra, saben que siguen siendo números, ellos y ellas. El ruido, como los gritos, se entierran. Se vuelven invisibles. Sólo quedan números, ellos y ellas. Al hombre le interesa, es el miedo lo más rentable en su sistema, los hijos heredarán la tierra con el miedo, con la impotencia que lleva a la violencia.


He visto más allá de Orión y más allá del mar, más allá de nieblas, he visto morir a mujeres, he visto a hombres brindar su fiesta, he visto a mujeres políticas y no políticas reunidas, en funerales de mujeres muertas, asesinadas por manos amadas o no amadas, he visto a las mismas mujeres políticas en funerales de criminales, he visto, he oído, he vivido... Más allá del mar, más allá de las nieblas.
En las calles, marketing  y fiestas.

Seguiré sentada en la arena como esa mujer solitaria tapada hasta la boca con sus ropas de miedo al que dirán, ellos y ellas. Es el sistema. Seguiremos entre nieblas.

Texto y fotos

© EVA HUARTE 2015

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