viernes, 27 de noviembre de 2015

Cercanías, lejanías, el tren de la vida y sus medicinas


Hoy no me apetecía abrir las cortinas, las he apartado un poco para mirar cómo estaba el día y he preferido quedarme con esta acogedora luz del Sol sobre el mar reflejado entre plantas y libros, como vías, como vidas... Los libros, como la vida, son sabiduría.

Decía Aristóteles que la universal y verdadera medicina tiene por guía y principal fundamento la experiencia y la razón. Esto se evidencia al haber perdido el hombre la medicina, junto a otras ciencias que le infundió Dios, habiendo caído en el peor de los pecados; la ignorancia y negligencia, y viéndose sujetos a la enfermedad y dolencias empezaron a buscar nuevos remedios.

Ayer iba a buscar ese remedio natural basado en la experiencia y la razón, tenía hora en la consulta de un buen médico y amigo en Barcelona ciudad, el Doctor Alex Santos Forrellad. http://www.coachingconsulta.com/centromedico.php
Sé por experiencia de su buena medicina, por esa virtud de la que hablaban médicos y filósofos griegos, por esa virtud principal; la humanidad, la paciencia y búsqueda del bien para erradicar el mal. Esta es, para mí, la verdadera medicina, la que necesita la humanidad en este mundo tan hostil y tan difícil de entender, digerir o sobrellevar día a día.


Pero no contaba con la negligencia de Renfe y sus caóticos trenes de Cercanías, Rodalies en Barcelona, angustia que sufren casi a diario miles de personas desde hace años. Ya he comentado en otras páginas su falta de exactitud en los horarios, son sabidos y públicos sus plantones en un túnel, en una estación... Como un tren sin destino, un tren a ninguna parte. Y esto ocurrió de nuevo ayer, a medio trayecto, en la estación de Ocata, el ruido del tren se apagó de golpe, se hizo un silencio total, los músicos dejaron de tocar, los pasajeros dejaban de mirar sus móviles o interrumpían sus conversaciones y empezamos a mirarnos con caras interrogantes: Adiós, esto se acabó. Dijo un pasajero experto de edad avanzada. Conociendo mi claustrofobia abrí la puerta viendo en el andén al maquinista que salía hablando por el móvil. Le pregunté qué pasaba, no contestó. Los pasajeros empezamos a salir preguntando y quejándonos de lo mismo de siempre: Falta de información.

Habían transcurrido diez minutos, empezaba el caos y la confusión. Parecíamos y nos sentíamos pasajeros engañados en un tren fantasma o de vía muerta. Nadie sabía nada. Los policías que iban apareciendo como estrellas del rock decían: ¡No sabemos nada, señores, no sé nada!.. Estupendo.
Al fin una voz a través de los altavoces dijo: Atención, este tren está averiado y no tendrá salida.
Bueno, eso ya lo intuíamos. ¿Qué hacer? Pueden utilizar los servicios de autobuses... Y bla, bla, bla. Ya te apañarás. Un chico joven estresado y desesperado porque si llegaba tarde se quedaba sin trabajo, era camarero, estaba a prueba y no había más personal. Otra mujer desesperada iba de urgencias al médico y no sabía si la esperarían. Un hombre iba a una reunión que ya no llegaba... Cada persona una vida, cada vida un drama, todo se cortaba de pronto, ¿por falta de experiencia? ¿Negligencia?

 (Curioso letrero en la estación de Renfe, dice en catalán: "Si te encuentras mal, pide ayuda utilizando los interfonos de la estación". Más curioso aún, se ha fundido la "t" de la palabra catalana "trobes", que significa, encuentras, y queda "robes", que significa robar)

Cuando propuse a varias personas ir en taxi y cruzamos la carretera un policía corta el tráfico y nos dice que volvamos rápido a la estación, que viene un tren que nos llevará a Barcelona. Hay que pasar el túnel oscuro, todos caminando rápido y bien apretados para no perder el siguiente tren, bebés que lloraban en brazos de sus madres angustiadas sin poder correr... Dije que parecía una escena de la guerra corriendo al refugio soñando con el tren que nos salvara...

Otros diez minutos para que todos los pasajeros del primer tren a ninguna parte pasaran al nuevo tren de la esperanza. Ya en marcha y apretados como sardinas en lata comentamos la negligencia de Renfe y del gobierno central gastando millones en ampliar el tren AVE para Burgos o León..  ¿Cuántos usuarios diarios tendrá? Unos sudaban indignados, proponiendo denunciar a Renfe. Otros indignados también pero escépticos decían que no valía la pena; Cada día pasa algo, colas y papeles para nada... 


Llamaba desde el tren a la consulta del Dr. Santos pero no contestaba, dejo el mensaje sin saber si vale la pena ir, si será un viaje inútil. Desde la estación subo nerviosa a un taxi y casi sin esperanza con la vergüenza de llegar una hora tarde... Pero esta es la buena medicina, me recibe Mercè Turó, esposa del doctor, con cara sorprendida preguntando qué ha pasado, con su aspecto fuerte y sano dándome un abrazo. Ese abrazo que tanto necesitaba y de nuevo me hace sentir humana. Y me recibe igual el Dr. Santos con el tiempo desordenado gracias a Cercanías de Renfe.


Pero esto es medicina, me hace sentar, aunque sea un momento, me escucha, me habla, me relaja, todo en su consulta es relajante, como si de pronto hubiera llegado y aterrizado en una alfombra mágica. En pocos momentos me quita la angustia y de nuevo recupero la armonía y el sentido de la vida. Me siento paciente de Renfe, me siento paciente de muchos médicos de medicina oficial, pero con el Dr. Santos me pasa al revés, siento que el paciente es él, calmando mis nervios, mi angustia de viajera de Renfe y pasajera de la vida. Paciente con la persona que va en busca de buena medicina.
http://www.hipnoterapia.com/


Dicen que fueron los seguidores de la Medicina de Esculapio (llamados Esclepíadas) quienes siguieron la medicina por observación, llegando a Hypócrates, quien recibió el título de Príncipe de la Medicina, legando obras preciosas que se han seguido desde la antigüedad hasta nuestros días... Pero hoy día ya nadie sabe en qué tren ha subido ni hacia dónde nos llevará, se necesitan nuevas medicinas, nuevas mentalidades y una sola condición humana; la bondad. Esta sigue siendo la mejor medicina que nos salva de este tren de vida.

Por eso hoy necesitaba desconectar del exterior y hacer mi viaje interior con el Sol filtrado entre las cortinas mirándose en mi librería formando vías de luz, sintiéndome maquinista de mi tren de vida.
Y a mediodía sí, he ido hacia el mar, hacia las aguas que todo lo curan, recordando siempre las palabras de Isak Dinesen: Todo se cura con sal, con sudor, con lágrimas y con el mar. 

Y esta es la clave que me dio hace tiempo el Dr. Alex Santos, alimentar el bien para que desaparezca el mal. 



© EVA HUARTE 2015 texto y fotos


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