lunes, 9 de noviembre de 2015

Baño de estrellas


Baño purificador entre un cielo y mar de zafiro y el Sol derramándonos su lluvia de estrellas. Había quedado con una de mis amigas en que me llamaría para ir a la playa cuando terminara de hacer esas cosas que siempre se hacen en lunes, día lunático por excelencia. He ido haciendo mis cosas lunáticas también y sin esperar su llamada me he parado en la playa viendo de lejos el mar que parecía pintado. Caminaba por la arena junto a un chico con su tabla de surf y su perro fiel Bruc, que le sigue caminando por la orilla mientras su amigo y amo pasea con su tabla deslizándose por un mar que era un regalo. Y ahí estaba ya mi amiga bañándose entre diamantes. He hecho dos fotos uniéndome al baño purificador, en el agua tan limpia y calma donde se bañaban hasta el Sol y las estrellas.


La vida dando vida regalándose a sí misma su belleza y alegría en abundancia como el cuerno de la fortuna de Amaltea, que significa Ternura, la nodriza que crió al Dios Zeus. Y en esos momentos es cuando siento al Sol, al cielo y al mar de todos los tiempos, comprendiendo la fascinación de nuestros antepasados griegos inventando su historias creando preciosas mitologías.


Unos metros a la izquierda otra amiga, otra estrella otoñal disfrutando del mismo baño purificador. La playa para nosotras tres mujeres sintiéndonos estrellas. Reíamos preguntándonos qué día era hoy, 9-N, día de votaciones, de decisiones políticas... Y todas hemos llegado rápidamente a la conclusión de que estábamos hartas de números y siglas, de que la vida era ese regalo que estábamos disfrutando y teníamos que agradecer y disfrutar sin pensar ni mirar más allá, vivir, reír, purificarnos de un mundo tan retorcido y hostil sintiéndonos afortunadas, acariciadas por la belleza de la vida.


Y un poco más allá veíamos las barcas que han llevado junto al decorado preparado para empezar a rodar escenas de la película Laia. Esto es la verdad y el artificio. Comentábamos las tres que estos días hemos coincidido en releer la novela Laia de Salvador Espriu, en la que se basa la película, y coincidimos en que Espriu era un hombre triste ya a los 18 años cuando escribió la novela que transcurre en nuestro pueblo y playa de Arenys de Mar. Comento que Espriu tenía su tono irónico y humorístico, pero lo hacía servir poco, y su literatura a todas nos deprimía, nos cuesta de leer ahora como mujeres otoñales aunque la novela nos impresionara cuando éramos mujeres primaverales.

Hemos dejado la playa brillante y solitaria por un lado y al otro lado con los preparativos para el rodaje de la película Laia que empezará mañana. Deseando que el día nos haga otro precioso regalo como hoy, donde desaparecen todas las penas en un baño purificador, en un baño de estrellas.

Texto y fotos


© EVA HUARTE 2015



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