viernes, 2 de octubre de 2015

Mujeres y loba jugando en la playa de otoño


Octubre, octubre... Al fin octubre en la playa con Sol, sin viento, Neptuno adormecido y algunas olas hablando de su pequeña resaca de su ira de días pasados. Al llegar he visto en la arena a una mujer conocida de espontáneos encuentros recogiendo pequeñas conchas marinas junto a su perra loba. Enseguida he pensado en el libro Los buscadores de conchas, de la magnífica escritora y novelista Rosamunde Pilcher, a quien dediqué un post aquí en blog hace unos años.


Nos hemos saludado y ha señalado a su hija sentada en la arena mirando cómo jugaban sus tres hijas en la orilla con las olas, juguetonas como su perra loba, corriendo del agua a la arena entre pinceladas de diamantes que el Sol regalaba a un voluminoso y orgulloso mar, que parecía haber engullido todo el agua de lluvia de días pasados señalando el fin del verano.


Risas y sonrisas femeninas en la playa de otoño, mi amiga dice, una loba en la playa, mientras la fotografío y ella me fotografía con la loba acercándose y jugando. Entonces pienso en el libro Mujeres que corren con lobos, de Clarissa Pinkola Estés: Conozco a mujeres dotadas de una voces bellísimas y a otras que son unas extraordinarias narradoras de cuentos, casi todo lo que sale de sus bocas posee lozanía y está elegantemente cincelado. Escribe la autora en una página de su libro. Y hablando de estos libros con las dos mujeres, madre y abuela, me enamoro de sus miradas limpias y azules como el mar y el día, de sus voces pausadas y cálidas, su acento extranjero hablando catalán, la abuela nacida en Girona sólo habla catalán y alemán, apenas puede leer en castellano. La hija domina más lenguas, vive en Suiza y cada año se acercan a este lugar en esta época, su casa, su refugio, y la abuela, como yo, no puede vivir sin esta luz y el aroma de nuestro amado Mediterráneo.


Nada contagia más alegría que la alegría de criaturas jugando en la playa casi desierta, con la perra loba siempre atenta. Han seguido sus juegos cubriendo con arena a una de las niñas dejando sólo su rostro descubierto al Sol, colocando sobre su pecho conchas marinas formando grandes senos como una diosa sumeria o egipcia. He vuelto a casa sonriente mientras iba bajando el Sol.


Al anochecer, mientras hablo con una amiga por teléfono, veo desde mi ventana grandes nubes de distintas formas con reflejos de luces doradas y rosadas entre azules oscuros, casi como un arcoíris.


Le digo a mi amiga que mientras hablamos voy fotografiando una nube que me recuerda a Los labios de Mae West que dibujó Dalí, creando más tarde una butaca con esa forma. ¿Quién imita a quién?


Engullidas por la noche las nubes reflejadas en el mar van desapareciendo rápidamente, intuyo más lluvias, pero hablamos de cómo he disfrutado unas horas en la playa con cinco mujeres y una loba. Y hablamos de cuánto nos complicamos la vida, tan sencilla y bonita que es, queriendo participar en las locuras políticas creadas por el hombre. Sí, este sistema sigue siendo patriarcal, donde las mujeres que quieren entrar y entran en política se masculinizan siguiendo sus roles, sus códigos, estética, alimentando el mismo sistema que dicen rechazar. Mujeres que se dicen feministas hasta que llegan a casa donde tienen a El varón domado, como el título que dio a su libro en el año 1971 la lúcida y valiente escritora argentino-alemana Esther Vilar. Recuerdo las duras críticas de otras mujeres, controversias, incluso amenazas a la escritora, que no hizo más que analizar el predominio de muchas mujeres feministas a dominar al hombre con sus estrategias seductivas, sin que el hombre se de cuenta. Otras, al llegar a casa, se someten a la superioridad establecida del hombre. Lo que significa que en ningún caso cambia nada, sigue la política y psicología del sometimiento sin saberlo, como decía Hegel; La alienación, siendo la negatividad la única forma de desalienación.

Y siguen las broncas de unos y otros hablando del tanto por ciento de mujeres que siguen entrando en política, mientras nadie gobierna, mientras tantas familias y personas siguen sufriendo consecuencias de desgobierno, leyes dictatoriales y absurdas. Mientras siguen aumentando los grupos políticos con mujeres que poco saben de política ni feminismo porque nada han vivido ni sufrido, y siguen con la expresión mujer y feminista en los labios para consquistar más votos. Decía el querido y admirado filósofo José Luis Sampedro: Las mujeres tienen que volver a educarse en la feminidad. Y muchas mujeres estamos de acuerdo, mujeres de otoño que preferimos reír, leer, pensar, crear y amar adorando la belleza de la vida. Mujeres de otoño ni dominantes ni sumisas, mujeres que preferimos jugar en la playa con las olas y una loba. Mujeres de invierno, mujeres de otoño, mujeres de verano y primavera, mujeres abuelas madres y niñas, mujeres que juegan en la playa adorando la vida.

Texto y fotos

© EVA HUARTE 2015


 

2 comentarios:

  1. M'agrada el què dius de les "dones de tardor". Ho sóc :-*

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    1. Ho celebro. Cada estació té el seu encant, i el millor és poder celebrar-les totes :-)

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