martes, 11 de agosto de 2015

Cuando la noche y el día se encuentran



Es esa hora mágica, esa hora azul del despertar cuando el cielo lleno de estrellas empieza a clarear moviendo sus azules cada vez más suaves. Cuando la Luna sigue menguando acercándose cada vez más al Este, como si necesitara encontrarse con el Sol y celebrar una fiesta entre las luces irisadas del horizonte anunciando su encuentro. Es cuando la Luna es una niña medio dormida y el Sol un niño medio dormido que se necesitan para dormir y despertar juntos o tomar el relevo. Así se siguen y se alejan, se acercan, se encuentran, dando vueltas y vueltas paseando entre las estrellas que los contemplan risueñas formando parte de la fiesta.


Es tan bonito ese momento mágico del despertar que lo contemplo sin más, sintiéndome observadora privilegiada de la fiesta celestial. Y el mar dormido como una patena de plata, dormido como la Tierra, despertando juntos lentamente del sueño de las estrellas. Y guardas ese momento para ti en  pequeña complicidad celestial.

Luego tengo que decidir entre hacer un café o intentar fotografiar alguna parcela de la escena. Son las seis de la mañana y todo son torpezas, las luces de la noche y el día cambian sus colores sin parar buscando su encuentro y relevo. El café tarda en salir y no puedes esperar. Con la mirada aún dormida disparas tontamente la cámara queriendo abarcar todos los azules, todas las imágenes y rincones a cada instante cambiantes, todos los detalles, la Luna, las estrellas, las barcas con sus luces saliendo del puerto y esa fina línea irisada en el horizonte mar anunciando la llegada de la Luz Solar.


Sonrío a mi humana torpeza y mis ansias de abarcar toda la belleza que nuestro pequeño y gran universo nos muestra. Y empiezo a pensar en cómo nos complicamos la vida, tan simple y sublime que es por sí misma, en lo mal que la estamos interpretando en nuestro torpe y pequeño paso por la Tierra... en la difícil convivencia...

Y prefiero no pensar más, tomar un café y recrearme en la belleza regalada grabada en mi mente y en mi alma, en ese momento mágico y azul irisado, cuando la noche y el día se acercan, cuando la noche y el día se encuentran. Cuando la Luna y el Sol se miran de cerca.

Texto y fotos

© EVA HUARTE 2015

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