viernes, 24 de abril de 2015

El mar no tiene la culpa


Aunque procuro que me afecte lo menos posible todo lo que está ocurriendo en el mundo no puedo evitarlo, puedo evadirme, como tantas personas, intentando acogernos a la parte bella, a las cosas bellas que nos da la vida. Pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿Hacia dónde va la humanidad, hacia dónde la vida y hacia dónde la Tierra? Este viejo planeta Tierra antiguamente llamado Agua.

Hoy he despertado a las 5'30h, cuando la noche se adormece y el día empieza a despertar en esta época primaveral. Los tonos azules enamoran con el encanto artificial de las farolas encendidas,


y las barcas de pesca que salen y entran de puerto siguiendo su ruta por el mar como un pequeño ejército hacia la luz solar. Barcas modestas.


Muy distintas de las grandes embarcaciones y ferrys que se cruzan diariamente en la línea del horizonte, de día y de noche, con sus luces de feria y fiesta. Y pienso en tantas cosas que ocurren en el mar y sabemos tanto como lo que ocurre en el Universo... casi todo por descubrir.

Entro en Internet y la primera noticia que leo es que la UE no se pone de acuerdo sobre las medidas a tomar para solucionar el grave problema humanitario; esos miles de seres humanos que están perdiendo la vida en el Mediterráneo intentando salvar sus vidas. La mar es la salida, la esperanza de vida para ellos y los suyos, sus familias, amigos, su país, su mundo sin más esperanza que un poco más allá, de donde van y vienen grandes barcos, grandes ferrys de recreo, grandes sociedades que van a sus países a extraer oro y diamantes de sus tierras... Como hicieron en el descubrimiento de América. Les llevamos armas sin cultura, imponemos una moral arrasando sus riquezas y los menospreciamos si intentan llegar hasta nuestra sociedad que presume de civilizada... Su esperanza.


Estos días estamos todos afectados, menos quienes pueden y deben solucionar la grave situación humana y social, de supervivencia para todos. El mar ha abierto un camino y ya no se cerrará, la diáspora continuará y el mar de recreo puede convertirse en un triste cementerio. Y éstos días, paseando por la playa, miraba cómo empiezan a montar los chiringuitos veraniegos, viendo que la mitad de los obreros son de origen africano, viendo ésta imagen como si realmente estuviera en África. Y pensaba cómo habrían llegado hasta aquí, si por mar, o intentando superar por tierra esa barrera cada vez más alta que construye el gobierno de España intentando evitar que superen la frontera. Mientras sus mujeres se quedan en la barrera con el mismo riesgo de vida y violadas por los mismos guardas, como denuncian continuamente algunas ONG y prensa oficial.


El mar estaba limpio y transparente, con alguna pequeña mota de espuma de tantos barcos que lo cruzan y los residuos que arrojan. Intenté bañarme sin pensar más que en la cantidad de buenos espíritus y almas inocentes que llevaba el mar, una mar adormecida, serena, como si hubiera bajado los párpados mostrando un respeto, limpia de culpa.



Y ayer, 23 de abril, festividad de Sant Jordi, Dia de la Rosa i el Llibre en Catalunya, día de fiesta primaveral y cultural que se extiende cada vez más internacionalmente, después de releer una parte de El Quijote de Cervantes y escuchar el discurso del escritor Juan Goytisolo al recoger el Premio Cervantes, denunciando la grave situación social en España y esas barreras fronterizas, volví a la playa con la intención de bañarme de nuevo en el mar. Pero ya no pude, el mar era totalmente distinto al mar del día anterior, arrastraba metros y metros de espuma gris antes de llegar a la orilla, formando una sucia y triste barrera imposible de cruzar si no es a riesgo de la salud... Metáforas, metáforas.


Y leo y escucho éstos días frases sucias, unos diciendo que vienen de fuera para quitarnos puestos de trabajo. Otros diciendo que los gobiernos deben controlar más el mar. Y otros maldiciendo el mar: Maldito Mediterráneo. He leído en las redes sociales virtuales estos días...

El mar, la mar... ¿Qué haríamos sin la mar? Del mar nació la vida, son tres cuartas partes del planeta. Por eso antiguamente se llamaba planeta Agua, no Tierra, de donde nace la vida, de donde salimos todos. Si el mar tiene la culpa, nosotros tenemos la culpa. El mar todo lo da, si le damos vida, nos dará vida, si le damos suciedad nos devolverá suciedad. Palabras sabias que de niña me enseñó un viejo pescador. La mar lo da todo y lo devuelve todo. El mar no tiene la culpa.

Texto y fotos

© EVA HUARTE 2015





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