sábado, 31 de enero de 2015

Adiós a enero de 2015 ¡Hola, ola!


Así he encontrado la playa en este último sábado, en éste último día del primer mes de 2015, con los primeros vientos limpiando el cielo despertando a las olas de su letargo de enero, las menguas de enero.


La playa sigue desierta y una pareja de enamorados se sienta en la arena contemplando el espectáculo.


Un rugido lejano nos avisa de la fuerza de las olas que se acercan, cambiando formas y colores entre esmeraldas jades zafiros y turquesas antes de deslizarse por la arena...


Llegando con un suave gemido como un manto de seda blanca rindiéndose a tus pies.

Sigo con mis paseos por la playa escuchando el silbido del viento y el rugido de las olas como si fuera mi rugido interno. Contemplo su fuerza como si fuera mi fuerza interna. Sus gemidos como si fueran los míos... Han pasado muchas cosas desde que empezó el invierno, y en sólo el primer mes de este año 2015, el mes de adiós y hola, adiós a muchas cosas y hola a muchas otras, cosas malas y pocas buenas, como una ola es consecuencia de otra...

Y sigo escuchando mi voz interna pensando si llegará el momento en que saldrá el grito como el despertar de las olas, o si esperaré, simplemente, a que calmen los vientos y se calme la mar...Voy corriendo por la arena huyendo de su fuerza, huyendo de mí misma quizá, jugando como cuando era niña, a ver si las olas me alcanzan mientras voy gritando; ¡Hola, olaaa!  Y al final nos reímos, ellas saludando dejando su espuma de seda blanca a la orilla de mis pies. Y yo sé que es el mar, que es mi amigo, estoy con él, y sé que no me deja perder. Junto al mar, nunca te puedes perder.


© EVA HUARTE

viernes, 23 de enero de 2015

Un barco cargado de Sol


Unos días nublados, noches nubladas sin poder contemplar las estrellas, ni fotografiar el cometa Lovejoy desde el sábado, que pude fotografiarlo junto a las Pléyades. Y al fin, hoy viernes 23 de enero, he visto clarear la noche, con esos azules verdosos tan íntimos que ni quiero publicar las fotos. Es cuando estás más conectada contigo misma, cuando ves la vida de forma distinta, como si estuvieras más lejos del mundo que se mueve de forma desordenada durante el día, cuando los seres humanos actúan, actuamos, como si estuviéramos todos a punto de perder la vida, como si la vida viniera de un minuto, unas horas, unos días. Y en el cielo solo hay calma, desprendiendo luces y colores siempre distintos, siguiendo su ritmo. Con ese silencio que tanto nos habla.


Ha aparecido una franja rosada y dorada en el horizonte asomándose lentamente un disco de oro, y un barco se acercaba como si quisiera cargarlo y llevárselo.


Y lo ha conseguido.


Las barcas despiertas cruzan el mar lentamente como si estuvieran esperando el momento precioso y preciso del disco de oro sobre el horizonte. Y el barco cargado de Sol se convierte en su faro.


Unas barcas vienen y otras van, unas hacia el Este y otras hacia el Oeste. Pero todas parecen querer cruzar esa linterna de luz Solar.


Ni ganas de hablar, ni ganas de decir nada que no sea mirar y contemplar, y dejar que hablen las imágenes. Hay un tiempo para hablar y otro para callar.


Hace unos días me decía un amigo que no deje tanto tiempo los tinteros llenos, que luego la tinta se seca. Y eso siento, de tantas palabras acumuladas prefiero dejar que sigan su ruta por dentro, como esas barcas en un mar callado y sereno, sabiendo que antes o después llegarán a buen puerto. Sintiendo, al menos hoy, aunque haya sido una ilusión, que llega un barco cargado de Sol.
Las barcas siguen su ruta horizontal y el Sol su ruta ascendente.
Las noches se acortan y los días se alargan, despierta de nuevo la esperanza. 

Texto y fotos

© EVA HUARTE

sábado, 17 de enero de 2015

Éstos fríos azules de enero...


Vivo en shock, en la doctrina del shock, vivo en shock desde hace tiempo, antes, quizá, de que  existiera el mundo, antes, quizá, de que existiera la humanidad. Antes, quizá, de conocer la noche y las estrellas, el horizonte terrestre y marino, la metafísica de cielo tierra y mar. El más allá.

Vivo sin saber si vivo o sobrevivo, o quizá una voz interna me dice que a ratos estoy viva y a veces vivo muerta, o la muerte no es más que una continuidad de esta vida que no sabemos qué es. Ni si quiera sabemos si es... Ni nosotros, humanos terrestres, humanos marinos, humanos que aspiramos a los cielos más lejanos, día y noche, en continuo respiro y a veces suspiro. Día y noche sin fin buscando una finalidad, un no sé qué. Un quizá, algo más allá tiene que haber.
Sí, tiene que haber existido otro mundo antes que este. Muchos mundos antes que éstos... Quizá...
¿En qué mundo estamos ahora? ¿Cuál es la verdadera capa celeste?


Vivo sin vivir en mí, dijo el poeta y rugen por dentro todos los poetas del mundo.
Vivo más allá que más acá.
Más allá del cielo y del mar donde se besan.
Más acá sólo es tierra, tierra mojada quizá de lágrimas...
Y suspiros
Y columnas vertebradas por el peso del tiempo... Ese tiempo de la humanidad...

Sólo me quedan los paseos por la playa,
recordar tus besos y caricias
tus cálidos abrazos,
tus sonrisas.
Y esa mirada azul y verde de más acá y más allá.

Azul aquí,
en éstos fríos azules de enero.
Verde más allá,
donde creemos que quizá rugen las verdaderas esperanzas,
donde creemos que quizá allá se convierten en realidad.


Me he vestido de azul verde y blanco de invierno,
de azul Picasso y nube Magritte, con mi pincelada rosada.
Como esa nube, al llegar a casa,
que me ha gritado pidiendo que no permitiera que la noche se la llevara...
La noche del invierno,
de éstos fríos azules de invierno.


Llego a casa y enciendo el televisor.
Hablan de doctrinas de shock,
de guerras de shock,
de efectos psicológicos y emocionales, paralizantes,
para seguir actuando a sus anchas los poderosos psicopátas que sólo temen el más allá. Sin ver más acá. Sin ver éstos azules de invierno y éstas noches vertebradas de humanidad.


No, cielo azul, mar azul, no me gusta ahora este mundo en el que he quedado sola y quizá desamparada, quizá alocada, quizá atontada, quizá sólo vertebrada de humanidad.
No, cielo azul, mar azul, noches estrelladas.
Sólo amo la vida que me ofrece su belleza a través de las estrellas, a través de las noches calladas.
A través de éstos despertares de enero que parecen primavera con este Sol tuyo tan cálido y deseado.

Sólo amo la vida...
Y así lo amo todo.
Y ya no puedo amar nada más, ni más allá.
Siento que no se ama más acá.
Siento y quiero sentir, quizá, un despertar... No sé decirte cual.
Quizá sólo son noches y días azules de invierno.
De este invierno azul de despertar primaveral.

Y es que no sabes, vida, 
cuánto duele a veces la ilusión,
cuánto duele a veces la esperanza.
Cuánto duele a veces despertar.


Texto y fotos

© EVA HUARTE

jueves, 15 de enero de 2015

"Lovejoy" ¿Alegría y amor?

3 de enero 2015, Luna llena sobre Orión y la estela de un avión.

Anoche volví a verlo a simple vista, casi cada noche lo contemplo sabiendo ya su ruta, sabiendo de su precioso color verde. La brillante luz de Luna llena impedía distinguirlo las primeras noches, a pesar de los cielos tan limpios que estamos teniendo desde que ha empezado este año.

Esta es la ruta ascendente del cometa Lovejoy. Clicad para ampliar

Así despedimos el pasado año 2014 y entramos en este 2015, con el paso del precioso cometa C/2014 Q2 Lovejoy. Y así despedí el 2014 y he empezado el 2015, con un fuerte resfriado con fiebre alta. Mi único plan, para principio de año y Reyes, era pasar horas de observación subiendo a las colinas cercanas, intentando estar en los mejores cielos oscuros para fotografiar el precioso cometa Lovejoy. Pero la naturaleza siempre tiene la última palabra y tuve que quedarme cerrada en casa pasando la fiebre, mirando desde la ventana la preciosa constelación de Orión, por donde sabía que empezaba a verse la ruta ascendente del esperado Lovejoy, intentando distinguirlo. Y gracias a Joaquín Gómez Ábalos, una vez más, tuve una buena guía para orientarme sobre la ruta del cometa, que algunos expertos en astronomía y fotografía, como Ramón Naves, ya estaban fotografiando y dándonos imágenes magníficas de gran precisión. Con mi pequeño equipo fotográfico y mi poco dominio sabía que poco podría hacer, pero siempre es la aventura de descubrirlo, localizarlo y poder fotografiarlo

Mirando a la derecha de la estrella Rigel de Orión, descubrí desde mi ventana el cometa Lovejoy.
Así fue; La madrugada del 3 de enero no podía dormir por la fiebre y persistente tos, volví a levantarme contemplando a Orión a través de los cristales de la ventana, intuyendo que lo veía bajo la estrella Rigel, el pie derecho de la constelación de Orión. Ya tenía el trípode con la cámara preparada y abrí un momento la ventana para enfocar y disparar aunque no saliera nada, intuyendo que algo saldría. Y al ampliarlas en el ordenador lo vi claramente. Al día siguiente repetí la operación, sabiendo que el cometa estaría un poco más alto, envié algunas fotos a Joaquín Gómez y me lo confirmó. ¡Síi! Ahí estaba el cometa Lovejoy, débil, pero perfectamente distinguible por su color verde. Estaba contenta como una niña en la noche de Reyes, era la noche de Reyes realmente, la madrugada del día 5, y este fue mi regalo. El mejor regalo llegado directamente del cielo estrellado.


Y siempre amable, Joaquín Gómez Ábalos hizo un proceso y recorte para que se distinga más el cometa y su precioso color verde. Estaba tan contenta que a través del correo le comenté la coincidencia de que pase un cometa tan bonito con un nombre tan bonito justo en navidades, en las noches del cambio de año y de Reyes, igual que pasó un cometa hace veintiún siglos y magos y astrólogos, mujeres y hombres sabios, decían que era una buena nueva, un buen cambio de Era. Y le preguntaba a Joaquín ¿Imaginas que fuera una nueva buena para la humanidad? -Ojalá, dijo-.

Pero al día siguiente, día 7 por la mañana, saltó la noticia... De nuevo las armas, siempre las armas... La moral volvió a caer en picado y ya no tenía ganas de publicar nada, convaleciente aún y sin defensas. Las redes se llenaban con la terrorífica noticia y algunos nos preguntábamos porqué nos impresionaba más un número de víctimas cercanas que miles de víctimas cada día desde hace años en países más lejanos... Y así seguimos durante días con discusiones, depresiones e hipocresías.

10 de enero 2015. Sobre la línea de asteriscos se distingue el punto verde del cometa Lovejoy, a la izquierda las Híades en forma de V horizontal, y arriba el racimo de Pléyades
El día 10, más recuperada y más segura siguiendo el camino ascendente del cometa verde, subí de nuevo a la terraza al anochecer, sabiendo que la Luna llena ya salía más tarde y su luz no nos deslumbraría. El espectáculo era precioso, el cielo estaba limpísimo y mirando al Este, quedé fascinada viendo alineadas las constelaciones de Orión y Tauro, y, a pesar de la contaminación lumínica, volví a distinguir el cometa Lovejoy cerca de las Híades. Por un momento sonreí como una niña, y casi sin saber porqué, por un momento lloré, agradeciendo la fortuna de estar viva y poder contemplar tanta belleza desde la Tierra. Preguntándome qué estamos haciendo los humanos...

Se distingue por su color verde. (Clicad sobre la foto para ampliar)

El cielo parecía de cristal sin el reflejo de la Luna, se distinguía fácilmente el color verde del cometa, un precioso color verde esperanzador para un cometa de precioso nombre, Lovejoy, alegre amor, sería la traducción... Amor y alegría, eso sentía contemplando la noche plagada de estrellas.

Lovejoy junto a las Híades (sobre los dos asteriscos que he puesto)

Anteayer, martes 13 al anohecer, volví a contemplar las bellas constelaciones que nos acompañan las noches de invierno; el gigante Orión extendiendo su brazo con su arco y de nuevo el cometa Lovejoy siguiendo su ruta ascendente, ya cerca de las Híades de Tauro, en forma de V horizontal, y bajo el precioso racimo de las Pléyades.

Martes 13, 19'23h., Lovejoy (sobre los dos asteriscos) junto a las Híades de Tauro
Contemplando el precioso espectáculo de estrellas pensaba: ¿Cómo somos capaces de hacer lo que estamos haciendo en la Tierra..? ¿Acaso respondemos a una ley universal para autodestruirnos como una forma de regenerar el planeta..?  Contemplaba ese pequeño punto verde del cometa como si fuera ese pequeño punto azul que es nuestro planeta... Con mil preguntas sin respuesta...


Y al fin, ayer miércoles 14, nuestro amigo meteorólogo y gran fotógrafo Joaquín Gómez Ábalos nos hizo un precioso regalo a través de su página en Facebook, éstas preciosas imágenes del cometa C/2014 Q2 Lovejoy, con su preciosa cola como finísimas hebras de diamante.


Una preciosa cola serpenteante por el cielo que apenas vemos. Ya me gustaría saber captar imágenes así... Son horas y horas de estudio y práctica, gran profesionalidad y paciencia, buen equipo, además de saber leer el cielo y estar dispuestos a pasar horas de frío en lugares elevados sin contaminación. Copio el texto que adjuntó Joaquín en sus fotografías:  

Estas dos tomas son el resultado de esa caza, realizadas con un objetivo Zeiss Planar T* 50 mm f/1.7 y una Canon EOS 450D. Son 38 tomas apiladas de 2 min. cada una a f/2.8 e ISO 800, con la cámara sobre una montura de seguimiento. La primera de ellas es un recorte al 100% para que se aprecien bien las delicadas estructuras de la cola y la nitidez con la que el Zeiss las llega a captar. El efecto "Matrix" es producto del movimiento del cometa entre las estrellas a lo largo del proceso de captura.

Gracias, Joaquín.



Esta es la única forma de salir de la tristeza o depresión, la única forma de recuperar la alegría de vivir, hacer lo que te gusta, vivir para lo que quieres y a quienes quieres, enamorarte cada día de la belleza de la vida, de lo que nos regala el cielo, teniendo el privilegio de poder contemplarlo y a veces, incluso, intentar leerlo y cazarlo, como Orión el cazador, protector de la humanidad.

Ya dije que este año me cae bien, quizá por el número 15, el número de la niña bonita, como se dice en juegos y loterías, aunque no hayamos empezado con buen pie. Y me cae bien el cometa Lovejoy, con ese nombre de alegría y amor, como una premonición de ese año hippy o pacífico que muchos formulamos como deseo al comenzar el año... Desde tiempos remotos, sabios y astrólogos, hablaban de unos cometas de mala fortuna y otros de buena fortuna. Ya da igual qué será o no será, seguimos teniendo la fortuna de estar vivos y poder sentirnos agradecidos. Seguimos teniendo la fortuna y compromiso de cuidar nuestro pequeño planeta Tierra, nuestro pequeño punto azul, nuestra pequeña y gran humanidad, como decía nuestro querido y admirado Carl Sagan: Capaces de las peores barbaries y de las más bellas obras de arte.

Texto y fotos


© EVA HUARTE