lunes, 22 de diciembre de 2014

Solsticio de invierno, buscadores de conchas, sombras y huellas


Sólo faltan siete días para que empiece el solsticio de invierno, poco a poco nos mentalizamos para sobrevivir al frío de días y noches tan largas. Por eso la necesidad del calor humano, por eso las fiestas intentando hacer del frío y de la oscuridad calor y luz, como han hecho los humanos desde las primeras civilizaciones y culturas. Es un instinto de supervivencia, se sobrevive en grupo, en soledad es más difícil, igual animales y personas, animales somos todos al fin. Aún.


Después de las pasadas lluvias y fuertes vientos hace dos días disfruté de nuevo de mis paseos por la playa desierta de invierno. El Sol lanzaba su cabellera de diamantes sobre el mar como a su espejo favorito. El suave sonido de las olas y algún graznido de gaviotas rompían el silencio. La arena estaba alfombrada de toda clase y tamaño de conchas marinas, y caminaba por la orilla con cuidado para no pisarlas, pensado en cuántas vidas, cuántos mensajes llevan y traen a través del mar.


Me sorprendió esta preciosa concha blanca venusiana, intacta, perfecta. Quise llevármela a casa, pero ahora dicen que hay que dejarlas en la playa, que son cuerpos muertos llenos de bichitos de todas clases... Antiguamente, en cambio, se decía que las conchas de mosluscos eran buenos espíritus, y se utilizaban para expulsar a los malos espíritus de las casas, se sabe que los neandertales y antiguas civilizaciones los utilizaban también como adornos personales o moneda de cambio. http://prehistorialdia.blogspot.com.es/2011/02/el-papel-de-los-neandertales-en-las.html


Nunca sé de supersticiones, qué es de buenos espíritus o no, creo que según épocas y culturas, aunque como decía Dalí, toda cultura nace de una superstición. Lo que sí es cierto, es que las conchas marinas están desapareciendo, y aquí, en la Costa Mediterrània catalana, dicen que hay un 60% menos en los últimos años. Así que decidí dejar mi precioso cascarón blanco donde estaba, poniendo otro a su lado para que se hicieran compañía, imaginando dar vida a un universo desconocido.


Seguí caminando por la orilla y vi otro pequeño universo brillante al Sol, en forma de espiral cósmica. Me acerqué y vi que era una medusa más grande que mi mano. A esta no me apetecía llevármela a casa, no me gustan. En cambio, cada vez aparecen más medusas en el mar y en la orilla. Dicen los expertos que por la falta de lluvias ha desaparecido la barrera de agua dulce en el mar, (a las medusas no les gusta el agua dulce) muchas han venido del Mar Rojo atravesando el Canal de Suez, y por la contaminación y calentamiento de las aguas se acercan más a la orilla. En algunos mares son pacíficas y comestibles. Aquí parece que no poseen tales virtudes, aunque nunca se sabe si será una manera de acabar con la plaga... O la plaga somos los humanos


Y como un oasis en mi largo paseo encontré la palmera dibujada por el Sol de mediodía en la terraza del bar-restaurante Solstici, donde una grupo de personas disfrutaban el sencillo privilegio de un brindis al Sol de invierno.


Antes de que se escondiera tras las montañas quería volver a casa y refugiarme en mis libros, los últimos rayos dorados me regalaron otra imagen entre verdes de palmeras y árboles con sus últimas hojas intentando quedarse en las ramas, descubriendo al lado mi sombra.


El Sol de invierno acorta los días y alarga las sombras, que recuerdan las esculturas de Giacometti, y jugaba con mi propia sombra siguiendo mis huellas, pensando qué me traerá, qué nos traerá este nuevo invierno a punto de llegar... Y al llegar a casa tuve la necesidad de volver a hojear la novela de Rosamunde Pilcher, Solsticio de Invierno, que me regaló mi hijo hace muchos años en un momento difícil que superé sumergiéndome en una preciosa historia de amor en edad de cabellos blancos y calor humano, que tan bien sabe describir su conocida autora, más conocida por su preciosa novela Los buscadores de conchas, que ya comenté hace años en este blog.


Hace unos días he terminado de leer El regreso, de Rosamunde Pilcher también, creo que ya he leído todas sus novelas traducidas al castellano. Y creo que seguiré viviendo este solsticio de invierno -si la vida lo quiere- refugiada en la lectura de libros en papel, (qué triste tener que detallar libros de papel) alejándome de la pantalla y las redes sociales, cada día más frías con sus políticas... Y creo que en mi próximo post en este blog seguiré sacando borradores guardados, coincidiendo con el año, haciendo esta limpieza mental y emocional que tanto necesito hace tiempo y he ido callando y reflexionando, como los buscadores de conchas, siguiendo mis propias sombras y huellas.


Hoy es lunes 22 de diciembre, ya estamos en el Sol del solsticio de invierno, ya ha pasado la lotería de los dos patitos, y como siempre, me reintegran participación... Me paso la vida reintegrándome, y no hay manera, como los políticos que no se reintegran a la sociedad... Seguiré mis huellas, haciendo limpieza. Esta es otra de las páginas que tenía guardadas en borrador, y como vengo diciendo hace unos días, quiero sacarlas todas antes de terminar el año. Anoche fotografié el primer cielo nocturno de este invierno, intentando captar el nuevo cometa Lovejoy (bonito nombre) a los pies de Orión... Quedan noches, dicen los expertos que cuando más lucirá será a primeros del nuevo año 2015. Voy a intentar divertirme, vamos a ntentar divertirnos, por encima de loterías y políticos.

¡Feliz solsticio de invierno!


Texto y fotos

© EVA HUARTE


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