domingo, 5 de octubre de 2014

Baño de mar entre diamantes y cormoranes

 

Hace días que los vecinos del pueblo sabíamos que este domingo 5 de octubre se celebraba de nuevo una prueba ciclista, que ni quiero darle publicidad poniendo el nombre de los organizadores, ya que por esta prueba de bicicletas, la carretera principal queda cortada desde Montgat hasta Calella, prácticamente toda la Costa del Maresme. Esto representa una ruina para los comerciantes, restaurantes, gasolineras... Aunque también tiene una ventaja, y es que al quedar prácticamente aislados todo está más tranquilo, y la playa con apenas tres vecinos. Así que mi plan era pasar este domingo en la playa.


Pero mi gozo en un pozo cuando mi gatita Mini, a las seis de la mañana, me ha despertado asustada por los rayos y truenos, de nuevo. He fotografiado dos o tres rayos pensando si se anularía la prueba ciclista y si me fastidiaría el día... Y poco antes de las 7h., han pasado y parado motos policiales y una furgoneta con obreros que iban poniendo los conos en la carretera, bajo una fuerte tormenta. Otro policía gritaba por el móvil diciendo que faltaban voluntarios en el puerto... Y yo pensaba en la voluntad u obstinación del hombre en hacer lo programado a pesar de las inclemencias del tiempo. ¿Tan importante es esa prueba ciclista? Me preguntaba. La lluvia ha cesado poco a poco y han aparecido las primeras bicicletas y ciclistas. Llegan un par de voluntarios y uno le dice al otro. ¡Joder... La pasta que valen esas máquinas! ¿Sábes lo que vale eso? Al menos ocho o nueve mil euros cada cacharro... Y cada día más gente en el paro... Me he puesto de un mal humor terrible. Pero como el tiempo es casi siempre imprevisible, al poco rato han empezado a aparecer los primeros rayos de Sol... He vuelto a tender la colada y a mediodía sí, he ido caminando tranquila a la playa, sin coches, casi nada, casi nadie... Silencio.


Y ahí estaba, azul, limpia, brillante, casi vacía, dos parejas a la izquierda y tres mujeres solas a la derecha, separados todos por muchos metros de distancia. Una madre ya se iba con sus hijos, una mujer se acerca al verme hacer fotos, conversamos las incidencias del día, miramos los barcos, helicópteros, nos reímos, nos bañamos en el agua limpia y tranquila a temperatura ideal, salpicada de millones de diamantes. Grito de felicidad dentro del mar. Y al salir contemplamos a otra mujer nadando entre esos millones de diamantes que el Sol generosamente nos ha regalado alegrando el día.


Mi amiga espontánea me ha preguntado si no hacía fotos a esos animales que hace días están en las rocas. De lejos los he distinguido. ¡Cormoranes! Siempre los fotografío de lejos, volando, se asustan. Pero mi amiga dice que no. Y la prueba ha sido ver a la otra mujer bañándose junto a ellos y entre diamantes... Era como un espejismo, un rincón del paraíso.


Es así como el día triste y malhumorado se ha convertido en alegría. He disfrutado como una niña bañándome y fotografiando a los cormoranes más cerca que nunca. Ellos haciéndose la toilette y dándose su baño de domingo sobre unas rocas envueltas en diamantes. Y nosotras bañándonos entre risas y sonrisas, con una sensación inmensa de aspirar y respirar felicidad y libertad... Entre diamantes y cormoranes.


A pesar de los helicópteros, a pesar de las bicicletas, ahí estábamos tres mujeres como en un pequeño paraíso, en otro mundo, tan lejos y tan cerca... felices y sonrientes, compartiendo la misma felicidad.


Y ahí estaban los cormoranes tomando su baño de Sol y diamantes.
He vuelto a casa celebrando el día, sonriendo...
Mientras oía voces a lo lejos animando y aplaudiendo a los ciclistas.

Texto y fotos

© EVA HUARTE

2 comentarios:

  1. Hermoso relato y bellísimas fotos de los cormoranes que, confieso, siempre he visto de lejos. Gracias por compartir con nosotros tu domingo.

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    1. ¡Gracias, Francisca! La verdad es que no esperaba este día magnífico al despertar con rayos y truenos. Es increíble en pocas horas cómo puede cambiar el día... Como la vida. Los cormoranes han puesto el broche de oro. Nunca me había acercado tanto sin que lanzaran el vuelo asustados, ni mucho menos imaginaba que podríamos bañarnos a su lado. Un verdadero placer y privilegio.
      Un abrazo*

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