lunes, 11 de agosto de 2014

Fiesta de la Luna de agosto 2014



 Antes de que las máquinas estuvieran en manos de una mayoría, pocas personas contemplábamos noche tras noche la Luna en cada una de sus fases, tamaños brillos y movimientos. Ahora, desde hace unos años, casi todos la miran y fotografían, a ver quién hace la mejor foto, a ver quién la luce más bonita... Como un concurso de belleza.Y la Luna siempre es la misma, y siempre es distinta, siempre arrojando su influjo y magnetismo, sobre el mar o la montaña, entre las ramas de los árboles o entrando en casa por la ventana. Siempre nos hace mirarla, aunque sea para captarla con la máquina sólo como un punto de luz brillante. Andamos buscando su luz, por tanto que la necesitamos...


Estos atardeceres y noches he ido fotografiándola en distintas condiciones. El viernes pasado, tres días antes de su plenilunio de ayer domingo, me sorprendió desde el escritorio viéndola aparecer a través de los cristales de la ventana envuelta en un aura irisada y derramando su cabellera platino sobre el mar, mientras cruzaba su estela un transatlántico y los barcos del puerto encendían sus luces como preámbulo de su fiesta.


El sábado 9 de agosto volvió a sorprenderme desde la ventana,


esta vez entre franjas de finas nubes por donde parecía asomarse con cara de ser Ella la sorprendida, tímida,


quizá, al ver como tantos humanos la esperábamos mirando al cielo con nuestrás máquinas en la mano.


Y ayer domingo, 11 de agosto, sí la esperaba y fui a la playa a buscarla. Ninguna sorpresa especial, no más grande que tantas veces, no mucho más brillante que tantas veces... Pero era la Luna llena de agosto, y siempre es una fiesta. Ahora la Luna está en su perigeo, en el punto más cercano a la Tierra, no en su apogeo, como dicen algunas personas, que aunque parezca contradictorio por la palabra, es cuando está más alejada.


Después de verla elevarse sobre el mar, con tantas personas fotografiándola con sus pequeñas cámaras como la mía, o sus cámaras integradas a sus teléfonos móviles, le di la espalda como este niño que lanzaba sus redes en el caudaloso rio que es en invierno, casi convertido en lago en verano. Era el punto Noroeste, donde acababa de esconderse el Sol tras las montañas, dejando como recuerdo esa preciosa nube rosada que risueña y presumida se miraba en esas aguas ante la mirada infantil lanzando su pequeña red, como queriendo pescarla.


La noche era larga y los ánimos ascendían al ritmo de la Luna y su cabellera platino bañándose en el mar. Eran las fiestas de un pueblo vecino, y junto a la playa se cantaban habaneres, las canciones de los marineros añorados de la mar Mediterrània, se hacía el cremat, el ron calentado al fuego con limón, y la gente en la arena bebía, cantaba, bailaba, corría, reía, y hasta se bañaban en la cabellera de la Luna cuando la fiesta humana terminaba. Y Ella, esta brillante Luna llena de este agosto de 2014, sonreía sintiéndose de nuevo íntima, viendo a pequeñas figuras humanas riendo de felicidad entre las olas que la peinaban.


Parecía que estuviera a punto de amanecer el día, de tanto que brillaba ante un cielo azul zafiro, con pequeñas estrellas que no podían lucirse ante tanto resplendor Lunar. Era la reina de la fiesta. Y Ella lo supo.
Ella lo sabe casi todo, sabe de lo que brilla en nuestras miradas y almas, sabe de nuestras añoranzas, luces y sombras, tristezas y alegrías. Y Ella te hace cómplice de su fiesta, haciéndote sentir, aunque sea por unos momentos, su mejor amiga. Haciéndote sentir, por unos momentos, que sigue siendo tu mejor amiga. Haciéndote sentir, con ella, la reina de su fiesta, la fiesta de la Luna llena de agosto... Un año más, reinas, amigas...

Fotos y texto

© EVA HUARTE

No hay comentarios:

Publicar un comentario