viernes, 4 de julio de 2014

Reflejos... Ecos... Voces de verano


Reflejos dorados en un mar zafiro plateado y dorado, reflejos en ojos dorados, una mar dorada y plateada saltando encrespada de viento a viento como de mirada en mirada, en un atardecer de Sol cenital del verano recien estrenado en este mes de julio de 2014, un año más, un atardecer más, un verano más, mientras las gaviotas crecen saliendo de sus nidos y alcanzan el vuelo gimiendo y llamando la atención a seres humanos desacostumbrados a luces doradas de atardeceres de verano... Desacostumbrados al vuelo, a las aves, al mar, a las crestas de las olas y sus arabescos solares que gimen entre aguas azules plateadas y doradas... La mar, las olas, las miradas, las gaviotas, todos quieren llamar la atención. Es el solsticio estival. Son las voces del verano.


Voces de niños, figuras infantiles como gaviotas queriendo alzar un vuelo sin saber si lo alcanzarán, queriendo alcanzar un vuelo sin saber si lo alzarán, queriendo saltar como las olas sin saber si lograrán saltar, queriendo soñar, volar, gritar, gemir, reír, vivir...


Y él estaba allí, en la mirada dorada, en el atardecer dorado y plateado, en la figura de las gaviotas volando, la del niño soñando ser mar, volar...


Y yo estaba ahí, en él, en ti, en la mar y el atardecer dorado y plateado del verano, en las olas y gaviotas, esas ratas con alas, como las llaman los marinos de alta mar. ¿En qué nos diferenciamos? Pensaba. Las mismas dudas, ¿dudan al volar? La misma necesidad de supervivencia, la misma torpeza o seguridad, la misma posibilidad de volar, volar... Viendo tu reflejo en las gavioas sobre las olas y la mar. Sin ellas ¿Cuál sería mi miseria? Mis dudas, mi mochila, mi equipaje, mis alas, mis gemidos, mis enemigos, mis reflejos...


Y algo más, alguien más, queriendo formar parte de mi equipaje, de mis dudas, mi imagen... mi vuelo... Nadie soñará por mí, nadie me llamará, nadie me gritará... Sigo sujeta aquí y más allá.

He paseado un tiempo con Hades en su cielo, en lo que llaman infierno, y Hades me ha dado la llave para salir y vivir un poco en el paisaje de verano, un paisaje conocido, familiar, bello, carroñero, sutil, vulgar... Hades tiene la llave, te lleva y te trae, Hades te corta los hilos o el vuelo, te deja libre o te sujeta hasta el infierno, dejándote libre sabiendo que nunca más lo estarás. Solo son reflejos, reflejos... y voces de verano... Un verano más. Voces de verano, ecos... entre aquí y el más allá. Y escribo en la arena mi paisaje, mi cielo, mi infierno, las aguas lo borran y se lo llevan, y en sus arabescos queda escrito mi nombre, nuestros nombres, nuestro paisaje, mis dudas, mi luces, gemidos, mis sombras, mis reflejos... Nuestras voces, nuestros ecos... Voces de verano. Ecos de otras voces de verano. Un poco más.

Texto y fotos

© EVA HUARTE

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