viernes, 28 de febrero de 2014

Último atardecer de febrero 2014

 

Siempre lo digo, lo sé, son los meses más fríos los que menos me gustan del año, enero, febrero y marzo, los dos primeros los soporto por las preciosas salidas y puestas de Sol, por los almendros desputando sus flores blancas y rosas vistiendo los campos de puntillas como un desfile de novias...


Pero el mes de marzo es el más cruel, aunque los días alarguen su luz, a medida que el Sol va subiendo se va alejando también saliendo y poniéndose más hacia el norte, quedando fuera de mi visión privilegiada desde mi ventana de cara al mar. Ya no puedo fotografiar los amaneceres y atardeceres de antes, ya no puedo contemplar el milagro de ver al Sol asomarse sobre el horizonte mar, atravesando los cristales con sus primeros rayos dorados penetrando en mi casa, ni puedo contemplarlo poniéndose sobre la montaña mirándose en el mar hasta el último instante. Ahora lo veo entre los árboles de noroeste...


Los vientos y las nieblas aparecen cuando menos lo esperas y el cuerpo está más frágil por las energías perdidas durante el largo y frío invierno, es agotador. Hay un viejo y sabio refrán catalán que lo define muy bien: Març marçot, mata a la vella a la vora del foc i a la jove si pot. Marzo marzote, mata a la vieja cerca del fuego y a la joven si puede. No rima bien pero se entiende que marzo, considerado el mes más ventoso del año, se lo carga todo. Y junto al mar es más duro aún, el viento es frío y húmedo, se instala en el cuerpo, esto he oído también desde niña decir siempre a los mayores. Y ahora ya lo digo también.


Por eso marzo tiene mala fama, por eso nunca me ha gustado marzo, y ahora aún me gusta menos.


Un 29 de marzo se llevó físicamente a mi padre, un 29 de marzo tuve un grave accidente que por poco no lo cuento, y el pasado 30 de marzo se llevó físicamente a la persona amada y que me amaba, aunque se instaló dentro de mi cuerpo y de mi alma como el mes de marzo, aunque siga por la casa, por el bosque, por la playa, vaya a donde vaya. Solo empiezo a aceptar que se ha ído físicamente, que no puedo físicamente verlo ni tocarlo. Pero sigo sintiéndolo y siempre nos vemos, nos miramos, nos sonreímos, nos hablamos...


A él tampoco le gustaba el mes de marzo. Coincidíamos en esto también, aunque siempre le dijera riendo, No tenemos nada que ver, somos tan distintos... Y él siempre levantaba las cejas, sonreía y decía; Tenemos más cosas en común de lo que imaginas...


Y así he vivido este último atardecer de febrero, temiendo que empiece marzo mañana sábado, el día que se fue... Y miraba las nubes y sus formas, unas parecían derramarse como una fina lluvia sobre el mar y la montaña de Barcelona, otras parecían montañas nevadas cabezas o setas gigantes, y otras, como ésta, me parecía un rostro formando un corazón sobre la copa de los dos pinos que siempre fotografiábamos bajo las estrellas... Mientras el día se alarga disfruto más horas leyendo el cielo y sus formas mágicas... Mientras los días se alargan y las noches se acortan voy reviviendo su último febrero, sus últimos días de marzo, su último mes de su último año... Donde para mí también se detuvo el tiempo... aunque el corazón siga latiendo.

Texto y fotos 

© EVA HUARTE



miércoles, 26 de febrero de 2014

"Entre dos aguas"


Sigo contando los días y las horas, semanas y meses, desde el día que Paco Elvira abandonó este planeta, sigo pasando los días y las noches como una prisionera grabando palitos en la pared sin saber cuándo saldrá liberada. Pronto hará once meses, este mes de febrero no tiene día 30, el número del día que Paco se fue. Siento que algo se altera, algo cambia, es como un pequeño salto en el espacio tiempo aunque no sepamos si existe ni si lo dominamos. Esta ha sido la necesidad y obsesión del ser humano, controlar el tiempo espacio, intentando poner orden, intentando entender lo que no entendemos en nuestro entorno ni en el universo, y que tantas veces, como ahora, sentimos que se dan la mano.


Esta mañana he leído la noticia de que el guitarrista Paco de Lucía ha dejado también este planeta...
He sentido un silencio profundo al tiempo que sentía el acompañamiento de tantas notas rasgueos y poemas que han cantado las cuerdas de su guitarra. Paco de Lucía, sin duda, ha sido el gran maestro para varias generaciones amantes de la música, de la guitarra, del flamenco, de esa revolución dando el salto entre el flamenco y el cante profundo de su amada Algeciras, pasando por la música clásica de Falla, Albéniz, Joaquín Rodrigo... llegando al jazz más internacional casi sin saberlo. Como decía él mismo; Nunca he planeado nada en mi vida, todo ha sido espontáneo, todo ha venido por sí solo.


Paco de Lucía forma parte de mi educación cultural, en el mundo musical de Barcelona donde me movía de jovencita, era para la mayoría el gran ejemplo de la genialidad sin solfeo, de la espontaneidad, el duende, la figura casi inmutable, la mirada profunda, la concentración en los dedos y el corazón abierto. La cabeza que piensa y sigue el ritmo del corazón en las cuerdas de la guitarra, la comunicación con los amigos creando la música que alimenta el alma. El hambre física se puede saciar, pero el hambre de espíritu no se puede. Nunca tienes bastante. Decía siempre.
Y forma parte también de la educación cultural y musical de mi hijo siendo muy niño, escuchando juntos continuamente el disco de vinilo, Entre dos aguas.
Aquí podemos ver y escuchar una de las primeras interpretaciones públicas de Entre dos aguas



Recuerdo la alegría y sorpresa del grupo de amigos músicos el día que Carles Benavent, -a quien todos considerábamos el mejor músico e instrumentista de guitarra baja en Barcelona, miembro entonces del grupo de rock català Música Urbana, creado junto a Albert Amargós- dijo que Paco de Lucía le había propuesto tocar con él... Éramos grandes admiradores del genial guitarrista que poco después tendría amistad y daría conciertos con músicos de funky- jazz como John McLaughlin, Larry Coryell, Al di Meola, Chick Corea... formando parte del universo de los grandes músicos internacionales, fusionando el mejor flamenco con el mejor jazz. Y tuve el privilegio de estar físicamente cerca como periodista y a través de los amigos músicos. Fue una época magnífica llena de creatividad, donde la música poesía pintura y literatura respiraban por las calles como si en el mundo no existiera nada más.

Aquí años después acompañado por John McLaughlin en una de sus magníficas actuaciones:



Hoy la Tierra ha quedado en silencio y en el cielo suena la mejor música. Me emociona sentir cómo entre todos vamos llenando el gran vacío, intentado unir cielo y Tierra con la música de Paco de Lucía, para no sentirlo tan lejos, para que no se sienta tan alejado,  para que vaya poco a poco, con buen ritmo, como a él le gustaba.  Al ritmo del corazón humano.

Hoy he pensado que se encontrarán dos seres humanos de nombre similar, de un año de diferencia en llegar y dejar el planeta Tierra, llenos de sensibilidad y bondad, de gran creatividad. Hoy siento más cerca cielo y tierra, cielo y mar. El mar es lo más bonito que hay, decía Paco de Lucía, lo decía Paco Elvira también y lo digo siempre también. Hoy, más que llamarse Tierra, siento que nuestro planeta se llama entre dos aguas, transparentes y limpias, llenas de música... Y no encuentro otra manera de dar las gracias.

Texto y fotos Eva Huarte

viernes, 14 de febrero de 2014

Barcos, faros, olas y gaviotas enamoradas...


Éstas son las imágenes del precioso espectáculo que ayer al atardecer provocaron los fuertes vientos de Poniente que nos acompañan hacen semanas. Es un esfuerzo físico caminar por la playa contra el viento, al contrario que les ocurre a las gaviotas, siempre de cara al viento a la orilla del mar, como si cargaran energías para poder volar y planear con toda facilidad.


Ayer las contemplé durante horas, son admirables y fascinantes, en grupo, el padre y la madre o abuelos, de gran tamaño, controlando todo, y cuando les parece que se acerca un peligro, empiezan a gritar con esos graznidos tan peculiares, (con Paco hablábamos si graznido es la expresión correcta para las gaviotas).


Y empiezan a volar las más pequeñas y blancas, las llamadas Riallera o Reidora, eso me lo enseñó Paco también. Y las más grandes, las llamadas Argéntea, de tono oscuro plata, siguen firmes en guardia y son las últimas en abandonar el lugar. Adoro verlas volar sobre el mar en contraste con el Sol y las olas...


Y adoro esta imagen de las barcas de pesca con sus redes cargadas o medio llenas, o incluso a veces casi vacías, entrando a puerto dando un giro abierto para no encallar en las rocas guardadas por el faro, con las gaviotas volando y graznando a su alredor como guías del barco y avisando a los de tierra que ya llega la pesca... Es una imagen que me fascina desde niña y no puedo dejar de contemplarla, imaginando la vida en alta mar... más allá del horizonte... Esta es mi metafísica, por eso no puedo dejar de vivir junto al mar Mediterráneo.


Con sus colores jades, turquesas, zafiros, diamantes y esmeraldas... El mar es para mí como un cofre abierto de piedras preciosas a cada instante cambiante. Aunque algunos pescadores se quejen de que cada día hay menos pesca o que desde Madrid les pongan más problemas para faenar libres en la mar.


Y es que la mar es libertad, donde aún puedes huir encontrándote a tí misma, sintiendo que formas parte de la belleza del planeta y de la vida, y te atrapa, te fascina, ya no puedes dejar de mirarla y respirarla. Será por eso que he conocido desde niña a tantos pescadores con los ojos celestes y la mirada brillante como el Sol de mediodía en alta mar. Será por eso que las gaviotas viven 40 años en cautividad y hasta 36 en libertad junto al mar, libres, y casi rivalizando con los barcos de pesca a ver quién encuentra mejor pieza. Aunque tienen fama de ladronas también, los pescadores a veces las llaman ratas con alas... celosas de sus presas, de sus crías, pero creo que felices, enamoradas de su habitat... O quizá no lo ven como nosotros lo vemos... Siempre me hacen pensar, los barcos, las olas, las gaviotas... ¿Cómo verán el mar?


Es tiempo de amar, esta es la festividad de los enamorados hoy 14 de febrero, en los países escandinavos celebran la llegada de las primeras aves que indican que se aleja el invierno, que se alarga el día, que la naturaleza empieza de nuevo a despertar. Y por eso se hacen regalos y ceremonias como muestra de amor y de amistad. Pero hemos ido de un extremo a otro, y queriendo rechazar la fiesta cristianizada y de consumo rechazamos también toda manifestación de alegría del despertar de la vida de forma natural.


Yo sigo expandiendo mi amor hacia el cielo y el mar, hacia los faros, barcos, olas, gaviotas, que tanto contemplamos enamorados en este mismo lugar... Y sigo enamorada contemplándolo todo como hacíamos siempre, como si fuera su mirada, sabiendo que se fue enamorado, sabiendo que sigue expandiéndose en las aves que tanto amábamos, en el mar y las olas iluminadas por el Sol de mediodía y al atardecer...

La naturaleza empieza de nuevo a despertar. La naturaleza empieza de nuevo a enamorar. Y quiero seguir sintiendo que formo parte de ella, sintiéndome una ola más, una gaviota más, un corazón más.

Texto y fotos

© EVA HUARTE

jueves, 13 de febrero de 2014

Lágrima de Luna


Ha sido un día movido, parecía que el viento de Poniente se había calmado un poco, pero hacia mediodía ha empezado a rugir tan fuerte que parecía que el mundo cantara provocando silbidos entre los barcos y todos los rincones que encontraba. He ido corriendo a la playa para fotografiar de nuevo a las olas con su preciosos colores y formas, rizos y crines blancas. Y volviendo a casa, pensando que tenía buenas fotos, he visto que empezaban a entrar las barcas de pesca seguidas por las gaviotas. Era tan bonito el espectáculo y son tan bonitas las imágenes que he tomado, que quiero disfrutarlas con calma y las reservo para mañana.


Al atardecer he vuelto para fotografiar las nubes rosas y naranjas con las olas, pero en el Este ya estaba la Luna casi llena contemplando el precioso espectáculo relevando al Sol. He esperado un rato para entrar en la hora azul y que la Luna brillara más. Pero tenía dos problemas, el fortísimo viento que me empujaba y la falta de trípode. Resultado, casi todas las fotografías movidas. Al final he hecho el viejo truco casero de poner la cámara en el suelo, casi tocando el agua, resguardada, de lo contrario era imposible. Pero el suelo del puerto estaba un poco desnivelado, y al hacer el clic, le ha salido esta lágrima a la Luna cayendo al mar.


Me ha parecido divertida para ponerla en Facebook, pero siempre recuerdo a Paco que me decía; Aunque sea una sola foto, ponla en el blog, las regalas igual, pero al menos das vida a tu blog. Y así lo hago, con tres fotos. La Luna, con la lágrima reflejada en el mar, y esta, con disparo retardado para que no saliera movida. He hecho más fotos a la Luna con distintas caras, pero, tanto que me gustaba desde niña, ahora, desde hace meses, le sigo teniendo cierto miedo o respeto... Fue la cara de la Luna la última foto que hizo Paco con mi cámara desde mi ventana frente al mar, pocas horas antes de irse para siempre. Y lo sigo llevando clavado en el corazón y la mente, donde está él, y en la cara de la Luna está también. Pero al menos hoy me he atrevido a fotografiarla de nuevo, mirándola a la cara... Aunque sea con una lágrima.

Texto y fotos

© EVA HUARTE

lunes, 10 de febrero de 2014

Ventanas con esteladas arcoíris y fuegos...


Seguían los vientos y lluvia con el mar encrespado desde el pasado sábado, y al caer la tarde, pensando que de nuevo no podría fotografiar la puesta de Sol, veo unos rayos dorados que iluminan el mar entre una lluvia más fina. Rápidamente me he puesto el anorac y he salido a la terraza sabiendo que Sol y lluvia nos regala siempre un arcoíris en el lado opuesto al Sol.


El arcoíris ha sido poca cosa, doble pero débil, cortado por las nubes y la lluvia que ya había cesado. Vuelvo a fotografiar el lado Poniente, donde se ha abierto un claro por donde el Sol filtraba sus rayos iluminando cada vez más el paisaje...


Otra ventana al cielo, pero fría, sólo tonos grises y alguna débil pincelada rosada y dorada en el horizonte.


A pesar de todo la ventana era bonita... Pero ya véis... Mi lucha con el vecino para que cambie su mástil con la bandera Estelada de sitio paró hace días, ya os lo expliqué, pero a la hora de fotografiar las puestas de Sol no puedo evitar encenderme como una hoguera por la imposibilidad de encuadrar la foto que quiero, siempre el mástil en medio queriendo destacar por encima del cielo.


Y de pronto el milagro, en un instante, en el lado izquierdo, el cielo y el mar se han vuelto rojos como mi hoguera interna, empiezo a correr de un lado a otro de la terraza envuelta en ese fuego de cielo y mar, subiendo a una silla, haciendo los ya familiares malabarismos forgianos, esperando que pare el viento un instante, intentando que no aparezca el trapo de la estelada en ningún lado de la foto...


Y no es que quiera meter leña al fuego, bastante hay en el ambiente y más desde ayer que las redes sociales echaban llamas por la noticia de que un par de guardias civiles, el sábado a mediodía, delante de varios grupos de personas que celebraban una fiesta popular, iban mirando las ventanas apuntando las que tenían colgada una Estelada... Un vecino les preguntó qué hacían y se lo llevaron a comisaría por no llevar encima el DNI. Enseguida lo identificaron y soltaron. Pero por las redes ya saltó la noticia con comentarios de lo más divertido, algunos apuntando su dirección y piso para facilitarles la labor...


De verdad que mi fuego interno por no poder fotografiar el paisaje en su totalidad, ni los encuadres que quiero, no llegará al punto de facilitar la dirección del vecino a la guardia civil. Que conste, no sea que si vienen a retirarla me echen a mí la culpa, como suele ocurrirme en tantos temas... Pero ya véis cómo fastidia el paisaje y lo bien que quedaría la Estelada más bajita y hacia la derecha. En esta foto he tenido que recortar un trozo para que no salga... Cada vecino tiene sus valores, y si no nos entendemos entre vecinos ¿cómo vamos a entendernos todos?


Así que he de limitarme a izquierda o derecha del mástil con la bandera. Pero el cielo es generoso, como el mar, como la vida y la naturaleza, la belleza se da, se regala, ella sí se entrega por sí misma sin que nadie le pida nada. Y siempre le doy las gracias. Como me gustaría dárselas al vecino si respetara la belleza de la vida, la belleza que nos regala cielo y mar, y poder compartirla en su totalidad, tal como se da, sin banderas.  Por amabilidad, por belleza y simpatía... Pero qué difícil es para algunos izar esa bandera...

Texto y fotos

© EVA HUARTE