miércoles, 15 de enero de 2014

Pinceladas de Sol y Luna, pinceladas mágicas

 

Solo unas pinceladas pintadas en el cielo los primeros días en que el Sol empieza a ascender, alargando los minutos de luz al amanecer y al atardecer. Ayer al atardecer ya vi que el Sol se ponía un poco más hacia la derecha, hacia el Noroeste, formando un juego de luces resplandecientes entre las nubes y las montañas creando un efecto volcánico, como dijeron algunas amistades en Facebook, un efecto mágico, una luz mágica. El cielo, al fin, estaba limpio y celeste con pequeñas nubes vaporizadas naranjas y rosadas sobre dos pinceles de oro, dos pinceladas doradas reposando sobre las montañas...


Por la noche, desde mi ventana, con el cielo como un cristal azul, me sorprendieron de nuevo las estrellas de la preciosa constelación de Orión, y la Luna casi llena junto a Júpiter, creando otra pincelada mágica, y otra pequeña pincelada artificial que dejaba el paso de un avión. Disparé sin colocar la cámara en el trípode, solo apoyándome en la ventana, y así queda ligeramente movida. Pero necesitaba captar rápidamente ese reflejo de luz, esas pinceladas mágicas que alegran el alma y la mirada.


Al amanecer me han sorprendido nuevas pinceladas poco antes de aparecer el Sol sobre el  horizonte mar. Imágenes que me hacen pensar en las típicas imágenes de pesebre, de estrellas y estelas, y de aviones también, esas pinceladas que dejan los hombres y sus inventadas y potentes máquinas...


El Sol ya se adivinaba en el punto más luminoso sobre esa franja de nubes gruesas en el horizonte.


Y de nuevo la magia, las pinceladas doradas sobre el mar en calma, y la fiel barquita de pescadores siguiendo su ruta hacia los primeros rayos del Sol al amanecer. La soledad de la barca, la soledad del pescador, su fiel cita diaria y callada con el Sol...


Me emociona contemplar día a día su movimiento y fiel complicidad, preguntándome si la barca y el pescador saben de mí... Y quiero pensar que quizá el cielo y el Sol si saben, saben como sonrío al contemplarlos, saben cómo me anamoran día a día... Así, sin más, por su pincelada diaria de belleza y paz.

Y el resto del día, no tiene importancia. Es mi mundo lejos de este mundo de máquinas desequilibrios y crueldades. Es el mundo real, hagan lo que hagan los humanos y sus máquinas. Siempre están y estarán ahí las pinceladas mágicas.

Fotos y texto

© EVA HUARTE



2 comentarios:

  1. Precioso, Eva. La barca no sabrá de ti, pero el pescador cada mañana se imagina que alguien habrá que ve la estela de su barca...

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    1. Precioso tu comentario, Josep Mª, quizá sí el pescador en su soledad piense también si habrá alguien más que esté contemplando esa maravilla. Lo que no imagina es cuánto le agradezco su presencia y cuánto contemplo y fotografío su estela. Son estas pequeñas y sublimes cosas de la vida...

      Gracias por tu precioso y esperanzador comentario.

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