miércoles, 20 de noviembre de 2013

Hay muchos mundos...


pero están en este. Escribió el poeta Paul Éluard, primer marido de Gala, musa mujer amante compañera y cómplice de Salvador Dalí. Y como la presentó Dalí al generalísimo Franco: mi generalísima. La primera vez que leí en su Diario de un genio esta forma de presentar Dalí a su mujer Gala solté una carcajada, Dalí era único para reírse de sí mismo y de casi todo. Y hoy he desayunado con Dalí, ha sido un desayuno poético y un poco surrealista.


Cada día al levantarme voy directa a la ventana a ver con qué luces y colores me sorprenden el mar y el cielo, siendo cada día una pintura distinta, viendo el movimiento diario del Sol acercándose cada vez más hacia el mar. En estos días hace su recorrido por encima de las farolas, así lo veo desde mi ventana escritorio, inspirándome cada día un sentimiento distinto y siempre placentero. Según la luz sé si es el momento de coger la cámara o esperar unos minutos, a veces el disparo es instantáneo y a veces preparo el café esperando el momento idóneo para fotografiar las formas y luces del nuevo amanecer.


Hoy he visto caminos en el cielo, caminos paralelos lapislázuli llenos de luz, y he sonreído a las gaviotas que siempre me enamoran con su vuelo en dirección al Sol del amanecer, me imagino volando con ellas, y entonces vuela mi imaginación. Lo siguiente que hago al despertar mientras tomo el primer café recién hecho con ese aroma que inunda la casa es coger un libro al azar y abrirlo al azar. Hoy he cogido el El caso de Salvador Dalí, de Fleur Cowles, primera edición 1959, Editorial Noguer. Y al abrirlo al azar leo la preciosa Oda a Salvador Dalí que Lorca le dedicó. Dos frases al azar, como dos caminos:

Al coger tu paleta, como un tiro en el ala, -pides la luz que anima la copa del olvido.

Y gozas el soneto del mar en tu ventana


Aún no he entrado en las redes sociales virtuales, pero imagino que hoy, siendo día 20 de noviembre, la mayoría hablará del aniversario de la desaparición del generalísimo Franco, que tanto queríamos olvidar y parece que lo fomentemos año tras año, y que de franco no tenía nada, era un artista del artificio más peligroso para la humanidad, mientras otros lo quieren subir a un altar. Eso ya no es surrealismo, eso es dadaísmo, ya decía Stefan Zweig que las guerras son Dadá, aunque Hermann Broch decía que son Kitsch. Y es curioso, y sobretodo patético, que hoy celebren también el Día universal del niño. ¿Universal? ¿Quién decide estos días? Ya dicen que siempre se dedica un día a los más desfavorecidos. Y todo esto me sigue pareciendo kitsch y dadá, el arte de la apariencia y la hipocresía, el arte del cinismo.



Prefiero otros caminos, otros mundos, prefiero el surrealismo, algo más divertido, no me fastidien las luces que me ha regalado el cielo al despertar, no me fastidien a los poetas y a los libros. Aún quedan caminos... Y niños.

Texto y fotos

© EVA HUARTE

No hay comentarios:

Publicar un comentario