domingo, 27 de octubre de 2013

Viaje de día por mar... Formentera Ibiza Barcelona

Llegada al puerto de Barcelona, 29 septiembre 2013
Las despedidas suelen ser tristes y prefiero hacerlas sencillas, un abrazo, un beso y siempre agradecimiento, al mar, al cielo, a mi pequeña bella y adorada Formentera, y especialmente a las buenas amistades, a esas personas que sujetan el mundo haciendo que todo sea más amable y agradable, más alegre, más vivo, más humano, y real. Por unos días pude vivir esa realidad que tanto necesitaba y sé que no olvidaré, esa paz y armonía, esa belleza y alegría de la verdadera amistad que me hizo feliz. Pero era hora de volver a Barcelona, de cruzar de nuevo el mar de Formentera a Eivissa, de nuevo con un barco de Mediterranea Pitiusa, acompañada por Gerardo y la familia de Joaquín, con esa tristeza disimulada por tener que dejar atrás nuestra pequeña y querida isla con tantos momentos de belleza y alegría.

Salida del puerto de Formentera, 29 sept. 2013
Me despedí de Formentera con la mirada fija en sus preciosas aguas y esa imagen de las dos palmeras en el Port de La Savina, que reciben y despiden a miles de personas y barcas desde hace un siglo o más, si nos guiamos por las fotografías más antiguas. A saber el tiempo que tienen esas majestuosas palmeras que me recibieron por primera vez en los primeros años 70. Y les preguntaba mentalmente, ¿cuántas veces me habéis recibido y despedido? ¿De cuántas escenas de mi vida y emociones sois testigos mudas? ¿Cuántas veces he pensado que quizá sería la última vez que os volvería a ver? Y en el último momento, el cielo de Formentera aún me hizo un bonito regalo; un pequeño arcoíris entre nubes blancas que no me dio tiempo a fotografiar por su corta duración, como cortos sentí que habían sido mis días tranquilos y felices en la isla... Zarpamos puntuales del puerto tomando enseguida una velocidad que en media hora llegamos a Eivissa, sin dejar de pensar en volver cuanto antes, como solemos pensar siempre intentando superar la tristeza cuando nos alejamos del lugar que amamos, de las personas que amamos.

Piscina sin agua en el barco de Baleària hacia Barcelona
Sabía que el día sería largo, sabía que pasaría el día entero en el mismo barco de Baleària que me llevó de Barcelona a Ibiza hacía siete días, ese barco extraño con pinturas extrañas que tanto nos hizo reír a varias personas en el viaje nocturno. (Ver aquí: http://ehuarte.blogspot.com.es/2013/10/viaje-nocturno-por-mar-rumbo-ibiza.html )
Antes de subir al barco que nos llevaría Barcelona me encontré con mi amiga Airun, ya sabíamos de nuestra coincidencia en el mismo barco de ída y vuelta. Y de nuevo, como un milagro, el Sol dispersó las nubes despertando un intenso cielo azul que nos hizo pensar que podríamos bañarnos en la piscina, ya que en el viaje nocturno a Eivissa la piscina estaba llena de agua... Pero este barco es raro, de día, a pleno Sol, la piscina tenía un palmo de agua. Así que nos conformamos quemándonos al Sol y sintiendo la brisa marina...


Eso sí, el toque de humor no faltó, descubriendo a este señor en medio de un pasillo que casi nos dio un susto, sin saber si era el mismísimo rey en persona Carlos III o Napoleón, otra magnífica pintura al estilo naïf para alegrar a los pasajeros que no se podían bañar, ahogando sus penas en el bar a falta de agua en la piscina. Pero a pesar de estos detalles, fue un viaje de vuelta agradable, es una de las cosas buenas de los viajes por mar, tienes tiempo de todo, de dormir, soñar, leer, pensar, mirar hacia delante y hacia atrás, verlo todo con distintas miradas, cambiantes como las olas, como el cielo y sus luces reflejándose en el mar...


Y con estas preciosas luces doradas del Sol chocando contra los modernos y altivos edificios olímpicos Barcelona nos recibió. Pero no queríamos llegar, queríamos continuar la libre travesía cruzando todos los mares, no queríamos la realidad, ya no teníamos aquella ilusión y aquellas caras alegres y sonrientes de cuando llegamos a Eivissa y Formentera hacía siete días. No es lo mismo ir a donde quieres que volver a donde no quieres, y en aquél momento, no quería volver a Barcelona. Pero estaba ahí.


A pesar de la belleza de las siluetas en ese juego de edificios antiguos y nuevos, de piedra vidrio y acero, de las luces doradas y naranjas, me encontraba de nuevo la tristeza dejada siete días atrás, mirando la elevada montaña de Barcelona con el templo del Tibidabo que tanto me fascinaba desde niña, y ahora me entristece, pensando en tantas veces que la fotografió Paco Elvira desde su ventana, las veces que la fotografié... Y miraba Barcelona sintiéndola vacía, como la siento hace tiempo. Pensaba en lo bonito que habría sido haber hecho el viaje juntos, volver juntos... felices. Y pensé en las coincidencias, en que era 29 de septiembre... el 29, y a esa misma hora, fue nuestro adiós para siempre... en este mundo.


Y siguieron las coincidencias igual que al momento de zarpar hacía siete días hacia Eivissa; recibí la llamada de mi hijo poco antes de llegar a puerto, diciendo que venía a buscarme. Y fue una gran alegría pensar que iba a abrazarlo, y fue una alegría para querer llegar adonde no quería, a pesar de ser mi ciudad, donde las caras no eran de alegría a pesar de las sonrisas, excepto las de algunos turistas que no paraban de hacer vídeos y fotografías, con aquellas preciosas luces y colores del horizonte adentrándose en el mar..


Sí, al menos, el recibimiento era bonito, sentía que volvía cargada de buena energía y sabía que me encontraría con mi hijo... Pero no podía evitar pensar en el vacío, en la coincidencia del día mientras fotografiaba la preciosa entrada a Barcelona por mar, con tantas imágenes para fotografiar...Como esta que parece recortada en sombras contra el horizonte dorado, con el Palau de Montjuïc a la izquierda, a la derecha las Tres Xemeneies, y esa escultura de hilos de acero del escultor Andreu Alfaro que tituló Onades, Oleadas... Como las olas del mar, como la vida y las personas que vienen y van... Aunque desde el barco parecía más un dibujo de los meridianos del planeta Tierra, queriendo envolver el cielo y la tierra, queriendo envolver deseos inalcanzables, o queriendo entender el misterio de las coincidencias...

Y pensé que he de volver a Formentera.

Texto y fotos
© EVA HUARTE

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