jueves, 10 de octubre de 2013

Formentera y sus recuerdos, amistades y comidas...

 

Intentar aterrizar y descansar al llegar a Formentera es difícil, es como entrar en un sueño real, un espejismo, y después de tantas horas atravesando el mar la emoción te lleva a todas partes queriendo vivirlo todo en un instante, tan pequeña y accesible que se muestra, humilde y auténtica, a pesar de las nuevas construcciones y señales que indican tener todos los servicios de las nuevas tecnologías. Algo de siesta hice, pero enseguida quise ir caminando a la playa de Ses Illetes, a Sa Sequi, la más cercana al bonito apartamento decorado como la cabina de un capitán de barco que me cedieron Maria y Gerardo, (clic aquí para ver post anterior) cruzando a pie Ses Salines y el Estany Pudent, ese precioso paisaje que hace de espejo del universo y parece concentrarse en el cielo de Formentera para mirarse en su estanque.


Es uno de mis paisajes preferidos que tuve durante años delante de la casa donde viví a finales de los años 70. De día o de noche era un espejo, con Sol nubes Luna y estrellas, una imagen que me quedó grabada para siempre en la mirada y en el alma, recuerdo y reconozco sus colores, esos tonos rosados que se forman con la sal y parece un lago de cuarzo rosa. Siempre que nos caíamos de la bicicleta íbamos directas a mojarnos con el agua de s'Estany, y casi milagrosamente al día siguiente la herida estaba cicatrizada.

Al llegar a la playa enseguida me descalcé para sentir el placer del masaje de su arena caliente fina y blanca en la planta de los pies, entrando al fin en sus transparentes aguas de diamantes turquesas y esmeraldas. Después del baño estaba tan relajada que decidí volver al apartamento, comer algo ligero y dormir, ese era el plan. Pero Formentera es una continua sorpresa, y camino del apartamento recibo llamada de Maria diciendo que estaban con Joaquín Gómez y familia en el Hostal Sa Gavina, a dos minutos caminando.

Blue Bar 2013, (foto propiedad de Blue Bar en Facebook)
Y casi al mismo tiempo recibo llamada de otro buen amigo, Fernando Gayá, de Formentera Mar,  que salía de la isla al día siguiente por asuntos de trabajo. Así que a pesar del cansancio decidí darme una ducha y encontrarme con Fernando que me sorprendió llevándome al Blue Bar, icono por excelencia de Formentera, donde se encontraban los mejores músicos y artistas que pasaron por la isla, punto de reunión especialmente en las noches de Luna llena. Era mi primera noche de nuevo en la isla, preciosa, y al bajar del coche junto al Blue Bar me quedé maravillada contemplando la Vía Láctea y el cielo estrellado de Formentera, después de tantos años... Están todas, decía Fernando. Y no podía definirlo mejor, estaban todas las estrellas. La sorpresa fue también ver el cambio del Blue Bar, que en los 70 apenas era un chiringuito azul con techo de cañas iluminado por velas y candiles, bailábamos y nos bañámos en el mar a la luz de la Luna y las estrellas,  hacíamos pequeñas hogueras en la playa... Guardo el libro titulado Blue Bar... Hablaré otro día. Y de estos cambios en la isla hablamos con Fernando, y de barcos, de los que no saben ni el sabor salado que tiene la mar... De lo humano y lo divino, y brindamos con un magnífico vino blanco de Rueda por la amistad y Formentera.


Dormí como una reina hasta el amanecer que salí para fotografiar los primeros rayos sobre el estanque, y volví a dormir hasta mediodía que me llamó Maria, diciendo que me pasaban a recoger para ir a comer al


Restaurant Es Camí  de s'Estany, junto al Estany des Peix, donde, cómo no, después de la típica ensalada payesa de Formentera nos sirvieron una bandeja de pescados y mariscos que fue imposible terminar, acompañados por un vino blanco llamado El Perro Verde, otro vino de Rueda excelente, que nos recomendó otra amiga de Formentera por la que brindamos a pesar de la distancia.

Can Rafalet, Es Caló, Formentera 2013
Al siguiente día, tras hacer de nuevo las fotografías del Sol al amanecer mirándose en el estanque ( imágenes que publicaré en otro post) quedé al fin con una amiga que recuerdo de los años 70, que pisó por primera vez Formentera a finales de los años 60, quedando tan impresionada que se quedó en la isla, viviendo también unos años en África. Me recogió con su hija y me invitaron a comer un Pà amb coses, como su nombre indica, pan con cosas, en la terraza de Can Rafalet, en mi amado y adorado Es Caló, el primer lugar donde fui a vivir en 1974 cuando pisé por primera vez la isla.

Can Rafalet, Es Caló, Formentera 1976
Un precioso rincón típico de pescadores donde iban a parar los hippies más pobres, instalándose en la entonces Fonda Can Rafalet, (clic aquí para ver) , y allí coincidíamos casi todos también de día y de noche comiendo a buen precio, viendo las langostas que traían en sus barcas y devorábamos al momento por 50 pesetas... Historias y aventuras dignas de más literatura... Es Caló ha cambiado también, se ha ampliado y asfaltado, pero sigue conservando la belleza de sus aguas transparentes y el paisaje con sus barcas. Aunque vivir lo que fue y ver lo que es, me dio un poco de tristeza. Uno de sus encantos era el silencio y la soledad. Pero la sigo amando y adorando, es cuestión de ir fuera de la época turística estival, conociendo la dureza de sus vientos y grandes olas que a veces parecen querer devorarla. Por la noche volví a Es Caló para fotografiar las estrellas con Joaquín y Gerardo, (reservo las fotografías para otro día) y al día siguiente volví con Airun, mi amiga del barco, nos bañamos y comimos en la playa un arroz que hizo ella.


Y hablando de amistades arroz y comidas no podía fallar la magnífica paella de bogavante que disfrutamos el último día, con Maria y su amiga íntima con sus simpáticas criaturas, Gerardo, Joaquín y familia... De la paella no voy a decir nada más para no povocar un estado de ansiedad a quien lea estas líneas con la barriga vacía, sólo os muestro esta sencilla fotografía...


Y con esta imagen divertida y familiar, esperando que sirvan la paella, os dejo brindando y dando las gracias por las buenas amistades y la belleza del alma y los paisajes de Formentera, que pondré en imágenes el próximo día...
Lástima que en un blog solo se puedan dar miguitas... voy a pensar seriamente en hacer un libro, sería bonito, si encuentro editorial, y Formentera lo merece... sigue siendo mi diosa y mi isla pirata y niña.

(Texto y fotos

© EVA HUARTE)

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