lunes, 7 de octubre de 2013

Feliz travesía Eivissa-Formentera


De nuevo, en el puerto de Eivissa, un bus nos llevaba a la otra punta donde amarran los barcos hacia Formentera, allí nos encontraríamos con mis amigos Maria Serra y Gerardo Ferrero de Mediterranea Pitiusa, a quienes ya avisé por teléfono de que habíamos llegado una hora antes, (ver post anterior). A pesar de mi aspecto de náufraga nocturna, y casi toda la ropa y el anorak encima, el corazón se me iba abriendo al contemplar el mar deslumbrante de los primeros rayos de Sol entre nubes que prometían disiparse. Y ya vi cómo se acercaba su barco procedente de Formentera en una mar como una balsa de aceite.


Me hacía muchísima ilusión encontrarme con Maria y subir a bordo rumbo a Formentera, como hacía en los años 70 en la familiar y amada barca, La Joven Dolores, con su patrón, Manuel Serra, padre de Maria. En aquellos años, La Joven Dolores era la única barca que transportaba coches de Eivissa a Formentera y viceversa, y era todo un espectáculo y aventura ver cargar los coches a pulso entre varios hombres aprovechando cada vez más el espacio a medida que pasaban los años aumentando el turismo, pobre o rico.

Una fotografía enmarcada de La Joven Dolores y su patrón Manuel Serra
A bordo de La Joven Dolores no había clases, todos éramos iguales, estábamos, como se dice, en el mismo barco. Siempre guardaré esos momentos estupendos que marcaron un carácter especial a la isla y a todos los hippies y turistas. El viaje real, la verdadera aventura por mar hacia esa pequeña isla, que muchos denominábamos nuestra isla pirata, empezaba al momento de zarpar en La Joven Dolores, esa preciosa barca de madera pintada de blanco con la borda roja y cubierta verde donde cargaban los coches en proa, con un simpático patrón siempre pacífico y trabajador, poniendo orden al caos que representaba subir cada año más coches y de mayores dimensiones. Las aventuras y anécdotas son dignas de la mejor literatura.


Era un honor y alegría, para mí, estar en la cabina con Gerardo Ferrero, Capitán de la Marina Mercante, compañero y pareja de Maria hace muchos años, cuando decidieron, con amigos y familiares, continuar la profesión de la mar creando  Mediterranea Pitiusa. Me parecía mentira ser una invitada excepcional a bordo de un barco de la hija del patrón de La Joven Dolores, zarpando a una velocidad inimaginable en aquellos años 70, y llegar al puerto de Formentera en poco más de media hora. La visión de puerto volvió a sorprenderme como en el  viaje relámpago del pasado mes de mayo, se ha ido ampliando y está casi irreconocible a como era y lo vi por primera vez en 1974.

Port La Savina, Formentera 1975

Les enseñé a Maria y Gerardo algunas fotografías de la época, con mi hijo en La Joven Dolores y esta, sentada en el puerto en el mes de agosto de 1975, esperando a que llegara La Joven Dolores para cargar mi coche Seat 600 color verde. Cuando vi por primera vez el puerto de La Sabina de Formentera, en 1974,  me quedé maravillada, era como un espejismo, no podía creerlo, la luz era deslumbrante y en el puerto apenas habia tres barcas, recuerdo la San Francisco, la Tanit, además de La Joven Dolores, que transportaban pasajeros y mercancías, y algunos barcos de pesca... Esas dos palmeras erguidas que ahí siguen como pincelada característica, y las sabinas inclinadas como una reverencia de bienvenida a lo largo de toda la playa de arena blanca. Respiré paz, belleza, alegría, respiraba vida, y sigo respirando vida en Formentera a pesar de la vida moderna, con su turismo masivo y las nuevas construcciones y tecnologías...

Port La Savina, Formentera 2013

En el próximo post nos adentraremos en la isla, la amistad y las buenas comidas...

(Texto y fotos: Eva Huarte)




4 comentarios:

  1. Qué bonito relato te está quedando.

    La verdad es que me da mucha pena no haber llegado a conocer La Joven Dolores y esa isla cuando aun era virgen. Me maravilla hoy su belleza y sus cielos pero no puedo ni imaginar la impresión que me hubiese causardo cuando la mano del hombre apenas la había ensuciado (que no cambiado, pues eso hace milenios que lo hizo y la transfomó en una isla humana, marinera y feraz, pero sin dañarla pues fue plegándose a ella, respetándola, asumiendo su naturaleza a un tiempo dulce y áspera). Lástima; me ha tocado vivir una época en la que ya no queda (casi) nada verdaderamente virgen.

    Un abrazo.

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    1. Gracias Oddiseis, me alegra mucho que te guste, aunque la verdad no disfruto escribiendo en un blog teniendo que resumir tanto con tanto que hay para explicar, como digo, digno de un libro.

      Sé que amante como eres de cielos y estrellas y de Formentera habrías guardado para siempre la impresión de descubrirla y vivirla cuando aún conservaba su personalidad de isla apenas conocida ni pisada por turistas, cuando el paisaje no estaba envuelto en palos y cables eléctricos, ni antenas de televisión o móvil, cuando la isla entera te quedaba a simple vista sin las construcciones actuales ni carreteras señalizadas cortando el paisaje. La cruzábamos a pie o en bicicleta, los coches eran excepcionales, traídos siempre por La Joven Dolores, atados con cuerdas y a riesgo de caer al mar cuando había oleaje. Me maravillaba ir de un lado a otro de la isla entre pinos y sabinas acompañada por su preciosas lagartijas turquesas y esmeralda, el aroma oxigenante y el sonido de las cigarras... Por las noches, como te comenté la noche que estuvimos con Gerardo en Es Caló fotografiando las estrellas, la isla se convertía en un pesebre, otro espejismo, iluminada sólo por las estrellas y algunas pequeñas luces de velas o candil que indicaban dónde había una casa, un hogar, y podías caminar sin perderte a la luz de la Luna o las estrellas. Esa era parte de su magia. Aunque también me pregunto cuántas personas estarían dispuestas hoy día a vivir sin luz ni teléfono y coger el agua de la cisterna o en bidones cuando llovía... Personalmente, repetiría, volvería a esa preciosa época. Y sé cómo habrías disfrutado fotografiando las estrellas sin reflejos eléctricos por ningún lado... Aunque tampoco sé si entonces podrías hacer las mismas fotografías con cámara analógica.

      Siempre digo que de Formentera se ha hecho mucha música pero poca literatura. Voy a continuar con mi relato, aunque sea muy resumido, con ganas ya de relatar la noche que me enseñaste a fotografiar la Vía Láctea... Voy haciendo poco a poco, como aprendí en Formentera, sin prisas... es cuando sale la poesía que pocas personas valoran hoy día.

      Un abrazo.

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  2. Yo sí te valoro y estoy viajando contigo como una lagartijita azul encima de la página de tu libro, mientras tú sentada contemplas, el paisaje y su lejanía que con el pensamiento tan bien relatas.

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    1. Gracias, Virginia, me alegra lo que dices, y me hace gracia imaginarte como una lagartija azul, las lagartijas son grandes protagonistas de la isla, están por todos los rincones, son bonitas y simpáticas, tanto, que hubo un tiempo en que un grupo de turistas alemanes se dedicaban a cogerlas y guardarlas en botes de cristal para llevárselas a su país... Otro tema para escribir.
      Un abrazo, Virgin*

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