jueves, 31 de octubre de 2013

Aniversarios, los días las horas y las coincidencias...

28 de octubre 2012, Barcelona desde El Maresme, así la tituló y publicó

Hace pocos días vino a casa un buen amigo y me trajo un bonito regalo, me hizo pensar en el momento en que Denys Finch Hatton regalaba a Karen Blixen una brújula, para que no se perdiera en el desierto y la selva africana. Mi buen amigo Pep, que acudió a mi llamada sabiendo que necesito hablar y llorar me dijo; Sé de qué me hablas, la desaparición de una persona muy querida en circunstancias imprevisibles es un golpe difícil de superar, además, estamos envueltos en hipocresías y materialismo estúpido donde sólo se preocupan de lo superficial... Me sentí comprendida, y me trajo el regalo de su auténtica amistad, con una preciosa caja redonda de madera que compró hace años en Vietnam, con los signos zodiacales chinos labrados en marfil alrededor. Al abrir la caja, descubrí en el centro una pequeña brújula... Le sonreí y agradecí; Ahora sé que no me perderé.


A cambio, le regalé a mi buen amigo el libro EL MISTERIO DE LAS COINCIDENCIAS, que leí hace años y del que he hablado y escrito muchas veces, y hablamos tantas veces también con Paco incluso en nuestra última comida juntos, su última comida de vida en este mundo, aquí en casa. Recordé que era viernes 29 de marzo, el día en que mi padre dejó este mundo, hace años, y le expliqué sus últimos momentos, cómo mi padre, de 90 años, pidió un reloj de pulsera, porque estaba cansado de dar cuerda al que llevaba hacía tantos años, dijo.... Mi hermana mayor le llevó el reloj ese 29 de marzo, y mientras todos a su alrededor sufrían intuyendo el momento final, mi padre dijo con la lucidez de siempre, ¿Ya lo habéis puesto en la hora buena? Hoy cambian el horario. Y todos se quedaron parados, nadie pensaba en el cambio de hora ante la intuición de las últimas horas de vida de mi padre. Al cabo de un año, en el primer aniversario de su extinción, el 29 de marzo, tuve un grave accidente de coche del que sobreviví por milagro

28 de octubre 2012, publicada por Paco en FB

- Ostras...- dijo Paco al escuchar mi relato- a veces hay cosas que no se entienden, no sabes si son coincidencias casualidades o qué es... no sabes de dónde vienen... No sabemos nada.

¿Cómo íbamos a imaginar ninguno de los dos que al día siguiente, 30 de marzo y con el cambio de horario, Paco se iría para siempre?¿Cómo voy a olvidar ningún 29 y 30 de cada mes? Cada sábado, domingo...
Por eso también le regalé el libro de El misterio de las coincidencias a mi amigo, ya no lo quiero, le dije, ya no quiero saber nada ni creo en nada, ni en horóscopos, ni en planetas, ni quiero saber de extrañas coincidencias que ni Paco entendía pocas horas antes de irse para siempre. Porque sí, porque la vida va a su bola, porque tiene su forma de hacer, y como me dijo una buena vieja amiga profesora de filosofía: La vida no existe para que la entiendas, aunque intentemos entenderla. 

30 de marzo 2013, con estas nubes desde mi ventana se fue para siempre

Al anochecer de ese 29 de marzo de este año 2013, en esa recién estrenada primavera, tan triste para él por tantos problemas que tenía, y tan triste para mí viéndolo a él así a pesar de mis esfuerzos por animarlo, lo acompañé a la estación para subir al tren que lo llevaría a su casa, quería estar ahí de buena mañana porque tenía que adelantar los exámenes de dos alumnos que tenían Erasmus. Pero al día siguiente, sábado día 30, a mediodía, subió al tren hacia El Garraf de donde ya no volvió, y tuvimos que ir a buscarlo un día y medio después de su desaparición... Se fue en busca de la luz, se fue con el viento y las nubes primaverales, en uno de los fatídicos escenarios de su novela Un día de mayo. Ha tenido un final más literario que fotográfico, le dije a Xavier Vinader, uno de sus mejores amigos. http://ehuarte.blogspot.com.es/2012/10/presentacion-del-libro-de-xavier.html 

Atardecer ayer 30 de octubre 2013, Barcelona desde El Maresme

Ayer, 30 de octubre, habrías cumplido 65 años, que tanto pánico te daba cumplir, no me gusta nada cumplir años, me decías. No te gustaba perder tu cara de niño, tu encanto, que tanto utilizabas y sabías que te funcionaba, ni te gustaba ver que la fotografía ya no tenía futuro, porque todos hacen fotos, decías, y veías que ya no podrías seguir viviendo de la fotografía... Ayer, 30 de octubre, se cumplían siete meses de tu desaparición, y te escribí, lo sabes bien, una larga carta explicando muchas cosas, con la intención de publicarla aquí en mi blog, no la escribí por ti, ya que lo sabes todo y estamos día y noche hablando, lo escribí para que se sepa la realidad, la verdad de muchas cosas que tanto temen muchas personas... Pero ayer decidí que no publicaría nada, preferí vivir el día en mi intimidad, en secreto contigo, a solas contigo, sin artificios ni compromisos sociales, lejos de ese mundo que tanto te agobiaba porque te recibían como a una estrella del rock, me decías siempre, y ya no lo soportabas...

Ya publicaré otro día. Ayer solo quise pensar soñar y recordar, fotografiando al final del día el precioso atardecer con los colores otoñales de tu doble aniversario, como un arcoíris doble reflejándose en el mar. Fue como un regalo del cielo, donde tú estás, un regalo tuyo, pensé, y lloré, te hablé como siempre, y te sonreí, nos sonreímos en complicidad.

Ahora la mayoría social celebra el Halloween, el Día de todos los Santos y el Día de los difuntos, fiestas representativas del otoño, de la Tierra que durante un tiempo dejará de dar sus frutos, de la caída de la hoja... Y yo no celebro nada ni quiero saber nada, seguiré cocinando comiendo y bebiendo para ti y por ti, como hacíamos siempre, como sigo haciendo aunque no estés, que estás... Aunque ya no cocine tan bien como antes. Y seguiré hablándote y escribiendo todo lo que añoro, todo lo que me duele, y las torpezas que seguimos haciendo los humanos, girando en un planeta tan acelerado sin saber hacia dónde vamos... Aunque quizá ahora tú sí lo sabes...

Hoy sólo quería recordar tus aniversarios, tu llegada y despedida en este planeta un mismo sábado y día 30, de otoño y primavera... sólo quería recordar esos días y esas horas envueltas en el misterio de las coincidencias.

Texto y fotos

© EVA HUARTE






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