jueves, 31 de octubre de 2013

Aniversarios, los días las horas y las coincidencias...

28 de octubre 2012, Barcelona desde El Maresme, así la tituló y publicó

Hace pocos días vino a casa un buen amigo y me trajo un bonito regalo, me hizo pensar en el momento en que Denys Finch Hatton regalaba a Karen Blixen una brújula, para que no se perdiera en el desierto y la selva africana. Mi buen amigo Pep, que acudió a mi llamada sabiendo que necesito hablar y llorar me dijo; Sé de qué me hablas, la desaparición de una persona muy querida en circunstancias imprevisibles es un golpe difícil de superar, además, estamos envueltos en hipocresías y materialismo estúpido donde sólo se preocupan de lo superficial... Me sentí comprendida, y me trajo el regalo de su auténtica amistad, con una preciosa caja redonda de madera que compró hace años en Vietnam, con los signos zodiacales chinos labrados en marfil alrededor. Al abrir la caja, descubrí en el centro una pequeña brújula... Le sonreí y agradecí; Ahora sé que no me perderé.


A cambio, le regalé a mi buen amigo el libro EL MISTERIO DE LAS COINCIDENCIAS, que leí hace años y del que he hablado y escrito muchas veces, y hablamos tantas veces también con Paco incluso en nuestra última comida juntos, su última comida de vida en este mundo, aquí en casa. Recordé que era viernes 29 de marzo, el día en que mi padre dejó este mundo, hace años, y le expliqué sus últimos momentos, cómo mi padre, de 90 años, pidió un reloj de pulsera, porque estaba cansado de dar cuerda al que llevaba hacía tantos años, dijo.... Mi hermana mayor le llevó el reloj ese 29 de marzo, y mientras todos a su alrededor sufrían intuyendo el momento final, mi padre dijo con la lucidez de siempre, ¿Ya lo habéis puesto en la hora buena? Hoy cambian el horario. Y todos se quedaron parados, nadie pensaba en el cambio de hora ante la intuición de las últimas horas de vida de mi padre. Al cabo de un año, en el primer aniversario de su extinción, el 29 de marzo, tuve un grave accidente de coche del que sobreviví por milagro

28 de octubre 2012, publicada por Paco en FB

- Ostras...- dijo Paco al escuchar mi relato- a veces hay cosas que no se entienden, no sabes si son coincidencias casualidades o qué es... no sabes de dónde vienen... No sabemos nada.

¿Cómo íbamos a imaginar ninguno de los dos que al día siguiente, 30 de marzo y con el cambio de horario, Paco se iría para siempre?¿Cómo voy a olvidar ningún 29 y 30 de cada mes? Cada sábado, domingo...
Por eso también le regalé el libro de El misterio de las coincidencias a mi amigo, ya no lo quiero, le dije, ya no quiero saber nada ni creo en nada, ni en horóscopos, ni en planetas, ni quiero saber de extrañas coincidencias que ni Paco entendía pocas horas antes de irse para siempre. Porque sí, porque la vida va a su bola, porque tiene su forma de hacer, y como me dijo una buena vieja amiga profesora de filosofía: La vida no existe para que la entiendas, aunque intentemos entenderla. 

30 de marzo 2013, con estas nubes desde mi ventana se fue para siempre

Al anochecer de ese 29 de marzo de este año 2013, en esa recién estrenada primavera, tan triste para él por tantos problemas que tenía, y tan triste para mí viéndolo a él así a pesar de mis esfuerzos por animarlo, lo acompañé a la estación para subir al tren que lo llevaría a su casa, quería estar ahí de buena mañana porque tenía que adelantar los exámenes de dos alumnos que tenían Erasmus. Pero al día siguiente, sábado día 30, a mediodía, subió al tren hacia El Garraf de donde ya no volvió, y tuvimos que ir a buscarlo un día y medio después de su desaparición... Se fue en busca de la luz, se fue con el viento y las nubes primaverales, en uno de los fatídicos escenarios de su novela Un día de mayo. Ha tenido un final más literario que fotográfico, le dije a Xavier Vinader, uno de sus mejores amigos. http://ehuarte.blogspot.com.es/2012/10/presentacion-del-libro-de-xavier.html 

Atardecer ayer 30 de octubre 2013, Barcelona desde El Maresme

Ayer, 30 de octubre, habrías cumplido 65 años, que tanto pánico te daba cumplir, no me gusta nada cumplir años, me decías. No te gustaba perder tu cara de niño, tu encanto, que tanto utilizabas y sabías que te funcionaba, ni te gustaba ver que la fotografía ya no tenía futuro, porque todos hacen fotos, decías, y veías que ya no podrías seguir viviendo de la fotografía... Ayer, 30 de octubre, se cumplían siete meses de tu desaparición, y te escribí, lo sabes bien, una larga carta explicando muchas cosas, con la intención de publicarla aquí en mi blog, no la escribí por ti, ya que lo sabes todo y estamos día y noche hablando, lo escribí para que se sepa la realidad, la verdad de muchas cosas que tanto temen muchas personas... Pero ayer decidí que no publicaría nada, preferí vivir el día en mi intimidad, en secreto contigo, a solas contigo, sin artificios ni compromisos sociales, lejos de ese mundo que tanto te agobiaba porque te recibían como a una estrella del rock, me decías siempre, y ya no lo soportabas...

Ya publicaré otro día. Ayer solo quise pensar soñar y recordar, fotografiando al final del día el precioso atardecer con los colores otoñales de tu doble aniversario, como un arcoíris doble reflejándose en el mar. Fue como un regalo del cielo, donde tú estás, un regalo tuyo, pensé, y lloré, te hablé como siempre, y te sonreí, nos sonreímos en complicidad.

Ahora la mayoría social celebra el Halloween, el Día de todos los Santos y el Día de los difuntos, fiestas representativas del otoño, de la Tierra que durante un tiempo dejará de dar sus frutos, de la caída de la hoja... Y yo no celebro nada ni quiero saber nada, seguiré cocinando comiendo y bebiendo para ti y por ti, como hacíamos siempre, como sigo haciendo aunque no estés, que estás... Aunque ya no cocine tan bien como antes. Y seguiré hablándote y escribiendo todo lo que añoro, todo lo que me duele, y las torpezas que seguimos haciendo los humanos, girando en un planeta tan acelerado sin saber hacia dónde vamos... Aunque quizá ahora tú sí lo sabes...

Hoy sólo quería recordar tus aniversarios, tu llegada y despedida en este planeta un mismo sábado y día 30, de otoño y primavera... sólo quería recordar esos días y esas horas envueltas en el misterio de las coincidencias.

Texto y fotos

© EVA HUARTE






domingo, 27 de octubre de 2013

Viaje de día por mar... Formentera Ibiza Barcelona

Llegada al puerto de Barcelona, 29 septiembre 2013
Las despedidas suelen ser tristes y prefiero hacerlas sencillas, un abrazo, un beso y siempre agradecimiento, al mar, al cielo, a mi pequeña bella y adorada Formentera, y especialmente a las buenas amistades, a esas personas que sujetan el mundo haciendo que todo sea más amable y agradable, más alegre, más vivo, más humano, y real. Por unos días pude vivir esa realidad que tanto necesitaba y sé que no olvidaré, esa paz y armonía, esa belleza y alegría de la verdadera amistad que me hizo feliz. Pero era hora de volver a Barcelona, de cruzar de nuevo el mar de Formentera a Eivissa, de nuevo con un barco de Mediterranea Pitiusa, acompañada por Gerardo y la familia de Joaquín, con esa tristeza disimulada por tener que dejar atrás nuestra pequeña y querida isla con tantos momentos de belleza y alegría.

Salida del puerto de Formentera, 29 sept. 2013
Me despedí de Formentera con la mirada fija en sus preciosas aguas y esa imagen de las dos palmeras en el Port de La Savina, que reciben y despiden a miles de personas y barcas desde hace un siglo o más, si nos guiamos por las fotografías más antiguas. A saber el tiempo que tienen esas majestuosas palmeras que me recibieron por primera vez en los primeros años 70. Y les preguntaba mentalmente, ¿cuántas veces me habéis recibido y despedido? ¿De cuántas escenas de mi vida y emociones sois testigos mudas? ¿Cuántas veces he pensado que quizá sería la última vez que os volvería a ver? Y en el último momento, el cielo de Formentera aún me hizo un bonito regalo; un pequeño arcoíris entre nubes blancas que no me dio tiempo a fotografiar por su corta duración, como cortos sentí que habían sido mis días tranquilos y felices en la isla... Zarpamos puntuales del puerto tomando enseguida una velocidad que en media hora llegamos a Eivissa, sin dejar de pensar en volver cuanto antes, como solemos pensar siempre intentando superar la tristeza cuando nos alejamos del lugar que amamos, de las personas que amamos.

Piscina sin agua en el barco de Baleària hacia Barcelona
Sabía que el día sería largo, sabía que pasaría el día entero en el mismo barco de Baleària que me llevó de Barcelona a Ibiza hacía siete días, ese barco extraño con pinturas extrañas que tanto nos hizo reír a varias personas en el viaje nocturno. (Ver aquí: http://ehuarte.blogspot.com.es/2013/10/viaje-nocturno-por-mar-rumbo-ibiza.html )
Antes de subir al barco que nos llevaría Barcelona me encontré con mi amiga Airun, ya sabíamos de nuestra coincidencia en el mismo barco de ída y vuelta. Y de nuevo, como un milagro, el Sol dispersó las nubes despertando un intenso cielo azul que nos hizo pensar que podríamos bañarnos en la piscina, ya que en el viaje nocturno a Eivissa la piscina estaba llena de agua... Pero este barco es raro, de día, a pleno Sol, la piscina tenía un palmo de agua. Así que nos conformamos quemándonos al Sol y sintiendo la brisa marina...


Eso sí, el toque de humor no faltó, descubriendo a este señor en medio de un pasillo que casi nos dio un susto, sin saber si era el mismísimo rey en persona Carlos III o Napoleón, otra magnífica pintura al estilo naïf para alegrar a los pasajeros que no se podían bañar, ahogando sus penas en el bar a falta de agua en la piscina. Pero a pesar de estos detalles, fue un viaje de vuelta agradable, es una de las cosas buenas de los viajes por mar, tienes tiempo de todo, de dormir, soñar, leer, pensar, mirar hacia delante y hacia atrás, verlo todo con distintas miradas, cambiantes como las olas, como el cielo y sus luces reflejándose en el mar...


Y con estas preciosas luces doradas del Sol chocando contra los modernos y altivos edificios olímpicos Barcelona nos recibió. Pero no queríamos llegar, queríamos continuar la libre travesía cruzando todos los mares, no queríamos la realidad, ya no teníamos aquella ilusión y aquellas caras alegres y sonrientes de cuando llegamos a Eivissa y Formentera hacía siete días. No es lo mismo ir a donde quieres que volver a donde no quieres, y en aquél momento, no quería volver a Barcelona. Pero estaba ahí.


A pesar de la belleza de las siluetas en ese juego de edificios antiguos y nuevos, de piedra vidrio y acero, de las luces doradas y naranjas, me encontraba de nuevo la tristeza dejada siete días atrás, mirando la elevada montaña de Barcelona con el templo del Tibidabo que tanto me fascinaba desde niña, y ahora me entristece, pensando en tantas veces que la fotografió Paco Elvira desde su ventana, las veces que la fotografié... Y miraba Barcelona sintiéndola vacía, como la siento hace tiempo. Pensaba en lo bonito que habría sido haber hecho el viaje juntos, volver juntos... felices. Y pensé en las coincidencias, en que era 29 de septiembre... el 29, y a esa misma hora, fue nuestro adiós para siempre... en este mundo.


Y siguieron las coincidencias igual que al momento de zarpar hacía siete días hacia Eivissa; recibí la llamada de mi hijo poco antes de llegar a puerto, diciendo que venía a buscarme. Y fue una gran alegría pensar que iba a abrazarlo, y fue una alegría para querer llegar adonde no quería, a pesar de ser mi ciudad, donde las caras no eran de alegría a pesar de las sonrisas, excepto las de algunos turistas que no paraban de hacer vídeos y fotografías, con aquellas preciosas luces y colores del horizonte adentrándose en el mar..


Sí, al menos, el recibimiento era bonito, sentía que volvía cargada de buena energía y sabía que me encontraría con mi hijo... Pero no podía evitar pensar en el vacío, en la coincidencia del día mientras fotografiaba la preciosa entrada a Barcelona por mar, con tantas imágenes para fotografiar...Como esta que parece recortada en sombras contra el horizonte dorado, con el Palau de Montjuïc a la izquierda, a la derecha las Tres Xemeneies, y esa escultura de hilos de acero del escultor Andreu Alfaro que tituló Onades, Oleadas... Como las olas del mar, como la vida y las personas que vienen y van... Aunque desde el barco parecía más un dibujo de los meridianos del planeta Tierra, queriendo envolver el cielo y la tierra, queriendo envolver deseos inalcanzables, o queriendo entender el misterio de las coincidencias...

Y pensé que he de volver a Formentera.

Texto y fotos
© EVA HUARTE

sábado, 19 de octubre de 2013

Imágenes de Formentera, amanecer y atardecer...

 

Hace casi 20 días que volví de Formentera, pero sigo guardando en el corazón la belleza y alegría de la isla y de las buenas amistades que me brindaron días y noches inolvidables, como resumí en páginas anteriores. Ver aquí el viaje nocturno a Eivissa: http://ehuarte.blogspot.com.es/2013/10/viaje-nocturno-por-mar-rumbo-ibiza.html
Aquí la llegada a Formentera: http://ehuarte.blogspot.com.es/2013/10/feliz-travesia-eivissa-formentera.html
Y aquí recuerdos amistades y comidas: http://ehuarte.blogspot.com.es/2013/10/formentera-y-sus-recuerdos-amistades-y.html


Hoy solo quiero mostrar algunas imágenes de amanecer y atardecer, del amanecer en Ses Salines y Estany Pudent, que procuré no perderme ningún día, a pesar de las nubes que día a día me sorprendían como si avisara de cambio de tiempo, de cielos otoñales, quizá lluvias. Pero todo en Formentera es encantadoramente imprevisible, y casi por arte de magia, el Sol se filtraba entre nubes que se disipaban emergiendo un cielo azul con un Sol cegador y deslumbrante.

Es Caló. Formentera. Septiembre 2013
Es difícil seleccionar solo algunas imágenes que muestren el movimiento continuo de luces y colores alrededor de la pequeña isla, de apenas 20 kilómetros desde el puerto de La Savina a La Mola, el punto más alto de 264 metros sobre el mar cayendo en vertical como un peñasco, siendo Es Caló, el punto llano de la isla antes de la subida a La Mola, una pequeña cala que aún conserva sus barcas y barracas de cañas  incrustadas en el paisaje, con aguas tan limpias creando azules turquesas zafiros y esmeraldas, que brillan en la transparencia dejando ver las rocas que antiguamente mostraban la riqueza del fondo de sus aguas.

Es Caló. Formentera. Septiembre 2013
Peces de todos los colores, erizos, algas... Aquí aprendí de un pescador a coger con una piedra los primeros erizos que comí y entonces solo comían los nativos, y a los de ciudad les parecía una barbaridad, algo insólito y casi se reían cuando les explicaba mis aventuras. Años más tarde, con la llegada de la aparente riqueza, los mismos que se reían pagaban a precio de oro los erizos servidos en un restaurante. Y ahora apenas se ve ni flora ni fauna entre las rocas y sus aguas... Pero sigue conservando su belleza.

Roca desprendida en Cala Saona. Formentera. Septiembre 2013
El segundo día, al atardecer, fuimos a Cala Saona, a la parte surponiente para fotografiar la puesta de Sol, y Gerardo me enseñó esta roca que los fuertes vientos y mareas de invierno rompieron separándola del resto, dejando ver su tierra roja como una herida abierta.


En esta tierra roja se ha puesto de moda rebozar el cuerpo aunque no se sepa si tiene o no propiedades beneficiosas, pero el hecho de envolverse en la tierra de Formentera y sumergirse en sus aguas es siempre un acto purficador para el cuerpo y el alma, empapándote de su fuerza y energía, que despierta la alegría del alma más herida. Yo no lo hice, pero sí lo hicieron unas amigas, que al día siguiente me mostraban su piel sedosa y su sonrisa brillante como si hubieran hecho una gran conquista. La conquista es la belleza y alegría.

Cala Saona, Formentera. Septiembre 2013
Al otro lado, contemplando el Sol que iba bañando el paisaje de oro, entre azules de cielo y mar recortando la tierra en sombras, un caminante solitario, cámara en mano, se sentó junto a esos pilares de piedras que también se ha puesto de moda hacer en distintos puntos de la geografía insular y peninsular, especialmente junto al mar. Se llaman Dones, dones a la tierra, agradecimientos por haber estado ahí, pilares de piedras que van poniendo los caminantes y que en la antigüedad se hacían para marcar el límite de un territorio.
La Falconera, 22 marzo 2013. Foto de Paco Elvira
Y no pude evitar pensar en Paco Elvira y la fotografía que hizo el primer día que fue a La Falconera, al Garraf, y cómo le insistí en que no volviera ahí, que había llegado al límite permitido... Como decían los antiguos exploradores; Más allá, hay dragones, le dije. Pero Paco no me hizo caso... Y me quedé llorando el final de sus días en aquél precioso paisaje de Formentera al atardecer que podríamos haber vivido sonreído y fotografiado juntos, tal como habíamos planeado para este pasado verano que sólo he disfrutado en Formentera lo últimos días entrando ya en otoño...

La Mola. Formentera. Septiembre 2013
Y volví a recordar su último amanecer, sábado como hoy, su último paisaje en aquel peñasco, el último día de mi estancia en Formentera, sábado también, 28 de septiembre, yendo con Maria, Gerardo y amistades al punto más alto de la isla, La Mola, con su magnífico faro tan fotografiado en ese vertical peñasco de 264 metros sobre el mar que tantos vértigos y recuerdos malos y buenos me despertaba... Donde tantas personas han tenido allí la sensación de volar, la necesidad de volar entre el cielo y el mar como las aves que vuelan sin límites, en ese horizonte sin límites, que abre la mirada y el alma. Y siempre me prometo a mí misma volver, siempre... Porque es el más humilde y sublime de los paisajes sin límite. Un éxtasis.

A finales de los años 70, o principio de los 80, vimos como un grupo de franceses ponía una placa dedicada al magnífico Jules Verne en el faro de La Mola, porque, según decían, Jules Verne se inspiró ahí para escribir su novela El faro del fin del mundo. Y no es verdad, Verne se inspiró (sin viajar) en el Faro de Finisterre. Pero cada cual piense lo que quiera por desconocimiento o necesidad de romanticismo intentando absorber una parcela de tanta belleza. En la placa dice A los jóvenes de espíritu. Y eso es lo importante. Esa frase me recuerda a una de mis máximas preferidas de Jack Kerouac en su libro Los vagabundos del Dharma, que leí a finales de los 70 en catalán, con el bonito título, Els pòtols místics, (uno de los libros que regalé a Paco y que me gustaría recuperar): Quiero que mis vagabundos místicos tengan siempre la primavera en el corazón. Y eso me da siempre Formentera, alegría de vida y primavera.

Cala Saona, Formentera. Septiembre 2013
Saliendo de La Mola fuimos de nuevo a Cala Saona para fotografiar de nuevo el atardecer y tomar un mojito prometido con Maria, su amiga y sus criaturas que nos alegraban con sus risas y entusiasmos, y Gerardo, despidiendo así mis últimas horas de estancia en la isla. Y el Sol nos regaló estas luces cromáticas irisadas y etéreas tan significativas de la belleza de Formentera, mirándose en sus aguas.

Cala Saona, Formentera. Septiembre 2013
Y en pocos minutos todo quedó cubierto de azules malvas y platas, emergiendo en el horizonte el islote de Es Vedrá en Eivissa, otra imagen típica con esos árboles como esqueletos donde recuerdo que colgaban los pescados para secarlos, dando una imagen aún más típica y bonita de Formentera. Todo cambia y todo ha cambiado, pero mis seres queridos saben, que si un día me pierdo y quieren buscarme, saben que pueden encontrarme en Formentera, en ese rincón paradisíaco que aún existe, en el límite de la belleza permitida.

Gracias, Formentera

(Texto y fotos

© EVA HUARTE)



jueves, 10 de octubre de 2013

Formentera y sus recuerdos, amistades y comidas...

 

Intentar aterrizar y descansar al llegar a Formentera es difícil, es como entrar en un sueño real, un espejismo, y después de tantas horas atravesando el mar la emoción te lleva a todas partes queriendo vivirlo todo en un instante, tan pequeña y accesible que se muestra, humilde y auténtica, a pesar de las nuevas construcciones y señales que indican tener todos los servicios de las nuevas tecnologías. Algo de siesta hice, pero enseguida quise ir caminando a la playa de Ses Illetes, a Sa Sequi, la más cercana al bonito apartamento decorado como la cabina de un capitán de barco que me cedieron Maria y Gerardo, (clic aquí para ver post anterior) cruzando a pie Ses Salines y el Estany Pudent, ese precioso paisaje que hace de espejo del universo y parece concentrarse en el cielo de Formentera para mirarse en su estanque.


Es uno de mis paisajes preferidos que tuve durante años delante de la casa donde viví a finales de los años 70. De día o de noche era un espejo, con Sol nubes Luna y estrellas, una imagen que me quedó grabada para siempre en la mirada y en el alma, recuerdo y reconozco sus colores, esos tonos rosados que se forman con la sal y parece un lago de cuarzo rosa. Siempre que nos caíamos de la bicicleta íbamos directas a mojarnos con el agua de s'Estany, y casi milagrosamente al día siguiente la herida estaba cicatrizada.

Al llegar a la playa enseguida me descalcé para sentir el placer del masaje de su arena caliente fina y blanca en la planta de los pies, entrando al fin en sus transparentes aguas de diamantes turquesas y esmeraldas. Después del baño estaba tan relajada que decidí volver al apartamento, comer algo ligero y dormir, ese era el plan. Pero Formentera es una continua sorpresa, y camino del apartamento recibo llamada de Maria diciendo que estaban con Joaquín Gómez y familia en el Hostal Sa Gavina, a dos minutos caminando.

Blue Bar 2013, (foto propiedad de Blue Bar en Facebook)
Y casi al mismo tiempo recibo llamada de otro buen amigo, Fernando Gayá, de Formentera Mar,  que salía de la isla al día siguiente por asuntos de trabajo. Así que a pesar del cansancio decidí darme una ducha y encontrarme con Fernando que me sorprendió llevándome al Blue Bar, icono por excelencia de Formentera, donde se encontraban los mejores músicos y artistas que pasaron por la isla, punto de reunión especialmente en las noches de Luna llena. Era mi primera noche de nuevo en la isla, preciosa, y al bajar del coche junto al Blue Bar me quedé maravillada contemplando la Vía Láctea y el cielo estrellado de Formentera, después de tantos años... Están todas, decía Fernando. Y no podía definirlo mejor, estaban todas las estrellas. La sorpresa fue también ver el cambio del Blue Bar, que en los 70 apenas era un chiringuito azul con techo de cañas iluminado por velas y candiles, bailábamos y nos bañámos en el mar a la luz de la Luna y las estrellas,  hacíamos pequeñas hogueras en la playa... Guardo el libro titulado Blue Bar... Hablaré otro día. Y de estos cambios en la isla hablamos con Fernando, y de barcos, de los que no saben ni el sabor salado que tiene la mar... De lo humano y lo divino, y brindamos con un magnífico vino blanco de Rueda por la amistad y Formentera.


Dormí como una reina hasta el amanecer que salí para fotografiar los primeros rayos sobre el estanque, y volví a dormir hasta mediodía que me llamó Maria, diciendo que me pasaban a recoger para ir a comer al


Restaurant Es Camí  de s'Estany, junto al Estany des Peix, donde, cómo no, después de la típica ensalada payesa de Formentera nos sirvieron una bandeja de pescados y mariscos que fue imposible terminar, acompañados por un vino blanco llamado El Perro Verde, otro vino de Rueda excelente, que nos recomendó otra amiga de Formentera por la que brindamos a pesar de la distancia.

Can Rafalet, Es Caló, Formentera 2013
Al siguiente día, tras hacer de nuevo las fotografías del Sol al amanecer mirándose en el estanque ( imágenes que publicaré en otro post) quedé al fin con una amiga que recuerdo de los años 70, que pisó por primera vez Formentera a finales de los años 60, quedando tan impresionada que se quedó en la isla, viviendo también unos años en África. Me recogió con su hija y me invitaron a comer un Pà amb coses, como su nombre indica, pan con cosas, en la terraza de Can Rafalet, en mi amado y adorado Es Caló, el primer lugar donde fui a vivir en 1974 cuando pisé por primera vez la isla.

Can Rafalet, Es Caló, Formentera 1976
Un precioso rincón típico de pescadores donde iban a parar los hippies más pobres, instalándose en la entonces Fonda Can Rafalet, (clic aquí para ver) , y allí coincidíamos casi todos también de día y de noche comiendo a buen precio, viendo las langostas que traían en sus barcas y devorábamos al momento por 50 pesetas... Historias y aventuras dignas de más literatura... Es Caló ha cambiado también, se ha ampliado y asfaltado, pero sigue conservando la belleza de sus aguas transparentes y el paisaje con sus barcas. Aunque vivir lo que fue y ver lo que es, me dio un poco de tristeza. Uno de sus encantos era el silencio y la soledad. Pero la sigo amando y adorando, es cuestión de ir fuera de la época turística estival, conociendo la dureza de sus vientos y grandes olas que a veces parecen querer devorarla. Por la noche volví a Es Caló para fotografiar las estrellas con Joaquín y Gerardo, (reservo las fotografías para otro día) y al día siguiente volví con Airun, mi amiga del barco, nos bañamos y comimos en la playa un arroz que hizo ella.


Y hablando de amistades arroz y comidas no podía fallar la magnífica paella de bogavante que disfrutamos el último día, con Maria y su amiga íntima con sus simpáticas criaturas, Gerardo, Joaquín y familia... De la paella no voy a decir nada más para no povocar un estado de ansiedad a quien lea estas líneas con la barriga vacía, sólo os muestro esta sencilla fotografía...


Y con esta imagen divertida y familiar, esperando que sirvan la paella, os dejo brindando y dando las gracias por las buenas amistades y la belleza del alma y los paisajes de Formentera, que pondré en imágenes el próximo día...
Lástima que en un blog solo se puedan dar miguitas... voy a pensar seriamente en hacer un libro, sería bonito, si encuentro editorial, y Formentera lo merece... sigue siendo mi diosa y mi isla pirata y niña.

(Texto y fotos

© EVA HUARTE)