domingo, 30 de junio de 2013

A tres meses de tu ausencia


Hoy domingo 30 de junio hace tres meses que nos dejaste para siempre, aunque tu espíritu y presencia sigan aquí conmigo, como si no te hubieras ido, y oigo tu voz continuamente contestando siempre a mis preguntas, aconsejándome, diciéndome lo que está bien y lo que no, sonriéndome, moviéndote por la casa como hacías siempre. Compartiendo todo como siempre. Mientras cocino, lloro, escribo o duermo, siento que estás conmigo.

Ayer sábado 29 fue un día muy duro y difícil, el 29 de marzo nos despedimos sin saber que sería para siempre, después de pasar juntos los días de Semana Santa o Fiestas de Primavera. El sábado era un día que nos gustaba especialmente a los dos, los dos nacimos en sábado, casi siempre los pasábamos juntos en estos últimos años, y te fuiste el Sábado de Gloria para no volver. Y ayer quería volver a El Garraf para estar a solas un rato en el lugar que te acogió por última vez, pero me siento incapaz físicamente, apenas tengo fuerzas y había tenido una horrible pesadilla; Primero iba a tu casa, donde una chica joven me decía que era tu nueva pareja. Luego estábamos en tu coche y mientras conducías me decías que todo había sido mentira; tu desaparición, la búsqueda, el encuentro, el funeral, tus cenizas, todo era mentira. Decías que lo habías hecho para que no sufriera. Ese era el mensaje. Pero el despertar fue aún más horrible al ver tu ausencia, y sintiendo fuertemente tu presencia todo el día, mirándome, acariciándome, consolándome, diciéndome cuánto me querías y que nunca dejarás de quererme, sonriendo y pidiéndome que sonriera. Y eso hago cuando veo que me sonríes. Aunque la realidad siga siendo dura.

Sabes bien que ahora soy criticada por dedicarte tantas páginas aquí en mi blog, y por decir cosas que a algunas personas no les parece bien, por el motivo que ellas sabrán, aunque a la mayoría no le parece bien que tus cenizas estén desde hace tres meses en casa de tu exmujer, casada con otro hombre hace años. Es una ofensa para ti, sabiendo que no es ahí donde te gustaría estar ni en cenizas. Eso me lo dicen también. Y sabes que no puedo dejar de ser como soy, y que decir la verdad siempre crea enemigos, pero admirabas mi dignidad y sinceridad, desde hace muchos años, me decías. Y me pedías que siguiera diciendo la verdad que a veces tú no te atrevías a decir, pero creías tan necesaria para crear realmente un mundo mejor. Y sé muy bien que apruebas cuanto estoy haciendo y escribiendo, aunque apenas diga nada.

En el anterior post de este blog, titulado Saltar hogueras y cenizas, lloré públicamente el hecho de no poder tener aquí tus cenizas, que para otras personas no tienen ninguna importancia, y al enlazar el post en mi página de Facebook una buena amiga, María Braojos, puso un largo comentario criticando la hipocresía y situación que tanto daño me está haciendo, además de tu ausencia sin poder cerrar la herida. Y otra amiga común (a quien tenía cariño) mostró fría y duramente su desaprobación, sin decir el porqué. Vulnerable como estoy, decidí guardar el post que más tarde volví a publicar, gracias a la fuerza que me dieron tres buenas amigas, que salieron como tres arcángeles con espada de fuego en defensa del derecho a decir lo que quiera públicamente. Aquí no pondré sus nombres, constan bien claros en Facebook, pero sí quiero transcribir algunas frases tras pedirles permiso, (ellas lo dicen mucho mejor de lo que ahora pueda decir yo) para que consten, y quizá como respuesta a otras personas que no aprueban lo que escribo:

M.S.-Este medio, esta promoviendo revoluciones a niveles mundiales - que permiten a la gente unirse, denunciar, poner en evidencia a aquellos que se creían intocables, primavera árabe .....etc...¿de verdad crees, que no es un medio para expresar el dolor y señalar a quien te lo hace? Seguramente la quieres- porque así lo expresas en tu comentario-. Pero dale cancha , porque, que yo sepa no ha gritado nada, solo ha expresado un sentimiento desgarrador, porque le están pisando las alas que necesita para volver a volar. 

C.G.C. -Es evidente que la doble moral funciona en todos los ámbitos. Que no se sepan las cosas, o que se cuenten de forma velada, sin nombres, porque los propios, escuecen.Y parece mentira, pero es la impura verdad. Doble moral, circo, ya sea en internet, en eventos varios, en blogs, libros o cualquier medio comunicador. Pero Eva no es de esa pasta, y por eso la quiero.Y quienes de verdad la queremos, sabemos por lo que está pasando, y es que el luto sólo tiene un color: El negro.Y es asunto de todos los amigos aliviarlo, acompañar, poner el hombro, la cara y echar el guante si hace falta en la jeta –sí, he escrito “jeta”- de los legales vigentes que no pintan nada en una historia de amor.Y el amor existe para sentir,vivir, y contarlo. Para predicarlo a los cuatro vientos, extenderlo...

Y con las palabras de éstas buenas amigas me quedo y dejo este mi blog, no tengo fuerzas para seguir escribiendo de nada que no sea sobre ti, cosa que hago en el word de mi ordenador, donde escribo con más calma y a solas contigo. No tengo fuerzas para enfretamientos ni luchas, no tengo más defensas, he de cuidarme intentando recuperarlas y cerrar esta horrible herida que no sé si nunca lograré. Sé que están preparando homenajes, becas, exposiciones, todo sobre ti como fotógrafo, y como vienen haciendo desde los primeros días, sin darme tiempo al luto, a la intimidad, a la reserva. Y antes de tantos homenajes como fotógrafo creo que te merecías una buena ceremonia como persona, para enterrar tus cenizas en uno de los lugares que sé que te gustaría. Y habría tenido un sitio donde ir a visitarte, a hablarte, a llorarte, y no llorarte día y noche aquí en casa, en nuestro nido de amor, de donde no puedo salir porque voy llorándote por todas partes, en la playa, el bosque, la calle... Como dice un buen amigo:

-La necesidad de ubicación es algo mucho más importante de lo que solemos pensar. Quizás por eso hayamos marcado la Tierra una y otra vez con nuestras señales. Yo también creo que es una crueldad dejarte con esa carencia, porque, consciente o inconscientemente, pueden estar impidiendo que cierres tu herida. Y ninguna historia debería dejarse sin un final correcto.

Y cierro de momento este blog, incapaz de continuar por la insoportable situación. Seguiré escribiendo en silencio, cerrando esta página con las palabras que me dijiste en sueños y me repites continuamente, (y traduzco del catalán): Es todo mentira, la vida y la muerte. La pesadilla también es una mentira. Siempre estaré contigo, ya lo sabes, no me he ido del todo, lo único que no podemos abrazarnos físicamente. Pero nunca te dejaré, siempre estaremos juntos, como te dije muchas veces. 

(Foto Paco Elvira y Eva Huarte)


lunes, 24 de junio de 2013

Saltar hogueras y cenizas


Desde niña me gustaba celebrar la llegada del verano con sus días y noches mágicas que esperábamos y recibíamos con una explosión de alegría. Días antes de la noche de San Juan buscábamos trastos viejos y todo lo que no queríamos. Olvidábamos enfados infantiles y nos reconciliábamos decididas a ser buenas niñas, entusiasmadas y de acuerdo con la vida, que adorábamos soñando bailando y riendo felices. Y aunque pasaran los años, allá donde estuviera, siempre recibia con la misma ilusión de niña la llegada del verano, siguiendo las ceremonias aprendidas; recoger flores y plantas, comer, bailar, cantar, bañarme en el mar o cualquier superficie de agua limpia, y sobretodo, saltar una hoguera grande o pequeña con el mismo atrevimieno de niña, quemando lo malo, deseando lo bueno y compartiendo risas y alegrías.


El año pasado recibimos juntos el verano que tanto nos gustaba a los dos, sintiéndonos de nuevo privilegiados. Después de bañarnos en el mar al atardecer cocinamos juntos, comimos y bebimos, hablamos reímos y volvimos a la playa caminando entre el mar y las hogueras como adolescentes enamorados. Y casi al  final de la noche, formulando juntos el deseo de amor eterno, nos cogimos fuertemente de la mano y saltamos la hoguera en llamas. Después del salto, sin soltarnos de la mano, reímos sorprendidos de alegría por haber superado la prueba a pesar de nuestros años, nos besamos y abrazamos, celebrando nuestro amor y alegría compartida con nuestras risas, nuestras palabras y miradas enamoradas, que tanto decías que te gustaban, iluminadas por las llamas que parecían renacer en nuestras vidas como la luz del Ave Fénix resurgiendo de sus propias cenizas. Sólo estábamos convencidos de una cosa; nos amábamos.


Este año he estado sola recordando nuestra última Nit de Sant Joan saltando la hoguera felices, aunque igualmente estemos juntos. Este año sólo queda de tu cuerpo tus cenizas, que ni siquiera me permiten tener conmigo, y donde sabes que también estoy contigo. Quizá ya lo sabía aquella hoguera de San Juan del pasado verano que nos vio saltar enamorados cogidos de la mano. Quizá la hoguera sabía que sería tu último verano, mientras vivíamos felices pensando y deseando nuestro presente y futuro juntos. Y quizá la hoguera sabía que tu partida de este mundo eternizaría ese amor compartido deseado y prometido.


Sé que estás en mí y aquí, aunque no tenga tus cenizas, aunque prefieran tenerlas en casa de tu exmujer y su marido, aunque sepan que nos amábamos y estabas feliz conmigo y querías estar conmigo. Aunuqe sepan cuánto te añoro te lloro y te necesito, cuánto nos necesitábamos. O quizá no lo sepan o no quieran saberlo, quizá así me hacen creer que no tengo derecho ni a tener las cenizas de tu cuerpo, que tanto amé y me amó hasta tus últimos momentos. Quizá por eso tampoco he podido volver a tu piso para recoger mis cosas, algunas de nuestras cosas; ropa, libros, fotografias... Me pregunto, y muchas amistades nos preguntamos, qué extraña moral nos guía para actuar así... Ya ves que aunque tu hermano Joan Carles, monje del Monastir de Montserrat, dijera en tu funeral que ofició; lo más importante es el amor, no tenemos posiblemente el mismo concepto del amor, no parecen creer en el amor que me profesabas y nos profesábamos, en el amor de dos personas sensibles y maduras que se amaban como criaturas, con esa serenidad que da la experiencia de los años y la vida. No parecen creer en nuestra fidelidad. Ni piensan que preferirías seguir aquí conmigo en este lugar casi exclusivamente tuyo, donde dejaste tus cosas horas antes de irte para siempre, y cuidando tal como las dejaste, sólo por sentirte más cerca, por creer en la magia de que estás, porque sé que es donde te gustaría estar y me gustaría que estuvieras...

Ya han pasado casi tres meses, aunque el tiempo siga sin existir para mí desde que te fuiste, y no he podido paliar el dolor de tu ausencia teniendo al menos tus cenizas cerca, ni sé cuál será tu lugar final. Aunque sabes que vaya donde vaya, esté donde esté, en casa en la playa o en el bosque, en cada momento del día y de la noche, estás. Seguro que recuerdas lo que te dije en nuestra última comida juntos, sin saber que sería la última comida de tu vida: No te obsesiones, la vida tiene otros valores, el dinero no es lo más importante. Al final, cuando nos vamos, sólo nos llevamos lo que verdaderamente hemos amado y nos han amado. Y ya ves, sigo creyendo que así es. Al menos sé que te fuiste lleno de amor, dejándome llena de amor. Al menos sé que te hice feliz, como sabes que me hiciste feliz.

Y ahora sé, que nunca más saltaré una hoguera, y ahora sé que aquella hoguera de tu última noche, nuestra última noche de San Juan, no en la forma que esperábamos, cumplió nuestro deseo de hacer nuestro amor eterno. Y eso, el fuego lo sabe, el cielo lo sabe, hasta las cenizas lo saben. Y tú y yo sabemos que nadie nunca lo tocará.

Eva Huarte

jueves, 20 de junio de 2013

Niños jugando en la playa al atardecer


Ahora que el Sol está a punto de llegar a su cenit es un placer pasear al amanecer y atardecer, observar los cambios de luces y sombras en comparación con las otras estaciones. Y ayer, a las 19'15, cuando caminaba por las rocas, iba pensando que en invierno ya estaría cerrada en casa, o abrigada y pasando frío en la terraza o en la cima de la colina intentando fotografiar estrellas. En cambio ayer, al Sol aún le faltaba un pequeño recorrido hasta esconderse tras las montañas, deslumbrando a las olas que iban con fuerza hacia tierra, y provocando bonitas sombras alargadas de tres niños jugando en la orilla, que me recordaban las preciosas obras del pintor valenciano Joaquín Sorolla, de niños jugando en la playa. 


Ya sé que esa marca de agua con la firma en la parte superior de las fotografías destroza la imagen, pero estamos en tiempos de Internet, y ya sabemos que muchas personas utilizan las imágenes que les place, a veces incluso con ánimo de lucro. Y más aún tratándose de niños, aunque apenas sean sombras. Hace un par de años hice fotografías similares a las de ayer, más lejos todavía, y un grupo de personas me increparon exigiendo que eliminara las fotografías. Les enseñé que apenas se veía un puntito oscuro de lejos en la orilla. Pero siguieron con sus exigencias muy indignados todos, hasta que les di la satisfacción de eliminar todas las fotografías en la cámara. Les dije que, si por ellos fuera, no existirían obras como las de Joaquín Sorolla.


Yo solo veo belleza, luces y sombras, preciosos instantes como éste, cuando se quedó un niño solo mirando pensativo las olas que se acercaban como pequeños remolinos. Pensaba si el niño pensaría lo mismo que yo, que aquello parecía un espejo del universo con millones y millones de estrellas, como contemplar un cofre lleno de diamantes, como encontrar su Isla del Tesoro... Y he recordado a Le Petit Prince de Antoine de Saint Exúpery, uno de los libros más leídos en todo el mundo, y he pensado en los contrastes entre el mundo de los niños, la inocencia, la belleza, y el mundo de los llamados mayores, como decía el pequeño príncipe en un capítulo hablando con el hombre de negocios que contaba estrellas y creía poseerlas: 

- Si tengo una bufanda, puedo ponérmela al cuello y llevármela. Si tengo una flor, puedo cogerla y llevármela. Pero las estrellas no las puedes coger.
- No, pero puedo ponerlas en el banco.
-¿Qué quiere decir esto?
- Quiere decir que yo escribo en un trocito de papel el número de estrellas. Después, este papel, lo cierro con llave en un cajón.
- ¿Y nada más?
- Ya es suficiente.
Es divertido, pensó el pequeño príncipe. Es bastante poético. Pero no es muy serio.
El pequeño príncipe tenía sobre las cosas serias ideas muy distintas de las ideas de la gente mayor.
-Yo tengo -dijo- una flor que riego cada día. Tengo tres volcanes que friego cada semana . Porque friego lo que está apagado. Nunca se sabe qué puede pasar. A mi flor le es útil que yo la tenga; a mis volcanes les es útil que yo los tenga. Pero tú no les das ninguna utilidad a las estrellas.
El hombre de negocios abrió la boca, pero no supo qué responder, y el pequeño príncipe se fue.
La gente mayor, es decididamente bien extraña, se decía durante el viaje.

(Traducción personal del libro El Petit Príncep, de Antoine de Saint-Exúpery)
(Si clicáis sobre las fotografías las veréis ampliadas)
(Texto y fotos: Eva Huarte)



viernes, 14 de junio de 2013

Huida a las Islas Pitiusas: Formentera


Estando en Eivissa no podía evitar subir a un barco que me llevara de nuevo a mi amada y adorada Formentera, la más pequeña de las islas Baleares, la pequeña de las Pitiusas, donde llegué por primera vez un soleado día del mes de mayo del año 1974, con mi hijo de apenas un año en mis brazos, cuando no había casi nadie, casi nada, ni agua corriente ni luz eléctrica y apenas un teléfono en toda la isla que funcionaba según el tiempo que hacía... Y fue donde descubrí la belleza y autenticidad de la vida y las personas, donde me llené de paz alegría y enriquecí mi sensibilidad y cultura, descubriendo nuevas músicas, nuevas literaturas, nuevas posibilidades de vida.

http://es.scribd.com/doc/22317785/Nomes-Voliem-La-Lluna

(En este enlace hablé un poco de Formentera y el contraste en aquellos años entre la sociedad y política dictatorial y el sueño de los entonces llamados, casi despectivamente, hippies: El sueño de un mundo mejor: Está escrito en catalán, google lo traduce, aunque no me responsabilizo de su traducción)


Si algo enamora en cuanto te acercas con el barco a Formentera son los colores y transparencias de sus aguas, azules turquesas, zafiros, esmeraldas, diamantes, incluso a veces, en la orilla de su blanca arena, sus tonalidades rosadas formadas por millones de diminutas partículas de caracolas rotas, y también por la sal que contienen sus aguas, combinando las transparencias con grandes y pequeñas bandas de la planta Posidonia, dando esa oscura tonalidad violeta y provocando preciosos contrastes de luz a la mirada.


Aquí una muestra de los contrastes de estas aguas de Formentera, al fondo de la foto, en el centro, la pequeña isla Es Vedrà, junto a las montañas de Eivissa. Y en la orilla, en  la arena y las rocas podemos caminar sobre las algas como sobre una nube de espuma y algodones ancestrales nacidos de la mar.


Su luz es deslumbrante hasta en los árboles, como si estuvieran cubiertos por una ligera capa de diamantes, formada por ese brillo y reflejos del Sol con las aguas. La isla entera es un pequeño cofre de piedras preciosas, mi isla pirata, la llamaba desde el principio, imaginando y conociendo sus historias pasadas.
Pero en Formentera sólo vale el respeto y la humildad para ser feliz en ella, sin aspirar a más de esa felicidad que la de ir admirándola, descubriendo la belleza y los más preciados valores de la vida en este pequeño rincón de nuestro pequeño planeta. Los vientos, en cambio, son fuertes en toda la isla, dicen que así desaparece lo malo. Y por eso es tan plana también, no está permitida la altivez. Este es uno de los sellos del paisaje de Formentera, las sabinas agachadas por el viento como en acto de humildad. Un preciosidad. Y hay que imitarlas para ser feliz allí. Ya dice el viejo refrán: Allá donde fueres haz lo que vieres.


Y esta fotografía es otro distintivo de la humildad de Formentera, el transporte más usado después de empezar a caminar a pie; la bicicleta... Podría escribir un libro de tantas historias divertidas de este humilde y magnífico medio de transporte en la isla, y es tan plana, -excepto la subida a La Mola y a Es Cap de Barberia, donde lucen dos de sus antiguos y bellos faros- que hasta la persona más torpe puede recorrerla en bicicleta, y aprender, algunas tras varias caídas... Y digo, se podría escribir un libro de tantas historias de ladrones de bicicletasmagníficas historias imaginadas o verdaderas que da la isla.


Podría poner aquí fotografías antiguas del primer tiempo que viví en Formentera, comparando los cambios. Entonces no se hacían tantas fotografías, afortunada era la persona que disponía de una buena cámara, y por suerte, yo tenía una Minolta entonces, con la que hice cientos de fotografías. Y me hizo gracia, cuando llegué a la orilla de la playa, ver a esta mujer japonesa preparando su autorretrato en las limpísimas aguas de Formentera. Y claro, pensé en mi fotógrafo favorito, sé que le gustaría, y a él se la dedico:
http://pacoelvirafoto.blogspot.com.es/2012/08/autoretratos-de-verano.html


Ha sido muy difícil la elección de fotografías de mis horas en Formentera un día del pasado mes de mayo. Casi tendría que dedicarle varias páginas en este blog. Pero al volver de las islas me he quedado bloqueada, con esa imagen de azules y luz en la mente y la mirada. Como si todavía estuviera ahí, y Formentera en mí. En el fondo, siempre ha sido así. En Formentera he vivido momentos muy importantes de mi vida, he conocido personas magníficas, y siempre, siempre, me ayuda a estar bien conmigo misma y con la vida. Allí la rabia que llevas por los incomprensibles mazazos de la vida desaparece y se suaviza, la luz elimina la oscuridad en tu mente y en tu alma. Incluso la sonrisa y la mirada se iluminan. Formentera te reconcilia contigo misma y con la belleza de la vida, regalándotela, mostrando lo mejor de sí misma y de ti misma.


Y tuve la suerte de encontrar a dos buenas amistades en cuanto llegué; Fernando Gayá, de Formentera Mar, (clic aquí para ver web), que me dio una amable y cálida acogida. Y Mónica, antigua amiga de Fernando, que hace poco descubrió Formentera y, como dice ella misma, de momento, aquí me quedo. Dos buenas y simpáticas amistades además de buenas guías. Y gracias a los dos me he quedado con esa agradable sensación que te hace pensar en la necesidad de volver.


Justo en este pequeño paisaje víví largas temporadas unos años, frente S'Estany Pudent, donde contemplaba reflejarse el cielo de día y de noche, con millones de estrellas como diamantes, y siempre me preguntaba qué era real; el cielo que veía al levantar la cabeza o el que veía reflejado en el agua. Misterio que sigo sin saber responder.
Y es que Formentera es, ante todo, mágica, como podemos contemplar en esta preciosa fotografía hecha ayer jueves 13 de junio de 2013 por Maria Serra, de Mediterranea Pitiusa, que tuvo la gran fortuna de ver y captar este precioso foco azul que provoca el rayo verde, al que Jules Verne dedicó su novela, titulada con el mismo nombre, a este efecto fascinante de la puesta del Sol en un cielo limpísimo. Y arriba, a la izquierda de la foto, la Luna nueva creciendo en su quinto día.


Parece que toda la belleza del Universo se refleja en Formentera, en ese pequeño punto azul rosa y diamante de nuestro pequeño punto azul llamado Tierra. En eso no ha cambiado, que es lo más importante, a pesar de los nuevos palos eléctricos y cables que rompen parte de la armonía del paisaje. Y a pesar de la lucha que siguen provocando las excavadoras en contra de pacíficos defensores de la naturaleza del planeta y de la isla. A principios de los años ochenta publiqué un reportaje en el diario El Correo Catalán con las primeras excavadoras trabajando en el puerto de La Sabina, y ahora, treinta años después, la lucha continua: http://www.diariodeibiza.es/formentera-hoy/2013/05/15/formentera-advierte-vigilara-trazado-nuevo-deslinde-costas/620364.html
El peligro de la posidonia, 22 años de agresiones: http://www.diariodeibiza.es/formentera-hoy/2013/06/14/historia-22-anos-agresiones-posidonia/626821.html

Y vale la pena defenderla, es de los pocos refugios que nos quedan, es patrimonio de la humanidad, con título o sin él, es herencia de los habitantes de la Tierra, y sólo nos queda amarla y respetarla, como una unión sagrada entre cielo mar y tierra. Y no nos pertenece, somos sus guardianes, no sus dueños. Aunque no todos tengan esta sensibilidad y respeto.
Yo seguiré siempre amándola, y dándole las gracias, como a tantas personas.

(Texto y fotos: Eva Huarte)

martes, 11 de junio de 2013

Huida a las Islas Pitiusas: Eivissa


Las huidas siempre tienen algo extraño, la alegría de poder huir, por necesidad de romper una situación insoportable, pero también una inquietud íntima de no saber si al volver todo habrá cambiado, empezando por ti misma, o volverás a encontrarte lo mismo que antes, encontrándote de nuevo a ti misma también. Fue mi hijo quien me hizo este regalo de aniversario hace unas semanas, fue él quien me regaló esta posibilidad de intentar cambiar algo, de huir, desconectar.


Y fue mi buena amiga Susana Prosper que, sin dudarlo, me dijo que fuera a su casa de Eivissa unos días, que me ofrecía toda la paz que creía que necesitaba, su cariño, la belleza del lugar y su simpática fauna;


Mos, negro y gordote como un jabalí, que encontraron en un contenedor y lo salvaron de peor suerte, fiel y divertido como él solo, con cara de listo, que no me dejaba sola y cuidaba hasta mi sombra.


La romántica y mimosa Pointer llamada Luna, que cada día lucía una camiseta distinta hasta que se le cicatrizara una herida. Romántica mimosa rápida  y obediente. Siempre se adelantaba en los paseos hasta no verla, y en cuanto la llamaba aparecía delante mío y de Mos, que procuraba llamarla también.


Y la preciosa estilizada y libre Mel, dulce como su nombre indica (miel) y como el color de su corto y brillante pelo que cubre sus largos y estilizados huesos, auténtica Podenca Ibicenca que da sus largos paseos después de atardecer.


En casa de Susana todo es belleza alegría y armonía, virtudes bien difíciles de encontrar hoy día, los animales se entienden entre sí y se distribuyen responsabilidad y cariño. Hasta los rosales que dan la bienvenida al llegar a casa tienen forma de corazón. Lo da Susana y su familia, lo da la isla, el punto geográfico, lo da el silencio y las montañas que rodean el lugar dejando asomar un trozo del mar insular, las aves que continuamente sobrevuelan las montañas, y lo da esos campos recién arados que sorprenden a la mirada con sus preciosos tonos rojizos, acariciados por las sombras de sus olivos.


El primer día por la mañana, y por la tarde, ya di mis primeros paseos acompañada por Luna y Mos, que fueron cada día mis fieles y magníficas guías por esos bosques y preciosos campos recién arados. Empecé caminando casi torpe como un bebé, hacía semanas que apenas podía caminar, de tanta debilidad. Y era un alivio y placer descubrir que los pies y las piernas despertaban lentamente sobre aquella tierra blanda y roja, rodeada esporádicamente de pequeños grupos de amapolas.


Y jugaba imaginando en las formas de los troncos de los olivos seres ancestrales, que miraban respetuosos mis débiles pasos y palabras calladas. Las sombras alargadas me parecían damas mirándose en una sala de espejos sólo para ellas.Y todo me enamoraba, al fin, bien acompañada, aquella paz belleza y felicidad me hacían sonreír.


Más tarde pude ver a la pequeña siamesa y reciente mamá, Maixa, escondida en un rincón del armario, amamantando a sus cinco bebés con los ojos aún cerrados. Bajó a la cocina un momento para comer y regalarme esta cara tan bonita junto a las flores que Susana acababa de recoger y poner en un jarrón.


Era como un pesebre, un hogar limpio cálido y ordenado, con su propia vida, sus preciosos rincones y juegos de luces, con esos rayos de Sol primaveral al atardecer iluminando el bonito rincón de hogar en la cocina.


Los mismos rayos de Sol que atraviesan los cristales de la ventana del comedor.

 
Es el sello familiar y artístico del hogar; la paz, la nitidez, la transparencia, la luz, la alegría. Una obra de arte. Como las obras de Paco Romero, gran artista pintor, hombre simpático y tranquilo, diría que feliz, de pinceles refinadísimos como pocos he visto, que crea sus cuadros de grandes y pequeñas dimensiones partiendo de la nada y de la luz, dejando cubierta esa nada con la misma transparencia y sutileza encontrada, más iluminada. Es casi una pintura etérea, de tan sutil, provocando una sonrisa a la mirada fascinada, provocando la magia. La alegría la belleza y el arte se respiran en todos los rincones y paredes de la casa.


Y esa es una de las finalidades del Arte, la magia, hacer sonreír el alma más triste, abrir la mirada, el alma.Y esa es, entre muchas virtudes, la finalidad de la verdadera amistad, sensibilidad, creatividad, humanidad.
Como escribió mi amiga Susana, -en el texto que acompañó a esta fotografía en su página de Facebook-; Las primeras sonrisas de Eva.

Así fue y nunca lo olvidaré, fue Susana la primera amistad que me hizo reír a carcajadas. Y nunca olvidaré que fue ella y su hogar, su familia y su flora y fauna, que me hicieron de nuevo sonreír y reír, respirar y soñar.
Esta fue mi huida, un sueño, un respiro, una sonrisa.

Gracias, Susana y familia.

(Texto y fotos: Eva Huarte)


domingo, 2 de junio de 2013

Flores en La Falconera


Ayer volví a La Falconera, con Nati Martinez, una buena amiga a la que Paco apreciaba mucho, por su personalidad y profesionalidad, y fue también quien nos hizo esta fotografía (clic aquí) que nos gustaba tanto.


Coincidía ayer que era sábado y día uno, el sábado que se fue, y el día uno que lo encontramos, dos meses ya, y me sigue pareciendo que fue ayer, de tan rápido que se mueve el mundo y tan lenta que me parece ahora la vida, como si todo hubiera parado, incluso mi cuerpo, mi corazón, mi cerebro... Y parece que sólo pervive mi alma, sintiéndolo tan vivo, que es imposible tenerlo como recuerdo.

El día era espléndido, casi como el día que se fue para no volver, aunque no hacía tanto viento. Fotografié la estación de El Garraf al llegar, como hizo él otro día que fue, con la terrible roca de La Falconera al fondo.


Al salir del andén me encontré justo frente a la puerta de la estación con esta canasta,

y recordé su famosa fotografía de 1979 con los niños en Mongolia encestando en una canasta en medio del desierto. Una de sus fotografías más populares, por la que Paco tenía especial cariño y me regaló el pasado año por mi aniversario: http://www.pacoelvira.com/2009/04/50-aniversario-de-la-montura-f-de-nikon.html


Desde los primeros días tenía la necesidad de volver ahí, a los pies del barranco, respirar el último aire que respiró, mirar lo último que miró, pensar en lo último que pensó. Sentirme más cerca, sentirlo más cerca, que no se sintiera tan solo o no sentirme yo. Y otra forma de convencerme, quizá, de que no está, cosa que aún no acepto. Como me dicen algunas amistades, tienes derecho a hacer todo lo que necesites hacer para intentar superarlo o sentirlo más cerca. Y todo es poco, aunque sienta que él me acompaña día y noche.


Necesitaba hacerle mi pequeña ceremonia, plantar unas flores, unas hierbas aromáticas que tanto le gustaban y siempre le regalaba para que plantara en su pequeña terraza; romero, albahaca... y una planta que da flores todo el año en forma de estrella.Una nota con dos frases, una pequeña piedra con forma de corazón... Cositas que sé que a él le gustarían y forman parte de los dos. Pequeñas complicidades que suelen tener los enamorados.


El trabajo duro de picar la tierra lo hizo Nati, además de aguantar varias horas al Sol que ya parecía estival. A ratos estuvimos en silencio escuchando sólo la brisa del viento, y a ratos hablamos de todo, de lo humano y lo divino, sin acabar de creer en nada, sabiendo que la vida y el cielo tienen su forma de hacer. Y de lo humano, de la necesidad de muchas personas por demostrar que eran grandes amig@s, o decir que tenian grandes proyectos profesionales. Y sé bien a quién consideraba él como verdadera amistad, y sé bien los verdaderos proyectos profesionales que tenía. Lo demás, es sólo esa necesidad humana de sentirse importante... En este caso, triste importancia. Y comentamos lo cansado que es, hacer el bien sin mirar a quién, como solía hacer Paco.

(Lazos de unión, Escher, 1956)

Son tantas cosas por asimilar que me siento como un ave con las alas rotas sin poder volar, sin saber bien qué es prudente escribir o hacer, si debo continuar escuchando a mi corazón y hacer lo que él me diga, lejos de todo comentario u opinión de esta artificiosa sociedad que hemos creado y en la que vivimos... o sobrevivimos. O si debo callar, esperar no sé bien el qué...
Y como siempre, acabo pensando en la frase de Susanna Tamaro que da título a su precioso libro: Donde el corazón te lleve.

Ayer me llevó allá donde quedó una gran parte de ese corazón, y sé que ese trozo quedará allí para siempre. Hasta que la piedra se diluya a través de los años, quizá siglos... O quiza perdure eternamente.

(Texto y fotos Eva Huarte)