jueves, 30 de mayo de 2013

Arcoíris del mes de mayo* Un regalo


Dicen que al final del arcoíris hay un duende con una olla llena de pepitas de oro, aunque nunca sé si es al final o al principio. Pero a mí me parece ver esa olla brillante cuando veo nacer el arcoíris sobre el mar.


Ayer miércoles 29 estaba especialmente triste, caminé un rato por la playa y luego ya no me moví de casa. Se cumplían dos meses de nuestra última despedida, nuestro último abrazo, nuestro último beso, nuestro último te quiero, aunque, como ocurre con el arcoíris, no sé si existe o dónde está el principio o el final. Al atardecer, las nubes jugaban en mil formas blancas entre claros azules del cielo, y una inmensa capa de acero anunciaba un chaparrón inmediato. Grandes gotas de lluvia empezaron a caer tan rápidas que parecían suspendidas en el aire como una cortina de diamantes, con miles de destellos irisados que el Sol provocaba desde Poniente, deslumbrando todo a su paso con tonos dorados.


Y al instante vi surgir del fondo del mar, subiendo hacia el cielo, una enorme franja irisada y deslumbrante girando en su cenit hacia la montaña, formando un arcoíris perfecto. Y así lo fotografié desde mi ventana.


Enseguida subí a la terraza, cubierta con un anorak, sonriendo bajo ese arcoíris perfecto sobre mi cabeza y mi cuerpo, sintiéndome protegida. Lo contemplé y recibí como un regalo del cielo, como agua de mayo. Y ahora entiendo más el viejo refrán, fue como volver a respirar fotografiando tanta belleza celestial.


Y dejó de llover con la misma rapidez que empezó, tomando ascendente el Sol.


Quedando tan solo este principio suspendido como si no quisiera volver al fondo del mar de donde nació.


Lo tomé como un regalo de mayo, sólo para mis ojos, sólo para mi mirada cansada de mirar entre lágrimas, convertidas por un momento en lágrimas del cielo. Y las nubes se retiraban rápidas y en silencio dejando libres todos los azules del cielo crepuscular, sin perder ese toque mágico, como un cometa irisado que muy lentamente se fue difuminando, recibiendo así a la mágica hora azul del anochecer primaveral sobre el mar.

Dicen que nuestra mirada tiene todos los colores del arcoíris, dicen que antiguamente éramos capaces de percibir muchos colores más. Aún no sé en qué momento estamos, pero al menos aún somos capaces de saber apreciar las maravillas del cielo con todos los colores del Universo. Aunque podamos imaginar que existan muchos colores más.

Hoy día 30 de mayo hace justo dos meses que una brillante mirada irisada se cerró aquí para siempre, abriéndose a todos los colores del Universo. Sé que ahora él verá mucho más, sabrá mucho más. Y sé que siempre guardaré ese fragmento irisado suspendido en cielo, como guarda el duende esa olla mágica llena de pepitas de oro, nacidas del cielo y la mar, con todos los colores del Universo. Con todos los colores que nuestra mirada humana aún sabe apreciar.

(Texto y fotos: Eva Huarte)


7 comentarios:

  1. Gracias Eva por compartir tu regalo de mayo,con esa mirada de lagrimas compartidas.Besos a los dos.

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    1. Gracias a ti por tu lectura y bonito comentario, Ricard.
      Un abrazo.

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  2. Huyo del tedio y busco la lectura de tu post. Precioso, más que los propios colores. Lo disco, Eva mayo promete volver con todo su color y calor el próximo. Lo esperaremos sentadas frente a la ventana. Gracias por tu regalo.

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    1. Gracias a ti, Francisca. Un honor si la lectura de este post te ha hecho salir del tedio, para mejor, espero.

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  3. Ver el arcoiris da suerte. Eso dicen, y yo estoy convencida.

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    1. Pues lo creeré, Susana, creo en ti. Ya es una suerte hoy día creer en algo o alguien.
      Un abrazo!

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    2. Un beso, y sí, creelo. Da suerte

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