martes, 5 de marzo de 2013

Lluvia nocturna al amanecer


Anoche, casi de madrugada, me deleitaba escuchando los sonidos entre graves y agudos que provoca el viento entre cascotes y mástiles, como ligeros choques de los barcos amarrados en el puerto. Es siempre aviso de tormentas vientos y fuertes lluvias. El silbido del viento se filtraba por todas partes, imaginando mil historias de barcos y marinos luchando contra las olas tempestuosas y nocturnas en alta mar.


Disfruté contemplando detrás del cristal de mi ventana una estampa nocturna fantasmal, aunque el paisaje fuera el mismo de siempre, con las luces de siempre reflejadas en el mar tras la gruesa cortina del agua de lluvia. Abrí la ventana por donde entró el viento rugiendo como un monstruo y disparé un par de veces la cámara, sin trípode, intentando sólo captar reflejos y la imagen onírica casi desconocida del paisaje familiar.
Me trasladé al mundo de los sueños dejándome mecer por el sonido de la lluvia, sintiendo el efecto de la mano que mece la cuna, dejándome llevar como una niña.


He despertado temprano sin saber porqué, despejada como si hubiera dormido mil noches. Intuyendo que era demasiado temprano para levantarme he intentado volver a dormir, pero mi cabeza ya estaba dibujando y escribiendo mil palabras imaginadas. Me he levantado como si el tiempo volara y he vuelto a la ventana descubriendo el mismo paisaje, las mismas luces, los mismos sonidos, la misma lluvia, como si no hubiera dormido y siguiera mirando tras los cristales desde la madrugada, sin sentir el paso del tiempo. Extraña sensación entre la vigilia del sueño y el despertar de los sueños en el mismo paisaje sonido y luz.


Algo ocurre últimamente, y es que cada vez pasan más coches por la carretera, quizá por no pagar la autopista los conductores de coches y camiones deciden pasar por la carretera general. Pero el sonido de los neumáticos pisando el asfaltado mojado produce otra sensación de relax, parecido a las olas del mar.


Antes de las 7 de la mañana el cielo nocturno ha ido clareando al día con sus tonos azulados, momentos mágicos, parecidos a la hora azul del anochecer. Las luces de las farolas del puerto se han apagado mientras las de la carretera seguían encendidas. Y he intentado de nuevo sin trípode fotografiar la lluvia iluminada por la luz de la farola, como la cabellera de Berenice, y el paso rápido de las luces de los faros de los coches. Todo tiene su encanto. Aunque me pregunto si podré soportar mucho tiempo el ruido de coches y camiones. Si ahora pasan tantos siendo invierno imagino lo que puede ser en verano...

Hoy no pienso nada, sólo siento, percibo, contemplo el paisaje mojado, releo a Chesterton hablando de la solemnidad, esa falsa solemnidad que intenta cualquier ministro bloqueado de egocentrismo, esa falsa solemnidad eclesiástica para aparentar autenticidad ante su enemiga la sinceridad, la alegría de la verdad.

Y esta es mi solemnidad, despertar con la misma sonrisa de lluvia nocturna al amanecer, meciendo mis sueños hasta el nuevo despertar. Y releyendo a Chesterton: "¿De qué lado estaría la solemnidad? ¿Y de qué lado la sinceridad?"

(Texto y fotos: Eva Huarte)

2 comentarios:

  1. Sueño corto y cap i cua...
    Regalito pa mis ojos...
    Gracias, Eva
    (pero no te olvides de descansar)

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    1. Es verdad, il cavaliere, creo que es el tiempo, el viento rugiendo tan fuerte me mantiene despierta como a un marino o capitán en guardia... Pero te haré caso :))
      Gracias !!

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