lunes, 16 de julio de 2012

Juan Salvador Gaviota... y el aviador...


Vuelvo a volar hacia la ventana al despertar, para contemplar el espectáculo que día a día me prepara la vida, el cielo y la mar. He recordado que hoy 16 de julio se celebra la Virgen del Carmen, patrona de los marineros. Y esta tarde iré al desfile de la Virgen y sus hombres y mujeres de la mar... Nunca me lo pierdo.

Pero hoy ha sido el vuelo y revuelo de las aves lo que más me ha llamado la atención, hace unos días que están más activas, quizá anuncian cambio de tiempo, o es la llegada a la Tierra de las tormentas solares que carga el ambiente, y las nubes se encargan también de poner escenario al vuelo de las aves y al agobio que sentimos las personas. No hablaré del agobio político-social que se respira en todos los ambientes reales y virtuales, Internet está que arde. Sólo quiero hablar del vuelo de las aves, siguiéndolas con la mirada y la cámara impregnándome de su sentido de la libertad y su mirada en la distancia. ¿Qué verán? ¿Cómo lo verán? Hace unos días me preguntaba lo mismo contemplando el vuelo del cernícalo (clica aquí) siempre me lo pregunto, y mientras las contemplo elevo el pensamiento deseando que las personas supiéramos volar. Ese gran deseo en tantos momentos de la historia de la humanidad. Si no somos capaces de volar, me pregunto; ¿Seríamos capaces de contemplar el mundo y sus circunstancias a través de una gran distancia?


Y recuerdo el libro que leíamos en los años 70 como ejemplo de misticismo y libertad, de necesidad de distancia ante la opresora política social de aquellos años;  Juan Salvador Gaviota, de Richard Bach, que para algunas personas terminó siendo una cursi metáfora de poesía y deseos de libertad, y para otras, añadiéndose nuevas generaciones, sigue siendo un referente de la deseada y necesaria  libertad física, mental, emocional...

Es curioso, como siempre, abro el libro al azar, y se abre en una página donde hay un sobre pequeño de carta enviada por correo postal, leo el destinatario; "Excmo. Sr. D. Joaquín Puig y de Cácer, Casa Parrella", abro el sobre y ¡oh sorpresa! una tarjeta de "Rodolfo Martín Villa, Gobernador Civil de Barcelona", y dice escrito a mano; "Joaquín: un fuerte abrazo. Muchas felicidades en tu santo. A tu servicio".

Y casi me da un ataque de risa. Recuerdo el vídeo con el discurso "El Orador", del genial Ramón Gómez de la Serna, y que enlacé (aquí) hace unos días, con los aero-artistas y aviadores en tiempos de guerra, cuando la aviación representaba y se consideraba el máximo poder, elevación y proyección de una "inteligencia superior" (como quizá se consideran ahora las tecnologías)...

(Observad la mala e insegura letra de Martín Villa)

El tal Excmo. Sr. D. Joaquín Puig y de Cárcer era General de División y durante unos años jefe del sector aéreo de Catalunya, su residencia era "Casa Parrella", en Torelló. No puedo recordar de dónde ha salido este sobre con su tarjeta, el libro lo tengo desde los años 70, cuando estaba todavía casada con mi marido que también tenía carnet de piloto aviador, y tenía su avioneta privada   igual que su padre tenía la suya, y su piloto privado (no diré nombres hoy). Sólo he podido reír alucinada, pensando que me gustaría ser un  Gómez de la Serna para hacer el gran discurso simbólico irónico y metafórico de cómo nos siguen teniendo dominados pésimos políticos pésimos oradores pésimos mensajeros de pésimos banqueros y sobresalientes vampiros, tan vampíricos y dominantes, que incluso se meten en las páginas de Juan Salvador Gaviota!!

Y leo unas estrofas de la página mensajera abierta al azar;

"Chiang habló con lentitud, observando a la joven gaviota muy cuidadosamente.
 -Para volar tan rápido como el pensamiento y a cualquier sitio que exista -dijo-, debes empezar por saber que ya has llegado...
 El secreto, según Chiang, consistía en que Juan dejase de verse a sí mismo como prisionero de un cuerpo limitado, con una envergadura de ciento cuatro centímetros y un rendimiento susceptible de programación. El secreto era saber que su verdadera naturaleza vivía, con la perfección de un número no escrito, simultáneamente en cualquier lugar del espacio y del tiempo.

 Juan se dedicó a ello con ferocidad, día tras día, desde el amanecer hasta después de la medianoche. Y a pesar  de todo su esfuerzo no logró moverse ni un milímetro del sitio donde se encontraba.
 -¡Olvídate de la fe! -le decía Chiang una y otra vez-. Tú no necesitaste fe para volar, lo que necesitaste fue comprender lo que era el vuelo. Esto es exactamente lo mismo. Ahora inténtalo otra vez...
 Así un día, Juan, de pie en la playa, cerrados los ojos, concentrado, como un relámpago comprendió de pronto lo que Chiang habíale estado diciendo.
 -¡Pero si es verdad! ¡Soy una gaviota perfecta y sin limitaciones! -Y se estremeció de alegría."

(Juan Salvador Gaviota, Richard Bach, 1972)

Y vuelvo a contemplar la fiesta de las aves volando y conviviendo juntas en el mismo cielo y el mismo aire; gaviotas, vencejos, palomas, cernícalos, golondrinas... Y pienso que si los seres humanos que mal convivimos, sintiéndonos sometidos a los vampiros, reconociéramos nuestra capacidad para volar... seríamos mucho más felices, tendríamos al menos lo más deseado; la libertad para vivir, sentir, pensar... Volar!

(Texto y fotos; Eva Huarte)

6 comentarios:

  1. Como Juan Salvador, yo creo que la tenemos.

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  2. Seguro, Agustin, como dice Chiang a Juan Salvador; "Tú no necesitaste fe para volar, lo que necesitaste fue comprender lo que era el vuelo" :))

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  3. Me encanta estar suscrito a tu blog: el día después de publicado, recibo un mensaje que me avisa: y te releeo.
    Y la segunda vez siempre es mejor.

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    1. ¿El día después lo recibes, Ramón? Vaya si va lento mi blog, ya sabes que no nos gusta el estrés :)) Espero que no te hayas perdido el del amanecer del domingo, pensé en ti también, tanto que te gusta contemplar la Luna, como a todos l@s romántic@s "envenenados", que dice Baudelaire...
      Es un honor y placer que estés suscrito a este blog, y sobretodo, que lo leas y digas que "la segunda vez siempre es mejor". Me haces pensar en la clásica de "Si hay mayor placer que leer un libro, es releerlo".

      Gracias Ramón!! El placer es mío :))

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  4. Magnífico relato, cómo siempre.
    Volar es posible, solo hay que quererlo. Desearlo con fuerza y lo podemos conseguir.
    Gracias Eva por recordarlo.

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    1. Gracias a ti, Pitofiño, hay momentos en que creo que es necesario volar, intentar ver las cosas con mirada de águila, de lejos, "salir de nosotros mismos para volver a nosotros mismos", como decía también Malraux. Vamos al menos a intentarlo si queremos salir de la espiral en la que estamos.
      Abrazo.

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