martes, 24 de julio de 2012

Estampas marineras; "El viejo y el mar"


 A diferencia del triste despertar de ayer, con el paisaje blanquecino y casi invisible cubierto por residuos del humo de los incendios del Empordà, hoy la vida y el día han vuelto a sonreír, mostrando sus mejores luces de Sol estival y sus mejores colores turquesas y zafiros de cielo y mar.


Es una de mis estampas de infancia; las barcas de los pescadores anunciando su entrada  a puerto con el leve sonido de sus motores,  los primeros cantos de las gaviotas pidiendo su desayuno, volando y siguiendo a las barcas formando una estela blanca sobre la estela de las barcas en el agua.


Y mi corazón siente la misma emoción que cuando era niña y despertaba con el sonido de los motores al amanecer, miraba por la ventana y corría hacia la terraza para ver el amplio horizonte y mar, las barcas y sus estelas, sus pequeñas luces en invierno, los primeros cantos... Estampas marineras que nada han cambiado.


Aquí y ahora apenas se oyen los motores de las barcas en verano, tapado por el ruido de los coches, sólo puedo difrutarlo en el silencio de los amaneceres de invierno, cuando se oyen más las gaviotas, los pájaros... Aunque creo que mi oído está tan acostumbrado a fijarse en los sonidos que ama, que suelen estar por encima de los ruidos de los coches...


De niña despedía a las barcas con sus luces al atardecer, y las recibía al amanecer, era uno de mis secretos, les cantaba, les escribía poesía, les sonreía pensando que me miraban y me veían a pesar de la distancia. Todos, barcas, pescadores, luces, gaviotas, Luna estrellas y Sol, formábamos aquellas bellas estampas.


Y me inventaba historias, y leía historias de marineros, pescadores, capitanes y piratas... naufragios y viajes de ensueño a islas tropicales o perdidas... Me imaginaba embarcada en cualquiera de las barcas o barcos, y hablaba en realidad con los viejos pescadores al zarpar o arribar,  y me senseñaban algunos de sus secretos de la mar, algunos de sus secretos leyendo el cielo, la posición de las estrellas como guías, del viento como guía amigo o enemigo... Y me explicaban sus diálogos con los seres vivos o imaginarios de la mar...


Y leí, entre muchos cuentos y libros, "El viejo y el mar", que durante años me acompañó para no perder el recuerdo de aquellos viejos pescadores de mi infancia que me enseñaron a leer el viento la mar y el cielo.
Y hoy he vuelto a abrir el libro al azar:

" -Pez -dijo-, yo te quiero y te respeto muchísimo. Pero acabaré con tu vida antes de que termine este día.
 "Ojalá", pensó.
 Un pajarito vino volando hacia el bote, procedente del norte. Era una especie de curruca que volaba muy bajo sobre el agua. El viejo se dio cuenta de que estaba muy cansado.
 El pájaro llegó hasta la popa del bote y descansó allí. Luego voló en torno a la cabeza del viejo y fue a posarse en el sedal, donde estaba más cómodo.
 -¿Qué edad tienes? -preguntó el viejo al pájaro-. ¿Es éste tu primer viaje?
 El pájaro lo miró al oírlo hablar. Estaba demasiado cansado siquiera para examinar el sedal y se balanceó asiéndose fuertemente a él con sus delicadas patas.
 -Estás firme -le dijo el viejo-. Demasiado firme. Después de una noche sin viento no deberías estar cansado. ¿A qué vienen los pájaros?
 "Los gavilanes -pensó- salen al mar a esperarlos". Pero no le dijo nada de esto al pájarito que de todos modos no podía entenderlo y que ya tendría tiempo de conocer a los gavilanes.
 -Descansa, pajarito, descansa -dijo-. Luego ve a correr fortuna como cualquier hombre o pájaro o pez."

("El viejo y el mar", Ernest Hemingway, 1973)

Y sonrío a este nuevo amanecer infantil y estival, pensando que la vida, la belleza de la vida, siempre gana.

(Texto y fotos; Eva Huarte)


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