miércoles, 5 de octubre de 2011

Paseo surrealista por Barcelona


Ayer desperté triste y malhumorada sin saber muy bien porqué. Quizá porque tenía que ir a la ciudad, recordé. Subí la persiana y se me abrieron los ojos como platos con una sonrisa maravillada ante aquél cielo azul infinito y el disco de oro solar envuelto en un arcoiris de naranjas, rosas, ámbar...
Subí a la terraza haciendo reverencias intentando captar aquella belleza con el sol que me deslumbraba mirándose en el mar como en un espejo azul y quieto como el cielo. Es el milagro de la vida, pensé, es el despertar universal. Y supe que ya no sería un mal día.


Quise ir en tren a Barcelona, no hubiera de nuevo bloqueo de tránsito por las manifestaciones contra el nuevo sistema político de recortar presupuestos en Sanidad y Educación, -base de toda civilización- o por cambiar la Constitución.
El sistema se hunde, la sociedad se hunde, pero se habla del cometa que ha chocado con el Sol provocando nuevas tormentas solares, motivo quizá de que nos faltara el aire, no se movía ni una hoja en los árboles. En el tren sin refrigeración, pero los humoristas de turno tocaban el acordeón y los platillos de algunos sufridos pasajeros que no pueden leer (mi caso), ni oír bien a través de su robot móvil ni hablar porque grita el vecino. Y todos concentrados van gritando la conversación; se cruzan los pitidos del tren, del acordeón, de las voces pasajeras y conversaciones inmediatas y cercanas para decir que ya llegan y hace mucho calor. Y cierro mi libro de Víctor Hugo pensando que no era el más adecuado para ese viaje.


Al llegar a Plaça Catalunya, -conocida internacionalmente por las acampadas del 15 de Mayo de 2011, como la Plaza del Sol de Madrid-, vi que las fuentes no tenían agua y habían vaciado los estanques, donde lucían al sol pequeñas huellas circulares oxidadas, y un pensionista explicaba a otro, -escuchado atentamente por turistas- que eso eran las huellas de las monedas que lanzan cuando hay agua, como hacen en Roma, para ver si se cumple el milagro de volver con Amor a esa fuente delante de El Corte Inglés de Barcelona. ¿Y quién se habrá quedado esas monedas de la fuente? "Los de la limpieza", supone el pensionista. "¡Yo no!" Y cuando dice "los de la limpieza" no puedo evitar recordar amargamente la "limpieza" de personas que hizo la policía autónoma el 27 de mayo con la excusa de "limpiar" la "suciedad" y sociedad de las acampadas en aquella plaza de fuentes sin aguas...


Sigo mi paseo surrealista y dadaísta por Barcelona mirando y mirándome en todos los escaparates que anuncian moda de otoño, aunque sigamos con trapos de verano. Todo queda reflejado en los escaparates; los edificios neoclásicos retocados con modernidades de plástico iluminados por luces de artificio y por ese espléndido Sol que había visto nacer horas antes sobre el mar. Los coches, la marabunta de personas que siempre van tarde, a todas o a ninguna parte, los músicos en la calle, los rostros angustiados por las prisas, las bicicletas, los teléfonos móviles, las cámaras... todo igual que en el vagón del tren.


Los escaparates de moda están pasados de moda, la moda también. Los modelos están en la calle y tampoco se hablan o tienen que gritar por el ruido de los coches. Para evitar esos ruidos casi todos escuchan música con pinganillos en los oídos o van hablando como si hablaran solos con el brazo doblado y adivinas que deben tener el teléfono móvil pegado al otro oído. Si quieres hablar o preguntar alguna dirección mejor entrar en una tienda que no tengan la música muy alta, y si se cruzan o encuentran amigos o conocidos tienen que tocarse el brazo para que los mires y reconozcas, entonces se quitan los pinganillos de los oídos y eres persona.


Al fin encontré un conocido Salvador, Dalí, petrificado como cualquiera y como yo en cualquier escaparate, pero fue un respiro entrar en el patio del Reial Cercle Artístic donde me saludó Dalí como un delfín.


Quise quedarme ahí con Dalí, pero me pidieron diez euros, añadiendo que sólo los niños pagaban siete. Aún pienso qué les hizo sospechar que yo no tenía siete años y no me pude colar. Pedí más información a la chica sudamericana que insistía en que la entrada es muy barata porque hay más de setecientas esculturas de Dalí... Y me acerco a Dalí y le pregunto sonriendo si tuvo tiempo de hacer esas setecientas esculturas... Y Dalí siguió petrificado con los ojos como platos. Y nos reímos.


Entonces viene lo serio, subida por detrás de la Catedral con horribles arquitecturas modernas mezcladas con las antiguas de piedra que fascinan a los turistas como si realmente fueran góticas, y son de apenas hace un siglo.
Hago una "instancia" en el departamento del ayuntamiento para que me anulen una multa de aparcamiento por la que me han retenido el pobre saldo en el Banco sin previo aviso. Sorprendentemente las chicas que me atienden son amables, les hablo del mar y del bonito día, sonríen, apenas hay gente, y salgo de nuevo al sol viendo a un grupo de mujeres, antiguas empleadas de La Caixa, sujetando una pancarta diciendo que después de 15 años de servicio las han despedido también sin previo aviso.


Llevan un año manifestándose delante del edificio principal de La Caixa, en otras ciudades y delante de la Generalitat. Les aconsejo irónicamente que vayan a La Caixa a pedir esa "ayuda social" que tanto han promocionado durante años. Dicen que algunas empleadas han ganado el juicio pero a otras no les aceptan la denuncia... Casi todas mujeres. "Vender lo que sea al cliente", dicen que les decían en la empresa CROSELLING que crearon J.A. Samaranch, Vilarasau y otros. "Y ahora patada. Tan buenas que éramos para captar clientes..."
Me fijé que en su pancarta habían pintado el símbolo de La Caixa (la estrella de Miró representando a un hombre poniendo una moneda, en "la caixa") invertido. La estrella al revés. Como su ex presidente J.A. Samaranch pintó los aros olímpicos al revés cuando le pidieron que los pintara para fomentar las Olimpiadas en Barcelona. (Tengo la foto que hice entonces, en papel, otro día la pondré)


Llegué a casa cansada de la ruta surrealista que es lo más normal que encuentro siempre en la ciudad. Pensando en el poder de La Caixa, que ha convertido Barcelona en una caja carcelaria para las personas. Y pienso en Bretón rebautizando por venganza a Salvador Dalí invirtiendo su nombre en Avida Dollars, sólo porque Dalí dijo "El surrealismo soy yo." Y releo su preciosa teoría sobre su "avida dollars"; transcribo tan sólo un párrafo:

"¡Oro y salud! Me abstuve completamente de beber y me cuidé hasta el paroxismo. Al mismo tiempo acicalaba y pulía a Gala para hacerla brillar, procurando que fuera todo lo feliz que estaba en mi mano, cuidándola aún mejor que a mí mismo, pues, sin ella, todo se hubiera malogrado. El dinero serviría para lograr todo lo que deseábamos en cuanto a belleza y bondad. En ello radica todo mi "avida dollars". La prueba está a punto de realizarse hoy..." (Salvador Dalí; Diario de un genio)


Y sonrío a Dalí como al Sol. Quiero un Salvador*

(Texto y fotos Eva Huarte: Si usáis alguna foto respetad la autoría, que no cobro y soy pobre. Sea por el Arte y la Huarte. Gracias)

15 comentarios:

  1. sí que fa una llum bonica aquests díes
    i sí que es sorprenent que adivinessin que tens més de 7 anys

    m´agrade el teu blos.
    gracies.

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  2. Estupenda crónica de alguien que viene de la paz y la tranquilidad a orillas del mar y se encuentra con la vorágine de la gran ciudad.

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  3. Moltes gràcies Anònim! I què divertit el què dius... :)) Salut!

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  4. Cierto, Paco, el contraste es tan fuerte que sólo puedes intentar hacer un recreo de un paseo que no te apetece. Gracias!

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  5. M'agrada el teu sentit de l'humor Eva, ets benevola amb un regust sarcastic que no fa mal...potser algun dia ens creuem pels carrers de bcn, potser ens reconeixem les mirades despres de veuren's en tantes fotos, jo segur que si...molt petons des de el Paradis

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  6. Jaja, m'agrada el teu comentari, Sol. De Sol a Sol. Ja pensava que insertava masses fotografies, però em diverteix, i crec que totes representen bé el passeig :))
    Millor si ens veiem al paradís que a Barcelona, no et sembla? Petonets de Paradís a Paradís :))

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  7. qué maravilla de excursión!
    mejor que las de las monjas!
    ;))))

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  8. Jaja! ¿Has visto, Ramón? Cuando vengas por Barcelona tendrás una buena guía surrealista :))
    Gracias!

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  10. Què bé Aurora, m'afalagues, és important el que dius de les olors, però millor parlem de les olors de la mar, que són curatives. M'agrada molt que t'hagi agradat el passeig, i et dic el mateix; no canviis!
    Gràcies Aurora*

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  11. Estupenda y divertida crónica de una mañana en la city. Describes perfectamente las impresiones que también tuve hace justo una semana. Mi llegada al Passeig de Gràcia (menos mal que tenía una cita con una persona que me apetecía mucho conocer) y esto fué lo que me cambíó el chip. Tal y cómo describes tus impresiones da la sensación de haber estado en Barna contigo.

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    1. Qué bien, Araceli, de eso se trata, es como una invitación a revivir lo que viví, que en el fondo, no es más que lo que vivimos muchas veces las personas que nos acercamos a la ciudad viniendo de fuera, como en tu caso. Siempre compensa el hecho de encontrarte con una persona amiga y compartir un poco el surrealismo espontáneo. Sabemos que las cosas pasan en la ciudad, y una vez vividas, vuelves a tu refugio recordando el divertimento de la experiencia, que también está en el viaje. Es una de nuestras libertades.

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  12. Lo bueno es jugar con ventaja. He sido una urbanitas, he vivido casi treinta años en Barna y cuando bajo me encanta patearme la ciudad y ver a las amistades de siempre. Ha sido un placer vivir y compartir tu surrealismo espontáneo en ese tu garbeo por la ciudad.

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  13. Como me gusta leerte! Sabes afinar, me envuelves en tu visión y como un hada con la barita das donde hay que tocar, pones el acento a lo que están manipulando y sin entrar en su depresión me llenas de un brillo surealista la existencia de un hoy. Libertad de sentir es por esto que te quiero porque te quiero!

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    1. ¡Olé! Y yo te quiero a ti, Virginia. Está bien recordar y releer escritos de hace años y, en este caso, vemos lo poco que hemos avanzado, seguimos enganchados a los móviles mirando escaparates a ver qué nos venden, y a quienes no nos gusta que nos vendan nos ponemos un delfín o un libro por montera, como Dalí, siempre es una salida.
      Yo admiro tu arte y libertad y tus pinceladas finas. Un abrazo*

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