domingo, 23 de octubre de 2011

Chaparrón en Arenys de Mar


Al final ha caído como intuíamos. Ayer al atardecer, las nubes dibujaban mapas exóticos en el cielo con todos los colores magentas, naranjas rojos azules grises y negros. Parecía que estábamos bajo el cielo de África. Y comentamos que sin duda, eso indicaba fuertes lluvias.


El amanecer de hoy domingo ha sido como los amaneceres de los últimos días, oscuro, gris y plata, con pequeñas luces platino que caían desde el cielo como focos o rayos formando distintas figuras, casi místicas. Preveía lluvias.


Y a mediodía ha sucedido; de pronto parecía que era de noche de tan negro el cielo y el ambiente. Los coches con los faros encendidos, un fuerte viento huracanado en unos minutos y el gran chaparrón inundando como siempre el cruce entre el Rial de les Canalíes que va a parar a la Carretera Nacional, con un río de agua que baja desde la subida de Canet de Mar. Punto fronterizo donde se juntan los dos pueblos, con todas las aguas, “desde siempre”, comentan "siempre" los vecinos de “siempre".


Parece que no hay nada a hacer, el Ajuntament de Arenys de Mar hace poco puso una rejilla de desagüe más grande, pero el tubo de desagüe al que va al mar es el mismo, así que el problema sigue siendo el mismo. Parece que el pueblo necesita hacer honor a su nombre, y se necesitan aguas y arenas. Parece no tener en cuenta que es peligroso para los coches que circulan por la carretera y para los vecinos de ese punto fronterizo.


Hace unos días aparecieron de buena mañana unas máquinas -interrumpiendo de nuevo el paso de los vecinos- para asfaltar el arcén de la carretera, aumentando un canal lateral por donde baja el agua como un torrente, sin punto de salida. Los coches bajan a toda velocidad desde Canet de Mar y al llegar al cruce inundado han de frenar casi en seco levantando enormes cataratas, salpicando a los otros coches y motoristas que quedan sin visibilidad. Los automovilistas se van organizando solos pasando por el carril contrario, sin un municipal presente. A veces, cuando llegan los municipales para poner conos ya es un poco tarde.
Y no hay forma de que lo arreglen.


Estas fotografías están hechas desde el interior del Restaurante Montmar, de donde no podíamos salir por razones obbvias.

Eso sí, se siguen cortando árboles para seguir edificando viviendas que "ni se compran ni se venden", como canta la canción.

Mañana iré al ayuntamiento, a ver si al menos nos regalan barcas para poder entrar y salir de casa.

(Texto y fotos; Eva Huarte)

2 comentarios:

  1. Son fotos espléndidas! Ese espectáculo que decíamos! Me gustó verte acullá!

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  2. Gracias Bel! A mí también me encantó verte acullá! Y ahora ya sé a qué te referías de las imágenes y el libro de Virginia Woolf, siempre aprendo contigo.
    Abrazo fuerte*

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