domingo, 11 de septiembre de 2011

Luces y sombras de verano


Hoy no quiero escribir ni decir casi nada (aunque nunca sé cuando empiezo ni termino) quiero que las imágenes sean las protagonistas hablando por sí mismas.

(Mi mano, mi pierna, y en el agua, de forma abstracta, el dibujo de mi cara)

Ahora que se acerca el final del verano, a sólo diez días para que empiece el equinocio de otoño, parece que el Sol y el calor quieran darnos lo que nos han quitado durante el mes de julio, con lluvias y tormentas casi diarias y nocturnas. En agosto mejoró, pero nos robaron la alegría y libertad de vivir a pleno Sol con disturbios en la plaza del Sol y la agobiante visita papal con su séquito de faldones y puntillas, pasando sus vacaciones españolas a costa de los españoles.


Y ahora que estamos en el precioso mes de septiembre, cuando las horas diurnas y nocturnas empiezan a equilibrarse, cuando el sol empieza a estar más bajo y alarga nuestras sombras y figuras en los bosques y en las playas, ahora es cuando empiezo a disfrutar el verano con toda su belleza alegría y romanticismo, concincidiendo ahora ya con el plenilunio.



Atardecer de agosto en la playa.


Agosto: Atardecer en el jardín de mi amiga.


Esta noche iré a mi bosque secreto y encantado, contemplaré la puesta del Sol en Poniente filtrándose entre los árboles, y la salida de la Luna casi llena por el Este sobre el mar. Me abrazaré a los árboles y haré una reverencia al Sol, agradeciendo que alargue mi figura y mi sombra como una diosa o giganta, haciéndome creer que mi espíritu y mi alma crecen y pueden crecer mucho más. Cantaré "quisiera ser tan alta como la Luna...", como cantábamos cuando éramos niñas. Sonreiré a la Luna y a las estrellas mi ingenuidad. Y soñaré que soy a la vez las tres princesas del Cuento de la Alhambra contemplando mi sombra alargada:


"En esta deliciosa morada, gozando de un clima plácido y bajo un cielo despejado, las tres princesas crecieron con maravillosa hermosura."


"Zayda, la mayor, era de espíritu intrépido, y siempre se ponía al frente de sus hermanas para todo; lo mismo que hizo al nacer. Era curiosa y preguntona, y amiga de profundizar el porqué de todas las cosas.


Zorayda era apasionada de la belleza, por cuya razón, sin duda, se deleitaba mirando su propia imagen en un espejo o en las cristalinas aguas de una fuente, y tenía delirio por las flores, por las joyas, por todos aquellos adornos que realzan la hermosura.


En cuanto a Zorahayda, la menor, era dulce, tímida y extremadamente sensible, derramando siempre ternura, como se podía apreciar a primera vista, por las innumerables flores, pájaros y otros animalitos domésticos que cuidaba con el más entrañable cariño. Sus diversiones eran sencillas, mezcladas con meditaciones y ensueños; se sentaba horas enteras en un ajimez, fija la mirada en las brillantes estrellas de una noche de verano o en el mar rielado por la luna; y entonces, la canción de un pescador, débilmente oída desde la playa, o los acordes de una flauta morisca desde alguna barca que cruzaba, eran suficientes para extasiar su ánimo."

(Cuentos de la Alhambra; Washington Irving)



(Texto y fotos Eva Huarte; Se ruega respetar autoría)

4 comentarios:

  1. Precioso texto de Irving que combina a la perfección con las bellas e intrigantes fotos de sombras y que traza paralelismos con otras familias de tres hermanas.

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  2. Gracias por tu bonito comentario, Paco, celebro que te gusten las fotos, y aún más viniendo de tu mirada profesional y sensible.
    Un abrazo*

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  3. Preciosas fotos y me encanta el cuento, lleno de sensibilidad. Los días se acortan y la cercanía del otoño nos hace soñar. Ese sol cálido que nos acaricia y nos recuerda tantas cosas vividas. Precioso ese bosquecillo privado, que recuerda cuentos de la Alhambra y de tantos atardeceres, viendo cambiar los colores de los árboles al paso del otoño. Me encantan estas fotos de luces y sombras, te han quedado geniales.

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  4. Gracias Carmen! Siempre es una alegría compartir belleza y recibir respuesta. El mérito aquí, está en los preciosos Cuentos de Irving, que recordé al ver las fotografías. Pero cierto que con este sol cálido del fin del verano entre los pinos y el mar al fondo me hizo pensar en las tres princesas... Qué bella sensibilidad la de este hombre... Eso necesitamos, que nos hagan soñar, reír y bailar ¿no crees? Al menos lo intento cuando voy a mi bosque secreto. Creo que todos tenemos un lugar secreto, aunque sea en la imaginación o a través de los libros.
    Un beso*

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