lunes, 19 de septiembre de 2011

AZUL *


Azul como el mar, como el cielo, como la mirada de la vida, del sueño y del ensueño. Azul azulete que utilizaban para blanquear la ropa las mujeres. Azul cobalto que "parece mezclado con el negro", decía Kandinsky en su libro "DE LO ESPIRITUAL EN EL ARTE"; "El azul es un círculo de movimiento concéntrico. El azul es la quietud."


Esto es para mí el mes de Septiembre; el camino lento y azul hacia la playa, la arena limpia y casi sin huellas, la mar libre serena o encrespada, a veces con ese sonido de resaca estival, como si buscara añorada las voces infantiles que reían y gritaban felices con la espuma de sus olas en la orilla.


El Sol se acerca a la mar con sus primeras crines blancas y su lluvia de diamantes, alargando luces y sombras azules o irisadas en un sutil diálogo. Recuerdan horas estivales y acuerdan horas y colores otoñales para compensar su horas de ausencia.


Es entonces cuando camino feliz por la orilla del mar contemplando mi sombra alargada en la arena o en el agua. Contemplando el vuelo y las sombras de las gaviotas. Contemplando el juego de estelas que van dejando en el cielo aparatos inventados por humanos, que parecen querer imitar las vías que nos señala la vida en la tierra. Espejos de vías cruzadas o paralelas. Envuelto todo en ese azul añil, turquesa, cobalto, zafiro, lapislázuli... "Ese pequeño punto azul llamado Tierra". Como dijo Carl Sagan.


Y sigo diciendo que este pequeño planeta Tierra debería llamarse Agua. Aunque parece, -por algunos antiguos escritos- que los primeros habitantes del planeta le llamaban Agua... De ser así, me pregunto si cuando el hombre descubrió el sistema de productividad, masculinizando todo, decidió materializar el nombre del planeta llamándole Tierra... Cuando de tierra sólo tiene una cuarta parte. Somos como el planeta, casi todo agua, y azul.


Al volver de la playa he recurrido al precioso libro de Ruben Darío; "Azul".

"El azul era para mí el color del ensueño, el color del arte, el color helénico y homérico, color oceánico y firmamental, el Caerelum
que en Plinio es el color simple que semeja el de los cielos y el zafiro... Concentré en este color célico la formación espiritual de mi primavera artística."

AUTUMUNAL

Eros, Vita Lumen.

"En las pálidas tardes
yerran nubes tranquilas
en el azul; en las ardientes manos
se posan las cabezas pensativas"

Nunca digo adiós al verano, siempre doy la bienvenida al Sol otoñal viviéndolo como una "primavera artística".

(Texto y fotos Eva Huarte. Se ruega respetar autoría)

domingo, 11 de septiembre de 2011

Luces y sombras de verano


Hoy no quiero escribir ni decir casi nada (aunque nunca sé cuando empiezo ni termino) quiero que las imágenes sean las protagonistas hablando por sí mismas.

(Mi mano, mi pierna, y en el agua, de forma abstracta, el dibujo de mi cara)

Ahora que se acerca el final del verano, a sólo diez días para que empiece el equinocio de otoño, parece que el Sol y el calor quieran darnos lo que nos han quitado durante el mes de julio, con lluvias y tormentas casi diarias y nocturnas. En agosto mejoró, pero nos robaron la alegría y libertad de vivir a pleno Sol con disturbios en la plaza del Sol y la agobiante visita papal con su séquito de faldones y puntillas, pasando sus vacaciones españolas a costa de los españoles.


Y ahora que estamos en el precioso mes de septiembre, cuando las horas diurnas y nocturnas empiezan a equilibrarse, cuando el sol empieza a estar más bajo y alarga nuestras sombras y figuras en los bosques y en las playas, ahora es cuando empiezo a disfrutar el verano con toda su belleza alegría y romanticismo, concincidiendo ahora ya con el plenilunio.



Atardecer de agosto en la playa.


Agosto: Atardecer en el jardín de mi amiga.


Esta noche iré a mi bosque secreto y encantado, contemplaré la puesta del Sol en Poniente filtrándose entre los árboles, y la salida de la Luna casi llena por el Este sobre el mar. Me abrazaré a los árboles y haré una reverencia al Sol, agradeciendo que alargue mi figura y mi sombra como una diosa o giganta, haciéndome creer que mi espíritu y mi alma crecen y pueden crecer mucho más. Cantaré "quisiera ser tan alta como la Luna...", como cantábamos cuando éramos niñas. Sonreiré a la Luna y a las estrellas mi ingenuidad. Y soñaré que soy a la vez las tres princesas del Cuento de la Alhambra contemplando mi sombra alargada:


"En esta deliciosa morada, gozando de un clima plácido y bajo un cielo despejado, las tres princesas crecieron con maravillosa hermosura."


"Zayda, la mayor, era de espíritu intrépido, y siempre se ponía al frente de sus hermanas para todo; lo mismo que hizo al nacer. Era curiosa y preguntona, y amiga de profundizar el porqué de todas las cosas.


Zorayda era apasionada de la belleza, por cuya razón, sin duda, se deleitaba mirando su propia imagen en un espejo o en las cristalinas aguas de una fuente, y tenía delirio por las flores, por las joyas, por todos aquellos adornos que realzan la hermosura.


En cuanto a Zorahayda, la menor, era dulce, tímida y extremadamente sensible, derramando siempre ternura, como se podía apreciar a primera vista, por las innumerables flores, pájaros y otros animalitos domésticos que cuidaba con el más entrañable cariño. Sus diversiones eran sencillas, mezcladas con meditaciones y ensueños; se sentaba horas enteras en un ajimez, fija la mirada en las brillantes estrellas de una noche de verano o en el mar rielado por la luna; y entonces, la canción de un pescador, débilmente oída desde la playa, o los acordes de una flauta morisca desde alguna barca que cruzaba, eran suficientes para extasiar su ánimo."

(Cuentos de la Alhambra; Washington Irving)



(Texto y fotos Eva Huarte; Se ruega respetar autoría)