domingo, 7 de agosto de 2011

Los buscadores de conchas


"La Galería siempre estaba fría, incluso en agosto. Las gruesas paredes de granito no dejaban entrar el calor del sol y las ventanas altas dejaban pasar todas las corrientes de aire. Por otra parte, el suelo estaba enlosado de pizarra y no había ningún tipo de calefacción, y aquél día el viento que soplaba racheado de la Playa Norte golpeaba de vez en cuando el edificio provocando que la estructura de la claraboya norte se sacudiese y estremeciese." (Rosamunde Pilcher)


Sigo desenterrando y recuperando mis libros dormidos en cajas de cartón y en el garaje situado bajo el jardín de mi amiga Margaret. Sigo descubriendo mis tesoros escondidos recuperando esa forma metafórica de vivir la vida inmanente a la literatura. Otro libro principal al abrir otra caja y que también marcó mi vida; "Los buscadores de conchas" de Rosamunde Pilcher, (aunque son tantos...) Lo abro al azar como de costumbre y leo esas líneas metafóricas como si describiera el garaje de gruesas paredes, aunque sin ventilación, de suelo de cemento acumulando frío humedad y calor, sólo ventilado cuando abro el gran porticón y el viento entra arrastrando hojas secas de los árboles del bosque que hay delante.

Mis libros, aunque dormidos en cajas, han seguido teniendo un bonito paisaje de bosque y mar delante. Ayer seguí el consejo de un amigo abriendo las cajas allí mismo y colocando los libros en bolsas de plástico para facilitar el traslado. Pero el gesto y los viajes siguen siendo durísimos para mi físico, incluso para mi moral, descubriendo allí mismo que las cajas con los libros más importantes estaban tan arrinconadas buscando protección, que han sido las que han sufrido más falta de ventilación acumulando humedad en los libros más delicados.


De nuevo, al llegar a casa, sin lugar para montar nuevas estanterías, voy limpiando libro por libro, leyendo los títulos, dando una mirada interior, son tantos y tan fascinantes, que sólo de títulos se podría escribir un libro. Algo de eso hay en algún autor. Y todo lo tomo como metáfora, un mensaje de la vida, de seres humanos que han ido escribiendo la vida intentando entenderla e intentando ayudarnos a entenderla a las próximas generaciones. Voy formando columnas casi sin orden, en cada caja apunté los libros que contenía, la antigüedad, el género; historia, arte, filosofía, novela... Pero casi irremediablemente se van mezclando entre ellos de forma espontánea. Y a pesar de ponerlos en columnas con poco concierto, voy distinguiendo y encaprichándome de apuntar títulos seguidos, como un mensaje:

"Los buscadores de conchas"; Rosamunde Pilcher

"Jardí vora el mar"; Mercè Rodoreda

"Primer testamento"; Salvador Pániker

"El camino a Eleusis"; R. Gordon Wasson, Albert Hofmann, Carl A.P. Ruck

"El país de los ciegos"; H.G. Wells

"Tratado de la desesperación"; Sören Kierkegaard

"El corazón de las Tinieblas"; Joseph Conrad

"Tormento", Benito Pérez Galdos

"Rayuela"; Julio Cortázar

"La historia interminable"; Michael Ende

"Cròniques italianes"; Stendhal

"Una temporada a l'infern"; Artur Rambaud

Y todo, todo me representa, algún momento o cada momento de mi vida, con el convencimiento de que ha terminado para mí esta "temporada en el infierno", pensando en si empezar a hacer mi "primer testamento", escribir mis "crónicas italianas", españolas, catalanas, de esto que parece una "historia interminable" de un "tratado de desesperación" y "tormento" en "un país de ciegos"... Y todo cuanto quería y quiero era jugar a la "rayuela" en mi "jardín junto al mar", camino de esa lucidez o riqueza espiritual llena de imaginación conocimiento divertimento y conciencia, "camino a Eleusis", donde sólo podían acudir y asistir los puros de corazón, y ya no sé si he sido ni seré nunca pura de corazón, si nunca tendré acceso, sintiendo todavía mi "corazón entre tinieblas", buscando, como tantos seres humanos, la verdad de tantos enigmas de la vida y la historia de la humanidad, encontrándonos en la playa como "buscadores de conchas" intentando saber algo más...

A veces, siendo niña y más mayor, cuando veía a una mujer anciana por las calles asfaltadas de la ciudad recogiendo cajas de cartón, la observaba con gran tristeza pensando; "No quiero terminar mi vida recogiendo cajas de cartón a la luz de la Luna". Y ahora sonrío, soy mayor, y lo pienso mientras voy recogiendo y tirando cajas de cartón a la luz de la Luna al atardecer, lejos del sol. Y veo a las personas que me ven y me miran por la calle, y pienso que pensarán quizá lo mismo que pensaba yo hace años. Pero no saben, como quizá aún no sepa yo, los grandes tesoros escondidos que han guardado y defendido esas cajas como serpientes, salvando, quizá, un poco de vida y dignidad en una metáfora más del naufragio de la humanidad.

Y sonrío a la vida y sus metáforas, y sigo imaginando, pensando, deseando, no quiero ni puedo dejar de soñar. Creo que es el principio de la vida y de una nueva humanidad.



(Texto y fotos Eva Huarte; se ruega respetar autoría)

4 comentarios:

  1. Es la magia de los libros que has leido, Eva, Que en tu caso han sido muchos. Abriendo cualquiera al azar siempre encontrarás una frase que te transportará al momento en que lo leistes.
    Como viene a mi memoria la primera vez que abrí "La guerra del fin del mundo" de Vargas Llosa que comenzaba:"Era un hombre tan flaco que parecía estar siempre de perfil".
    La magia de los libros Eva.
    Un beso.

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  2. Es verdad lo que dices, Paco, cualquier libro abierto al azar te transporta el momento en que lo leíste: Pero en este caso no es sólo eso, es que me muestra de alguna manera el momento que estoy viviendo. Y me hace sonreir esa magia de la que hablas y sabemos que existe. Por eso, entre tantas cosas, adoro a los libros y a la fascinante humanidad que los ha escrito.
    Suerte que aún existe la magia.

    Y gracias por tu comentario. Un beso.

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  3. il cavaliere rosso26 de agosto de 2011, 9:12

    Un nuevo amanecer?
    Qué más da si el cordero y la flor ya son una/uno, cada vez que vemos el pequeño planeta, con su flor y sus cajitas llenas de agujeritos, la amistad es la energía que tenemos para seguir abriendo cajas, renaciendo, reconstruyendo lo que el tiempo y las humedades nos roban...
    Las dunas somos así, nos arrastran pero siempre estamos entre el agua y la tierra, bajo la luna y reflejando el sol, estrellas en la vida de otros...
    Sigue dándonos estos soplos de vida, Eva, por favor.

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  4. Qué alegría y qué bien dices, icr, somos dunas, siempre entre tierra y agua... siemmpre ahí de mil formas distintas, y somos energía de estrellas y risas... A veces pienso que si es cierto que al morir vemos nuestra vida como una película nos podemos volver a morir, pero de risa. Tan complicados y absurdos somos a veces los humanos.
    Pero ¿qué seríamos también sin los libros? Ni nos habríamos conocido. Y siempre agradezco tu amistad :))
    Un beso*

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