miércoles, 17 de agosto de 2011

"Le Petit Prince"


"C'est là un bien grand mystère. Pour vous qui aimez aussi le petit prince, comme pour moi, rien de l'univers n'est semblable si quelque part, on ne sait oú, un mouton que nous ne connaissons pas a, oui ou non, mangé une rose..."

Y como el "Pequeño Príncipe" te diré un secreto; es una de mis estrellas preferidas, este pequeño de cabellos dorados como el trigo que no para de hacer preguntas. Esa pequeña princesa en forma de estrella que no para de reir y sonreir sin creer en las respuestas. Y es que el ser humano se ridiculiza a sí mismo, se magnifica a sí mismo. Y al fin, sólo sueña con la Luna el mar y las estrellas. Y entonces, nos da la risa, porque todo lo demás nos parece ridículo y absurdo.


Anoche redescubrí al fin uno de mis libros preferidos que sabía dormido en esas cajas de cartón que tanto detesto pero que tanto servicio me han hecho guardando mis libros como serpientes durante un año. Anoche volví a la playa descalza con la Luna llena, intentando contemplar el paisaje de mar con lluvia de estrellas. Pero la lluvia de estrellas nos la daba la misma Luna llena de agosto, esa loca magnífica y generosa Luna de agosto que a todos nos trastorna, cayendo sobre el mar como una lluvia de diamantes. Contemplaba el mar con esa lluvia de estrellas que caían de la Luna, contemplaba las constelaciones de la Osa mayor y menor junto a Cassiopea, y justo al lado, otra enorme estrella que dudaba entre si era Júpiter, Sirius o Venus.


Ahora sé que era Júpiter, es Júpiter, que cada vez se mostrará más cerca más grande y más brillante. Júpiter representa la expansión, la sociabilidad, la filosofía a su más alto nivel, los viajes, la comunicación, la comunión con lo más ancestral vital y astral. Júpiter representa la bondad, la sabiduría, las letras, la filosofía, la amistad. Soñaba, como el pequeño príncipe o pequeña princesa esa humanidad, ese planeta, donde sólo haya un rey o una reina que aspira sólo a gobernar a sus súbditos con órdenes razonables. "Si ordenara a mis súbditos que se tiraran al mar, me desobedecerían. ¿La culpa sería de ellos o mía? La culpa sería mía, por dar una orden insensata." Dice el rey solitario de un planeta solitario. "Si das una orden insensata, tus súbditos te desobedecerán."

Hablábamos sin indignación, de la ridícula visita papal romana a España, de nuevo, en pocos meses, con provocaciones inmorales y amorales, sólo con fines publicitarios que no hacen más que provocar la indignación y la ira de los súbditos, del pueblo, de la gente de a pie, y no hace más que alimentar a vampiros psicópatas y subordinados. Coincidimos en que todo responde a esa repugnante criminal y caduca política de provocación. Y el pueblo, la gente, personas inocentes, que luchan sólo por dignidad, responden contra esa política basada en una religión y filosofía repuganante y amoral. Son los "Dies irais". Días de iras, tiempos de iras, que no volverán.


Contemplábamos la Luna como un Sol en un desierto de arena y mar. Contemplábamos sobre el mar una bella y sutil lluvia de estrellas que caían de la luz de la Luna. Voces bajas, silencios, sombras y luces, y de pronto, una luz cegadora y un ruído casi ensordecedor irrumpió en la conversación. Se giraron todas las miradas hacia esas horribles luces de maquinaria galáctica, de guerra de las galaxias. Para los más asiduos y acostumbrados esa máquina era normal, la aceptaban, limpiaban la arena de la playa como cada madrugada. Para otras personas, que sólo intentaban, intentábamos, unas horas de silencio de olas, luz de Luna y esperanza de contemplar una lluvia de estrellas Perséidas nacidas de la constelación de Persseo, junto a Cassiopea, fue el rompimiento de la magia nocturna, astral y ancestral. Una enorme máquina robotizada por orden de otros humanos robotizados incendió de luz toda la playa de Caldetes y Arenys de Mar. Se fundió la luz de la Luna y las estrellas, con esa máquina luminosa devoradora de toda magia y esperanza. De toda belleza natural. no lo puedo entender ni lo puedo asimilar. Y siempre la misma pregunta; ¿Por qué pisaron la Luna?


Y vino a mi mente de nuevo y a mi corazón la frase final, la gran pequeña pregunta del Petit Príncep, el pequeño príncipe: "Mirad el cielo. Preguntaos: ¿el cordero se ha comido la flor, sí o no?"
Y veréis como todo cambia..."

Nunca pensé que el mundo, la vida, la humanidad, pudiera cambiar tanto, seguramente para mal, aunque todo se pueda reciclar. Y seguían retumbando en mi cabeza y en mi corazón las voces del amigo del Petit princep; "Otra vez el sentido de algo irreparable me congelaba el corazón. Comprendí que no podía soportar la idea de no escuchar nunca más aquella carcajada. Era para mí como una fuente en medio del desierto." Pensaba en la voz y la risa de mi hijo, mi siempre pequeño príncipe, cuando siendo un niño le leía y releía el pequeño libro.

Pensaba y recordaba otros veranos, tantos veranos, tantas Lunas de agosto, tantas risas y sonrisas, tantas carcajadas, tantas músicas palabras y filosfías... Pensaba en la última Luna de agosto, la del pasado año 2010, cuando decía si quizá sería mi última Luna. Y de alguna manera me lo parece todavía. Por una máquina monstruosa rompiendo la arena de luces y sombras, rompiendo la magia de la noche, rompiendo el sueño la risa y el deseo. Y no puedo, ni quiero hacerme a la idea de no escuchar nunca más aquellas voces, aquellas risas... humanas... a la luz de la Luna de agosto.


Ahora hace un año viví una mágica graciosa espontánea y generosa Luna llena de agosto. Nos preguntamos todos, este año, si quizá es verdad que unos hombres locos pisaron la Luna con unas máquinas, unas botas y unos trajes de protección de plástico derivados del petróleo. Me preguntaba si esa noche ya no era como la del año anterior cuando pensaba si sería la última. Miraba a Júpiter, le rogaba, suplicaba, preguntaba, le hablaba, en esa misma playa: "Esta noche hará un año. Mi estrella se encontrará justo encima del lugar donde caí el año pasado..." ¿Y qué ha pasado?

Me preguntaba si todo este ritmo, toda esta maquinaria, todas estas luces y focos artificales, esos ruidos, esa violencia superando todo sentido de la fuerza, eran necesarios, si son buenos para la humanidad. Y todos quedamos callados, sin respuesta. Volviendo a mi mente y a mi corazón el libro del aviador perdido o desaparecido en el desierto o en la mar ancestral; Antoine de Saint-Exupéry: "Aquello que es verdaderamente importante, es invisible al corazón."

Ninguna máquina, nadie, nada, conseguirán que deje de mirar el cielo de noche y deje entrar la luz de la Luna y las estrellas por mi ventana: "Y ninguna persona mayor comprenderá nunca que esto pueda tener ninguna importancia."

Siempre termino pensando y diciendo lo mismo; la Luna, mi Luna, no me la pisarán.


(Texto y fotos; Eva Huarte. Reproducción dibujos de Antoine de Saint-Exupéry de su libro "Le Petit Princep")



4 comentarios:

  1. Tu fantástica vida y luz interior debería salir a la superficie para llenarnos e iluminarnos, Eva...

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  2. Gracias por tu bonito comentario, Aurora, haces honor a tu nombre levantando el ánimo.
    Pero ya ves, parece que la luz de los robots quiere eclipsar la luz natural, y casi da miedo sacarla. Ni la Luna nos dejan contemplar. Pero como digo, no la pisarán, siempre estará ahí y siempre habrá alguien que sabrá contemplarla. Parece que el hombre ha olvidado que sin la Luna, ni la Tierra se llamaría Tierra ni el ser humano existiría. Pero aquí estamos.
    Un abrazo*

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  3. Mientras esperaba el bus para ir al curro, la luna me ha parecido una cunita blanca muy finita...
    ¿Estabas meciéndote tú?

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  4. Me has hecho reír, icr, y seguramente, aprovecho todas las Lunas hasta el último hilo de oro y platino. La habrás visto por la mañana temprano, que ya está la Luna de agosto en sus últimas noches y días, finita y finita.
    El Lunes ya la tendremos nueva, apareciendo junto a Venus al atardecer...
    Gracias por tu bonito comentario.
    Un abrazo*

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