martes, 26 de julio de 2011

No digas nada

No, no tengo nada que decir, es el tiempo del vacío, de la palabra vacacional, de vaciar tu mente, tu conciencia, tu corazón, desprenderte de todo tu yo, de las acumulaciones del pasado, de desesperanzas, esperanzas, ilusiones, desilusiones. Es el tiempo de vaciar, el tiempo vacacional, el significado de la palabra.


Hablamos tímidamente, preguntándonos, intentando entender, ¿qué está ocurriendo? Esta primavera que empezó inquieta llena de soles y flores en abril y mayo quedó frustrada, literalmente, como quedó en la plaza Catalunya de Barcelona por las porras de policías armados sin identificar. Murieron ilusiones y esperanzas, pensábamos que la humaniad, la dignidad, la buena voluntad y buenos sentimientos afloraban tomando ascendente a la superficialidad, a las políticas miserables y superficiales que sólo representan la maldad y psicopatología criminal que hay detrás.


Con junio llegaron desesperanzas a pesar de reunirse miles de personass en las calles. Pero fue un coletazo más. En julio siguen las manifestaciones en las calles, no morirá jamás la buena voluntad, la necesidad de manifestar injusticias criminales. La necesidad de humanidad y justicia, la necesidad de la dignidad. Y sigue la revolución planetaria de la humanidad.


Y seguimos en julio con soles lluvias tormentas y mareas casi diarias, temperaturas bajas, ánimos bajos, y hablamos entre pescadores, científicos, místicos, astrólogos, astrónomos, artistas, filósofos, locos, poetas, un poco de todo lo que tenemos todos. No son buenos tiempos para nadie y nadie sabe nada ni nadie tiene idea de qué está pasando, de qué pasará. Pero está claro que este verano no es normal, y este cambio climático es una muestra más de que estamos regidos por una ley universal, de que estamos en el espacio y sólo dependemos de sus movimientos. Y no sabemos nada, absolutamente nada. Pero si tomamos con una pluma ligerísima algunos escritos antiguos como referencia comprobamos que todo coincide: El planeta Tierra está cambiando, su eje rotatorio se decelera, y así todo se altera. Hablan de que será para mejor, se acabará la superficialidad, se abrirán las conciencias, que ahora llaman "shakras", se desmoronará todo el sistema, la economía y sus ridículas y criminales políticas, el sistema y núcleo familiar, las falsas y fanáticas religiones impuestas basadas en la amoralidad... Seguimos diciendo que estamos al final de una era y principio de otra.


Y terminamos diciendoo que no sabemos nada, es momento vacuo, vacacional, es mejor callar. Ahora todo es observar, pensar, actuar y quizá silenciar.

Hace más de 20 días que arrastro un resfriado de verano, casi todo el mes de julio. Y con estas humedades lluvias diarias y temperaturas bajas, con estos robots que llaman refrigeración o aire acondicionado, -qué expresión más ridícula- es lento recuperarse. Tenía ganas de correr por la playa, nadar, quemarme un poco al sol. Pero nada de eso he podido hacer este verano, excepto algún día. Y sigo viviendo como si fuera otoño o invierno, en casa cerrada, leyendo, contemplando el paisaje marino inédito, día tras día, con trozos de sol, trozos de lluvia, trozos de tormenta. Y todos coincidimos en que este verano no es verano, es distinto.


Pero esta tarde he visto de pronto, tras una ligera lluvia, un trozo de arcoíris en el cielo. Es el segundo que contemplo este verano. Y como Noé tras el diluvio, he vuelto a recuperar un trozo de esperanza. La vida y su belleza siguen. Nunca hay nada del todo perdido. No sabemos nada, y mientras, hablamos en voz baja, silenciamos, contemplamos, esperamos. Preferimos casi no decir nada. Pero siempre está ese hilo de voz y esa sonrisa de esperanza, nada será tan grave como pensamos o nos quieren hacer pensar. La vida, como la sonrisa, con o sin nosotros, continuará. Y es sabio a veces, como ahora, contemplar y callar. Sin perder la esperanza y la sonrisa en ese trozo de arcoíris, que ahí está. Y aún podemos contemplar.

Me decía esta noche una buena amiga tras contemplar el arcoíris y hablar de lo que está pasando; "La única religión del ser humano es el respeto al planeta. Nada más."

(Texto y fotos, Eva Huarte. Se ruega respetar autoría)

sábado, 9 de julio de 2011

Yo, robot. Yo, árbol

A través de estas redes seguimos comunicándonos intentando aportar algo, conscientes de estar alimentando satélites artificiales que penden en el espacio colgados por locos hombres. Seguimos luchando contra injusticias sociales, intentando defender animales, plantas, personas, contra unas leyes locas y egoístas que sólo nos llevan a las raíces de la barbarie histórica. Intentamos luchar también con los pies sobre la tierra, quedamos en calles y plazas, reivindicamos, indignados. Aunque ya no sabemos si todo esto sirve de algo o nos siguen manipulando para seguir alimentando robots y este sistema basado sólo en el consumo sin más finalidad ni valores humanos.

(Foto; Cristina Nuñez. Servidora fotografiando la monstruosa excavadora robótica destrozando los preciosos e históricos jardines de Vil.la Florida en Barcelona)

Ya todo parece tocar fondo, y como dice un refrán inglés; "Si has caído en un agujero, para de excavar." Pero los miembros abducidos por la avaricia del dinero la posesión de la materia y el poder dominante no entienden este refrán, necesitan excavar más y más hasta llegar al otro lado del universo agujereando el planeta como un gusano en el espacio. Muchas amistades virtuales se han dado de baja o se han retirado un tiempo de los ordenadores y páginas colectivas donde intercambiamos los desastres naturales o artificales, provocados por el hombre. Esa mano de hierro sin respeto al tiempo ni al espacio ni a nuestro tiempo limitado se llama máquina, o se llama hombre de hierro. Ese hombre bárbaro robotizado, ese gran depredador.


Hace unos años, en el 2006, dí una conferencia -El cos, mirall de l'ànima- en la Universidad Autónoma de Barcelona hablando de la vida, el universo, el planeta, y el nacimiento de los robots como fruto de esta loca última civilización, hablé de la preocupación de los científicos por inyectar emociones a sus robots para que tengan iniciativa propia. Y esto están haciendo con nosotros, creo, enganchados noche y día como estamos a este robot llamado ordenador; inyectamos emociones, damos vida a máquinas que no se sujetan por sí mismas ni serían necesarias de haber seguido otras filosofías de vida más dignas y enriquecedoras para la vida en el planeta y para las personas.

Y esto días he vuelto a pensar en las emociones del ser humano luchando contra máquinas y robots. He vuelto a consultar el libro "Yo, robot" de Isaac Asimov que leí en los 70. Y parece que nada ha cambiado, que seguimos en esta guerra que Asimov bautizó como "Deus ex machina": "Durante el siglo XX, Susan, comenzamos un nuevo ciclo de guerras..., ¿cómo las llamaremos? ¿Guerras ideológicas? ¿Las emociones de la religión aplicadas a los sistemas económicos en lugar de los extranaturales? De nuevo las guerras eran "inevitables" y entonces se disponía de armas atómicas, de manera que la humanidad no podía vivir ya por más tiempo en el tormento del inevitable derroche de la inevitabilidad. Y vinieron los robots positónicos."

(Obra de las excavadoras destrozando la raíces del cítrico y del azufaifo)

He vivido revoluciones silenciadas, íntimas, masivas, vampirizadas, y sabía que de no elegir una vía filosófica superior en el 2011, de sobrevirir a todo, sin saber más, seguiríamos con esta radical y destructiva lucha del ser humano contra la máquina y el robot. He sido víctima y verdugo, implicándome en primera línea contra lo absurdo de esta lucha entre naturaleza y máquina, robot y ser humano, contra un sistema criminal y la necesidad de un resurgimiento mundial de los valores humanos. No he pretendido ser entendida, tan confiada y necesitada estaba de una reacción humanitaria que superara sometimientos. No me entraba en la cabeza, no quería creer que la humanidad continuara luchando intentado sobrevivir en un sistema arrogante, miserable, dominante, monoteísta. Convencida de que la humanidad estaría y está muy por encima de estas arrogancias miserables y esquizofrénicas donde sólo se valora la máquina y la materia, olvidando por completo que sólo somos eso; naturaleza.

(El bicentenario azufaifo más antiguo de Europa en la calle Arimón 7 de Barcelona encarcelado y agonizando ante las excavadoras del Ayuntamiento de Barcelona)

He seguido en primera línea las manisfestaciones contra este sistema criminal en el 2011, a mi edad, y finalmente me he apartado, pensando que de nada sirve ya esta absurda lucha de materia y espíritu, de ser humano y máquina. Todo responde a una política de provocación, todo está calculado, nos vampirizan, chupan nuestro tiempo y energía. Como dice Timsit, en sus "Diez estrategias de manipulación mediática" (que por internet atribuyen erróneamente a Noam Chomsky); "Se provoca el conflicto, el problema, de esta manera se convierte en imprescindible la reacción y necesidad de solución." ¿Solución? Las armas, la base de todo conflicto, de todo el sistema económico de producción y consumo, sin nada más detrás, sin más valor detrás, sin ninguna ideología. Siempre digo que tras las armas, no hay nada, absolutamente nada.

(Las excavadoras agujereando la tierra de los jardines de Vil.la Florida, una calle más arriba de donde agoniza el azufaifo bicentenario en Barcelona)

He estado también, convocada por Isabel Nuñez, mujer luchadora, escritora amiga y vecina del bicentenario azufaifo por el que lleva años luchando para salvarlo, a la larga agonía de esta árbol lleno de historia, literatura, (Isabel Nuñez lo ha eternizado en su libro "La plaza del Azufaifo") y casi he llorado de impotencia y rabia viendo las monstruosas excavadoras arrancando tierra y raíces históricas. De nuevo, igual que ocurre con las manisfestaciones de indignación, los diarios y medios oficiales hablan de este árbol como una anécdota más, de primavera o verano. Los vampiros y sus marionetas siguen sus estrategias de provocar irritabilidad en la sociedad, proponen locuras incivilizadas, inhumanas, recortando necesidades básicas, como Sanidad y Educación, de esta manera la sociedad reacciona, se manifiesta, y así sigue el sistema del consumo y la productividad, de la necesidad del uso de las armas, aparentando violencia en los manifestantes, aparentando la necesidad de las máquinas, los robots, que son armas de doble filo también. Todo por mantener a unos satélites artificales que por cualquier tormenta solar o ley natural y universal pueden desaparecer. Y volveremos, como siempre digo, al lápiz y al papel.

"Vinieron a tiempo, (estos robots positónicos) y con ellos el viaje interplanetario. De manera que ya no pareció tan importante que el mundo fuese Adam Smith o Carlos Marx. Ninguno de los dos tenía ya gran influencia en las nuevas circunstancias. Ambos tenían que adaptarse y terminaron casi en el mismo lugar.
- Un Deus ex machina, entonces, en doble sentido."

LAS TRES LEYES ROBÓTICAS

1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes están en oposición con la primera Ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no esté en conflicto con la primera o segunda Leyes.

Dice Asimov en su "Yo, Robot":

Y yo nunca seré robot, siempre seré árbol.

(Eva Huarte, texto y fotos)