miércoles, 4 de mayo de 2011

Sueños y recuerdos


Ayer volví a la cima de mi colina preferida, a ese lugar mágico y amado del que algún día escribiré como cuando explicas un sueño que llevas años reteniendo para que nada se te escape y el sueño siga siendo siempre tuyo.

Ayer volví a contemplar mi adorado cielo que tantos buenos sueños me dió durante años. Y ayer el cielo me habló, me sonrió de nuevo, y las pequeñas montañas que, igual que intenté yo, intentan acariciar el cielo jugando entre la Luna y el Sol, entre las nubes y los pájaros, entre todas las luces y todos colores del universo.


Ayer acudí a la cita del cambio de Luna en sus últimas horas menguantes, antes de mostrar su nuevo rostro iluminado como el perfil del anillo de una novia enamorada.
El sol se desvanecía sobre las montañas que lo esperaban dejándose ver entre una gran nube como un ángel volando. Era como un milagro. El cielo siempre habla. Era el recuerdo y el sueño. Recordé cientos de sueños en aquél lugar, recordé noches enteras leyendo las estrellas y contemplando sus fiestas. Recordé sueños de ayer que me hacían vivir soñando, pensando en los sueños de hoy que me hacen vivir sin soñar. ¿Cuál es la fina línea de separación entre sueño y realidad, entre sueño y recuerdo?


Ayer no quise saber más del mundo al que pertenezco y el tiempo que nos ha tocado, necesité esos minutos de aislamiento y silencio, caminar entre los árboles que parecen haber adoptado formas también humanas. Recordé cuántos árboles ausentes de ese antiguo bosque que los hombres y sus máquinas mataron hace años. Celebré a los vivos como viejos amigos, les hablé, abracé, sonreí, mientras todos saludábamos a ese sol como un ángel volando sobre las montañas, como un sueño lleno de esperanzas.

Ayer todos hablaban del mundo de locos que nos quieren volver locos; santifican a un viejo papa, matan a un hipotético terrorista, celebran el día del trabajo y el día de la madre, el muerto inexistente y el santo también inexistente, todo mentiras que enloquecen sin más finalidad que enloquecer y destruir, convencidos de que ellos se salvarán porque saben adónde van.


Recordé el libro "El mundo bajo los párpados" de Jacobo Siruela (Editorial Atalanta 2010), que estaba leyendo la noche del cambio de año, y supe que estaría todo este año hablando de sueños. Siempre tomo simbolismos los fines de año como continuidad para todo el año. Y ayer, al volver a casa, volví a abrir el libro al azar:

"Las viejas fórmulas ilustradas se han hecho rudimentarias y el universo se ha vuelto demasiado complejo. La visión materialista no tiene nada que ofrecer al respecto. Nada, salvo su creencia en la nada. Y ese frío concepto abstracto sólo sirve ya de escudo contra el miedo cerval que produce al materialista cualquier posibilidad, por remota que sea, de que todo su calculado programa sea falso, y que en lugar de desaparecer en la nada oscura, como había planeado, la conciencia se vaya a otra parte... como hacen las partículas elementales."

Hoy todos hablan de sueños, y celebro ver esta necesidad humana de soñar, y quiero seguir soñando y viviendo convencida de que, pase lo que pase, el sueño nunca nos lo tocarán. Venimos de un sueño y volvemos al sueño, por eso necesitamos soñar.

(Texto y fotos Eva Huarte. Se ruega respetar autoría)

4 comentarios:

  1. Me encanta soñar, como a la gran mayoría de seres humanos que creemos como tu, que esto se está desbordando, que lo real es esa Luna, esas estrellas y ese precioso cielo que has captado con tus fotos. Estamos faltos de eso precisamente, de realidades que se correspondan con el sueño de ser nosotros mismos, de dejar atrás toda esta locura que llevamos años padeciendo por culpa de unos pocos y necesitamos retomar nuestro interior, nuestra paz interna para volver a encontrar la ilusión de que nuestros sueños de amor y reencuentro con la naturaleza vuelvan para todos. Me ha gustado mucho leerte. Preciosas fotos.Besos

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  2. Y a mí me ha encantado leerte, Carmen. Esta es la única fuerza que tenemos, seguir soñando, seguir guiándonos por nuestros sueños y la belleza de la naturaleza, dando la espalda a tantos locos y locuras, aunque no son "unos pocos" como dices, por desgracia son muchos, pero deben quedarse solos. Lo primero que hacen los locos, como los borrachos, es buscar cómplices para creer que están en lo cierto y sentirse "superiores y poderosos" diciendo que los locos y borrachos son "los otros". Es esta una locura demasiado larga, llena de víctimas e injusticias, y sigo confiada en que caerá por sí misma y caerán por sí mismos, aunque mientras sigan teniendo el potente arma de la televisión la mayoría seguirá tragando lo que dicen siempre pendientes de ellos.
    Como viene a decir el párrafo que transcribo del libro de Jacobo Siruela, "El mundo bajo los párpados", creen estar convencidos de saber adónde van y necesitan arrastrar a las masas, no pueden imaginar que la vida, la naturaleza, la ley universal, los lleve hacia otro lugar. Por eso debemos dejarlos solos con sus locuras guiándonos por nuestros sueños y la belleza de la naturaleza, como dices, la única realidad.
    Gracias por tus palabras, Carmen, sigamos soñando y sonriendo a la belleza de la vida aunque intenten destruirla, creo que no hay más.

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  3. Me ha encantado Eva. A veces suelo utilizar como despedida un “Sueña y sonríe”, porque ambas cosas significan vida.

    Podría parar el reloj, y por más que escribiera líneas y líneas, no conseguiría transmitirte mejor mi deseo, para hoy y para mañana, sueña y sonríe

    Pedro Ignacio Tofiño

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  4. ¡Qué alegría Pedro! Gracias por tu bonito comentario. "Sueña y sonríe, porque ambas cosas significan vida." Esta es la clave.

    Vamos a continuar por este camino que parece el más sutil y real, y la mejor manera de agradecer a la vida y a la amistad. Vamos a seguir sonriendo y soñando, Pedro.
    Aquí estamos :))
    Un abrazo*

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