domingo, 1 de mayo de 2011

País de las almas


Así nos despedimos anoche con mi amiga Laia, "Recuerda, país de las almas", me dijo casi ruborizada y tímidamente sonriente, mientras nos alejábamos en negra noche frente a un bar con iluminación de pequeñas luces, y de farolas en calles oscuras del Raval de Barcelona, entre mojitos y sonidos de almas que buscan y no encuentran, o almas que se encuentran sin buscar; unos gritan, otros callan. "Lo estoy viviendo todo como un sueño, acabo de aterrizar de Nuevo México", me decía Laia. "Bueno, yo vivo aquí y lo vivo también como un sueño". Le contesté sonriendo las dos.

Hacía muchos años que no nos encontrábamos, y anoche se produjo el encuentro, casi milagroso, entre miles de kilómetros de distancia y años de distancia, ella acababa de aterrizar de Nuevo México donde vive hace años huyendo de esta loca civilización, y salíamos las dos de disfrutar la misma mágica película de Jordi Esteva; "Retorno al país de las almas". Al terminar la proyección de la película quería ir hacia Jordi Esteva para hacerle una fotografía y agradecerle, pero de pronto ví salir entre el grupo de amigos que lo saludaban a una mujer alta, con media melena rubia corriendo hacia la salida; "¡Laia!", grité sorprendida mirándola mientras bajaba las amplias escaleras de piedra. Volvió a subir sonriente, nos abrazamos, sonreíamos y saludábamos a los creadores de la película; Jordi Esteva, Jordi Vendrell, Jordi Tresserras, Albert Serradó... almas, almas...



Nada en la película me había decepcionado; desde las primeras imágenes nítidas de colores sublimes africanos, el sonido profundo de tambores cantos y la voz en "off" limpia y profunda de Yeo, el alto y sereno protagonista que va narrando como retorna a su país para hacer una ceremonia ante la tumba de su padre, entre el ritmo, los rostros, las escenas africanas cotidianas, las voces que suenan lejanas entrando en las entrañas, nada faltaba, y rápidamente me atraparon disfrutando del viaje a las gigantes raíces africanas. La belleza de las mujeres, la profundidad de las palabras. Todo eran metáforas, mensajes, consejos sabios, comparación de ritos, cantos, religiones, la lucha entre el bien y el mal, la inevitable comparación del contraste con las apolilladas ceremonias cristianas...

Era el regreso de Yeo a sus tierras ancestrales, era el regreso de Jordi Esteva a la Costa de Marfil africana, era el regreso a las raíces de la humanidad con todas sus ceremonias ancestrales a ritmo de tambores y voces que salen van y vuelven de aquí y allá, como dice Yeo; "Los que en las sociedades modernas apartarían como locos, aquí los iniciamos para la magia y la curación", viene a decir. "Aquí respetamos la naturaleza escuchando su mensaje, tomando de ella justo lo necesario.... Es bueno evolucionar, pero es necesario no olvidar el pasado."

Sabias palabras, sabios mensajes para nuestras locas e incivilizadas civilizaciones actuales. Ahora que quieren prohibir también el uso de las hierbas como remedio a tantas enfermedades, ahora que discuten si son más baratas o prácticas las energías nucleares o alternativas más naturales... ahora que Occidente parece desvanecerse en una aparentemente imposible lucha contra el dominio del capitalismo y abuso de energías planetarias, mientras en Roma siguen santificándose y coronándose a sí mismos, ahora, por una película real de ceremonias chamánticas y rituales ancestrales que siguen practicando en otro punto del mismo planeta, ahora, podemos recuperar esperanzas sin miedo al retorno de nuestras raíces, nuestras almas. Sabemos lo que somos, de dónde venimos, y cómo la evolución acaba en decadencia.


Justo al terminar la película pregunté a una chica "¿Qué te ha parecido?" Ella comentaba maravillada que le recordaba a unas ceremonias típicas de Brasil, donde estuvo, y sonreímos, estábamos de acuerdo, le dije que asistí hace años a una ceremonia chamántica brasilera y había pensado lo mismo. "Y es que todos estamos en el mismo planeta, somos humanos", contesté.

Más tarde, junto a Jordi y Laia, comenté esta similitud del rito, "Es que estamos en el mismo planeta", comentó Jordi, la misma respuesta, coincidencias, metáforas, almas... Comentamos la maravillosa voz de Yeo y su mensaje, comenté las gallinas sacrificadas que me hicieron sufrir un rato... Pero son tres gallinas necesarias, importantes para un rito filmado por occidentales que dará la vuelta al planeta, espero y deseo... tiene una motivación, además de comerlas. Lo que no tiene motivación es la matanza de delfines y ballenas hasta su exterminio, acelerando su extinción y así la nuestra, con toda clase de contaminantes... Y no sigo...

Acaba de telefonearme mi hijo, riéndonos de la celebración de hoy, "Día del trabajo y Día de la Madre", otra coincidencia de esta primavera. Le recomiendo la película "Retorno al país de las almas", él que sigue siendo ecologista como aprendió en Formentera en los años 70, con novia ecologista también, ellos que son jóvenes llenos de amor y de alma viendo un gran futuro esperanzador, ellos van a ver "Retorno al país de las almas" esperanzados también. Y me decía ayer Laia; "En Nuevo México la gente tiene esperanza, tienen ilusión de futuro, aquí la gente está parada, no ven futuro ni tienen esperanza, por eso también huí. Allí, entre gente sencilla, se te abre el alma!"


Creo que mientras haya magia, y la bondad como el amor es magia, hay esperanza, y como decía Yeo, el protagonista, al final de la película; "Mientras quede el sonido de un tambor, vendrán los buenos espíritus."
Me hizo pensar en el poema de Bécquer que aprendí de niña; "Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía."

No sé si anoche viví en sueño o realidad, pero sigo creyendo que existe la magia.
Y así las ¡almas!

(Texto y fotos; Eva Huarte. Se ruega respetar autoría)

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