viernes, 20 de agosto de 2010

En el vientre de la ballena



Son los días y noches más apasionantes y apasionados/as del año. Dice mi virtual-real amiga Isabel Nuñez en su blog que soy "espíritu libre y fogoso", será por eso, ante mi risa y mi sorpresa, que siento tan mías estas noches y estos días de Agosto. Pero desde niña adoro los días de Agosto, los últimos soplos fogosos de Agosto, y la Luna llena de Agosto. El cuerpo me hierve, la sangre me hierve, mi espíritu, como la "Mare de Déu d'Agost", se eleva, las sandías maduran excesivamente, como los tomates y otras frutas y hierbas rojas como la sangre, sudan de agotamiento y placer.
La naturaleza rasga cruje y se supera. Los habitantes de la Tierra procuran aprovechar sus frutos, alimentarse, enriquecerse, y ahora, en plena barbarie del siglo XXI, especulan, conspiran... corrompen el fruto, la pesca...

Esta es la vida de la mar, el 83% del planeta Tierra es agua, como nuestro cuerpo. En ese 83% de aguas saladas seres como cachalotes y ballenas, los más grandes animales del planeta Tierra, luchan por sobrevivir a la masacre del hombre, a la tecnología del hombre, como sardinas, boquerones, y como esos hombres y mujeres de la mar que luchan por sobrevivir, que pescan para sobrevivir a esta extraña humanidad, esa extraña "civilización materializada, tecnificada".

He vuelto a comer con esos hombres y mujeres que intentan continuar viviendo y sobreviviendo de la mar. Dicen, día tras día, que la Generalitat y el Gobierno central desde Madrid, con su Ministerio de Agricultura Ramaderia y Pesca, les hacen la vida imposible, que intentan aniquilar su mundo, su medio de supervivencia, y así, la vida en el 83% del planeta, la mar. Así su vida, y nuestra vida.

Mientras comía los escuchaba, hablábamos y leía al tiempo el artículo de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia, diciendo que se meten con la pesca libre de caña, de aficionado, y se promociona la caza furtiva, el tiro de escopeta. Dice el artículo cosas que no repetiré, unas acertadas y otras disparatadas, pero no habla del gran problema de la pesca y de la mar. Al tiempo tengo a mi lado a esos hombres y mujeres de la mar que sufren día y noche las imposiciones políticas del Gobierno Central, que les obligan a tener aparatos y radares para ser controlados, ¡¡desde Madrid!! y saber en qué punto del Mediterráneo están, qué clase de pesca llevan, cuánta, qué medida... como si fueran delincuentes... y la Generalitat no hace nada, calla y conssiente. Y la Diosa de todas los mares, la ballena, se muere, se extingue, "legalmente", sólo quedan 12.000 ejemplares en el planeta. y no quedan sardinas ni boquerones, y ahora el atún es el rey y se come boquerones y sardinas, peces pequeños. Cada día hay menos pesca, y el gobierno central se come a los pescadores, quiere anularlos, extinguirlos, como a las ballenas, como la vida en el planeta. Esta es la realidad. Y a mí me entristece enormemente.

Dicen mis sabios pescadores que cada mañana cuando llegan a puerto, aquí en la costa maresmenca, que cada día hay un grupo más extenso de negros africanos que intentan robar la pesca de las barcas de cada noche cuando llegan... y el Gobierno Central y la Generalitat no hace nada, ya les va bien, colaboran para aniquilar esa pesca ancestral de siglos y siglos, generaciones y generaciones trabajando y luchando en la mar. Pero eso, dice mi sabia amiga casada con uno de los pescadores, "eso, no sale en los diarios ni en las noticias." Silencio, no importa, que se extingan, como las ballenas, como la vida en el planeta.
¿Qué comeremos? ¿Qué comeran?



Y yo siento la tristeza de niña cuando pasaba horas y horas a pleno Sol o bajo las estrellas y la Luna llena escuchando a mis sabios pescadores, recogiendo sus redes, tejiendo sus redes... hombres... mujeres... Humanidad. y esos hombres "de poder" ¿dónde vais?
Dejad libres las redes y dejad libre la mar y a sus hombres y mujeres. Dejad libres a estos seres humanos que no hacen más que amar y respetar la mar, y traen parte de sus frutos para que vosotros, -hombres poderosos de oficina y despacho-, podáis imponer vuestras leyes comiendo una buena langosta, o un buen salmonete... Pero estáis acabando con la única ley sagrada que no respetáis, la vida, la mar. Os estáis matando a vosotros mismos, estáis matando el fruto animal, vegetal, y a la humanidad.

Parece que sólo les precoupa prohibir fumar, prohibir pescar, prohibir, imponer sus humos, sus radares y satélites para controlar a la gente de la mar... "Quo vadis humanidad"
Políticos y reyes, obispos y papas de Roma, "¿Quo vadis?" ¿Dónde vais hablando de moral? Sacralizáis lo criminal y criminalizáis lo más sagrado, la vida, la humanidad, la mar. Viajad viajad, hombres de túnica púrpura y oro, viajad a Marte y a dónde queráis, dejad libres las aguas y la humanidad. Por lo que os va.



Estas son ahora mis noches y Lunas de Agosto peinando cabellos de plata, estas son mis noches de gran intensidad por vivir y sobrevivir, y esta mi gran tristeza por mis amigos y amigas de la mar.
Siempre les digo a mis amigos pescadores que me lleven con ellos en su barca una noche, y me dejen caer en alta mar, para revivir mi sueño y mi vida en el vientre de una ballena. Me parece una vida mucho más digna que esta civilización que insiste en llamarse humanidad.
Ayer, al atardecer, me bañé en estas aguas mediterráneas, en estas aguas donde sé lo que pasa en alta mar, mirando al horizonte. Me bañé ante los últimos rayos anaranjados del Sol de Agosto, bajo una Luna creciente y una fina lluvia que parecía de diamantes. Y al otro lado, el arco iris, todo me sonreía y yo sonreía ante la inmensidad de la belleza de la vida. Y, pase lo que pase, esto, no me lo quitará nadie.

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